Backstage

Recuerdos nostalgicos

Una tarde lluviosa cubría la ciudad con un velo gris. Bajo un paraguas mal abierto, una joven sostenía a un bebé en brazos, acunándolo con más fuerza de la necesaria. Estaba a punto de dar un paso que podría cambiarlo todo, la culminación de un objetivo que había perseguido durante años, aunque no de la forma que siempre había imaginado.

Antes de cruzar la calle, sacó su celular con manos temblorosas. Marcó un número que conocía de memoria. Un tono… dos… tres. Su respiración se entrecortaba, y cada segundo de espera pesaba más que el anterior.

Pero nadie respondió. Solo la fría voz electrónica del buzón de voz.

Se quedó mirando la pantalla durante un instante eterno, esperando, quizás, un milagro que no llegó. Finalmente, guardó el teléfono, acomodó al bebé contra su pecho y siguió caminando bajo la lluvia implacable.

Año 2025

El aeropuerto internacional bullía de vida. Voces emocionadas, risas nerviosas y carteles coloridos inundaban la sala de llegadas. “¡Bienvenida, Star Light!”, se leía en muchos de ellos. Era el nombre artístico de una de las cantantes más icónicas del país, quien estaba por aterrizar tras una gira mundial que había roto todos los récords.

Reporteros corrían de un lado a otro con sus cámaras listas, mientras en los monitores de televisión un presentador repetía sin cesar:

—¡En unos momentos, la cantante Star Light llegará a su ciudad natal. Sus fanáticos la esperan desde temprano, y se rumorea que algunas celebridades amigas suyas también estarán presentes para darle la bienvenida!

Muy lejos de todo el bullicio, en la cabina de primera clase del avión, una adolescente estaba sentada con los audífonos puestos. Observaba por la ventanilla con melancolía, acurrucada en su asiento. Jugueteaba con una bolsa de papitas, partiéndolas metódicamente por la mitad con cierto desprecio, como si cada fragmento le ayudara a distraerse de sus propios pensamientos.

—¡Jessica! ¡Jessica, querida, ven! —la voz de su madre, cargada de una mezcla de emoción y dulzura forzada, la sacó de su ensimismamiento.

—¡Ya voy!—respondió Jessica, tomando su bolsa con brusquedad. Su ceño fruncido y su tono seco dejaban claro que no estaba de humor para fiestas.

Al acercarse, su madre le mostró varias publicaciones en su celular con una sonrisa de orgullo.

—¡Mira! Los fans están tan emocionados por nuestra llegada que incluso fueron al aeropuerto a las dos de la mañana. ¿No es increíble?

—Uy, qué emoción... —murmuró Jessica con un sarcasmo cortante, mientras se metía otra papita en la boca sin entusiasmo.

Su madre suspiró, con un dejo de cansancio en los ojos.

—Mira...sé que no te gusta acompañarme en las giras, pero te prometo que...

—¡Si ya lo sabes, entonces ¿por qué me obligaste a venir?! —la interrumpió Jessica con brusquedad. Se cruzó de brazos y se dejó caer en uno de los asientos de la cabina, clavando la mirada en la alfombra.

—Aún eres menor de edad, nena. No puedes quedarte sola en casa. Y además... ¿no te parece agradable volver a nuestra ciudad natal, en vez de quedarnos donde estábamos?

—No

respondió con frialdad, sin levantar la vista.

—Sé que no es fácil el cambio... pero estaré contigo. Además, vas a conocer a una gran amiga mía, es como de la familia. Estoy segura de que te agradará.

—Sí... tal vez —susurró Jessica, esta vez con un tono que delataba más tristeza que enfado.

Luego se levantó despacio y regresó a su asiento sin agregar nada más.

El avión comenzó su descenso.

Año 2009

Mientras el avión se preparaba para aterrizar, la mente de Star Light viajó, inevitablemente, a otro tiempo. A otra vida.

Una chica de cabello castaño claro corría hacia la institución educativa, su mochila golpeándole la espalda con cada paso. En la puerta principal, su mejor amiga aguardaba, pisando con impaciencia y con el rostro marcado por la preocupación.

—¡¿Por qué llegas tan tarde?! —exclamó su amiga, tomándola del brazo.

—¡Perdón!Es que me dormí tarde— intentó explicar la chica, pero su amiga ya la estaba llevando adentro, justo antes de que sonara el timbre de inicio de clases.

Entraron al aula unos segundos antes de que la profesora llegara.

—¡No adivinarás qué me pasó ayer!—dijo la chica de cabello castaño, todavía sin aliento pero con los ojos brillando de emoción.

—No, no lo sé —respondió su amiga, acomodándose en el asiento.

—¡Harry! ¡Harry me pidió verme hoy en el receso! —casi soltó un grito, conteniéndose a último momento—. ¡Vino a mi casa ayer diciendo que tenía ganas de verme!

—¿Fue por eso que te dormiste tarde? —preguntó su amiga, con un dejo de amargura.

—No,fue porque mis padres me regañaron por estar hablando tanto con un chico.

—Son muy sobreprotectores,¿no?

La chica, llamada Estrella, comenzó a ponerse seria al recordar la reprimenda, pero su mal humor se desvaneció instantáneamente cuando vio a Harry acercarse a su pupitre.

—Estrella, ¿todo salió bien ayer? —preguntó Harry con voz suave.

—¡Sip! Todo genial, no hay que prestarles tanta atención —respondió Estrella con una sonrisa nerviosa.

—Qué bueno. No quería meterte en problemas —dijo él, tomándole la mano con delicadeza.

Estrella sintió como si mil mariposas revolotearan en su vientre y no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

—¿Hablamos en el receso?—murmuró él con una voz baja y ligeramente seductora.

—Sí—respondió ella con un hilo de voz, sintiendo que las mejillas se le encendían.

Harry miró fijamente sus ojos y le guiñó uno con confianza, antes de girarse y dirigirse a su propio asiento. Estrella lo siguió con la mirada, una ola de felicidad inundándola por completo justo cuando la profesora comenzaba la clase.

—Creo que en cualquier momento te pedirá que seas su novia —le susurró su amiga al oído.




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