Al cruzar la puerta azul, caen en un pasillo de hormigón gris con tuberías. Mía y Marian no pueden más y se desploman. A lo lejos, ven luces de linternas militares y escuchan voces humanas reales. Una patrulla de exploradores del M.E.G. con uniformes tácticos las encuentra, les apunta al principio por seguridad, pero al verlas heridas piden asistencia médica por walkie-talkie:
– ¡Tenemos tres civiles en código naranja, una con traumatismo! Suministrad agua de almendras y camillas. – ordena un oficial del M.E.G mientras ayuda a Luna a levantarse.
– Que suerte tuvimos… Gracias. – agradece Luna mientras se apoya en el oficial.
La patrulla les lleva a su base oficial para que se resguarden, coman y puedan reposar.
– No hace falta la comida… en la mochila tenemos. – explica Luna mientras saca los bocadillos que al principio había preparado como ejemplo pero que ahora les han servido de utilidad. Luna comienza a comer y les da a Mia y Marian los suyos para que también coman. Marian toma el bocadillo callada y con la mirada baja, pero cuando Mia coge su bocadillo comienza a reclamar a Luna.
– Ahora no pienses que te habías librado de mi charla por haber tenido que escapar. ¡Dijiste que si era necesario íbamos a dejar tirada a una! – reclama gritando Mia mientras le entablillan bien el tobillo, ya no le duele tanto ya que se centra en regañar a Luna y los médicos del M.E.G le han puesto analgésico potente para el dolor.
Marian sigue callada, mientras come lentamente, ya que se sigue sintiendo culpable por haber sido imprudente y haberlas guiado hacia su muerte prematura, aunque al final sobrevivieron.
– Y si lo es lo vamos a hacer sin dudarlo. No pienso dejar que muramos todas por el error de una. ¡Tú lo deberías entender mejor que nadie ya que estuviste a punto de morir! ¡Ah! Y de nada por mis normas que os expliqué desde el principio, sino las dos ya estaríais muertas. – contesta Luna con crudeza.
Un oficial de M.E.G les interrumpe en medio de la discusión.
– Espera… ¿has dicho que ya sabías normas? ¿Si es así nos dejarías hacerte una entrevista para que nos expliques qué tanto sabes y como? – pregunta amablemente un oficial joven, de unos 18 años.
– De acuerdo. – Contesta Luna, levantándose de la camilla donde estaban sentadas las tres.
Los oficiales llevan a Luna a una habitación aparte, para entrevistarla, mientras que Mia y Marian se quedan a solas.
– Ha cambiado mucho… – murmura Marian.
– Sí, es verdad. Antes parecía divertida y alegre por haber cumplido su sueño, y aunque eso me molestaba, preferiría que siguiera siendo como antes y no como ahora… – contesta Mia algo preocupada.
– Ha cambiado mucho desde que tuvimos que correr por tanto tiempo… Se llamaba… Run For Your Life, ¿no? Eso la cambió completamente. – responde Marian.
– Después nos disculpamos y le agradecemos por haber sido de ayuda. Es nuestra amiga y debe de estar pasando por mucho aunque no lo muestre. Lo más seguro se estará culpando por no habernos advertido antes de las puertas con el cartel de Exit nos podían dirigir al nivel del Run For Your Life –
Mientras tanto, Luna les contaba a los oficiales cada cosa que sabía y sacaba su libreta apuntando cada anotación que tenía.
– Se ve que ha habido varias personas que sobrevivieron y entonces publicaron cada cosa que sabían. A mi siempre me han fascinado los backrooms así que anotaba y memorizaba cada cosa por si algún día entraba. – explicaba Luna, recuperando algo de su emoción y fascinación por los backrooms que tenía al principio.
– ¿Entonces tenías planeado entrar aquí? – le pregunta un hombre de mediana edad.
– No, yo planeaba hacerlo de más mayor y sola, pero estaba en una pijamada con mis amigas hasta que escuché el zumbido, por suerte les estaba enseñando que me llevaría algún día si entraba, así que agarré la mochila, y comencé a investigar las paredes hasta que encontré el sitio inestable y entré. Lo malo es que mis amigas me siguieron. – explica ella con detalle.
– Bien. Me parece que eres muy lista, y tu libreta contiene detalles de niveles que aún no hemos podido explorar bien. ¿Qué te parece si a cambio de comida, protección para las tres y suministros médicos, te conviertes en cartógrafa y nos ayudas a seguir explorando? – le ofrece el oficial de mediana edad.
– Lo siento pero debo rechazar la oferta. A mí me encantaría, pero tengo una familia fuera, y mis amigas aquí dentro. Primero las ayudaré a salir, y a lo mejor dentro de algunos años cuando haya informado a todos mis seres queridos volveré. Pero primero sacaré a mis amigas de aquí. – contesta seriamente Luna.
– Genial, tienes carácter, pequeña. Os ayudaremos y os podéis quedar hasta que las tres estéis bien. Buena suerte en tu misión. – acepta su rechazo con dignidad, ya que siguen siendo humanos, no monstruos, y no van a obligar a una menor a quedarse. – A cambio pedimos quedarnos tu libreta, como ya tienes todo en la cabeza no te hará falta. ¿Podemos?
Luna asiente y les entrega su libreta. La joven vuelve a la enfermería, donde esperaba que sus amigas siguieran enfadadas, pero en cambio, ambas están de pie, frente a ella y le abrazan.
– Lo sentimos mucho por haber sido tan egoístas… – dice Marian, finalmente calmada
– Y muchas gracias por habernos estado cuidando todo este tiempo, eres la mejor. – termina la frase Mia, quien ahora está algo mejor, pero sigue cojeando.
Luna abraza a ambas con fuerza.
– Soy yo la que debería disculparse… no os advertí a tiempo y terminamos en aquel nivel… – continúa culpandose Luna.
Sus amigas la tranquilizan, diciéndole que no la culpan por nada, que la comprenden, y cuando las tres vuelven a estar en silencio, Luna se separa lentamente y les mira.
– Bien, ahora que ya nos entendemos mejor os tengo que explicar algo. El M.E.G nos va a ayudar a curarnos y nos dará suministros médicos y más comida. Tengo un plan para salir de los backrooms. Así que cuando ya nos hayamos curado del todo, saldremos de aquí.