Backstage

Aun duele.. parte 2

El reloj marcaba las 11:00 a.m. Estrella había despejado su agenda con una eficiencia glacial. No era solo una reunión. Era un enfrentamiento con un fantasma de dieciséis años, y necesitaba toda su armadura emocional puesta.

Mientras la limusina se deslizaba hacia el club de fútbol, un torbellino de sentimientos la asaltaba. ¿Era rabia lo que ardía en su pecho, o el eco antiguo de una tristeza que nunca se fue? No importaba. Su objetivo era uno solo: cerrar ese capítulo para siempre y seguir adelante, por ella y por Yesica.

Al llegar, la figura alta y familiar de Harry ya esperaba en la entrada. La inquietud también se reflejaba en su postura.

Antes de bajar, Estrella dio una orden al chofer con voz de acero, la misma que usaba en los escenarios más exigentes:

—Recoge a mi hija a las 12:30.Puntual. No la hagas esperar.

Con un último suspiro que pareció contener dieciséis años de silencio,bajó.

El vehículo se alejó, pero ella se quedó congelada en la acera. Allí estaba él. El hombre por el que, en un segundo de locura, sintió ganas de correr para abrazarlo o de estrangularlo. Ambas opciones le parecieron igual de tentadoras y aterradoras.

Harry comenzó a caminar hacia ella, nervioso, cerrando la distancia de años y palabras no dichas.

—Hola,Harry —saludó ella, con una seriedad que le costó cada sílaba.

—Me alegra mucho que hayas aceptado hablar,Estrella —respondió él, y la vulnerabilidad en su voz casi la desarma.

—¿Por qué un club de fútbol?—preguntó, buscando anclarse en lo práctico.

—Es donde estoy ahora.No llego a casa hasta tarde y… en serio necesitaba verte.

Aunque por fuera era una escultura de compostura, por dentro el corazón de Estrella gritaba como el de una adolescente enamorada. Lo odiaba por eso. Lo odiaba porque, a pesar de todo, ese algo por él aún latía, terca y débil, en lo más profundo.

—Entremos.Tengo poco tiempo —dijo, pasando a su lado con determinación.

Dentro, el olor a césped recién cortado y el sonido de balones golpeados llenaron el aire. Vio a los jugadores entrenando y, sin poder evitarlo, una frase se le escapó:

—Al final,cumpliste tu sueño.

—Sí. Costó, pero se logró.

—Claro. Hiciste lo que fuera necesario, ¿verdad? —El sarcasmo envenenó sus palabras, cargadas de un significado que solo ellos dos comprendían.

Harry la miró, sorprendido, y su expresión se tiñó de melancolía.

—Tú también lo lograste,Estrella. Te convertiste en una estrella. Cada vez que te veía en la tele, me inundaba un… orgullo tremendo por ti.

—También pasé dificultades—replicó ella, endureciendo la mirada—. Criar a una hija sola mientras construyes una carrera no es un paseo por el parque.

—¿Y el padre? ¿No… se hizo cargo? —preguntó Harry, tentando un terreno peligroso.

La respuesta de Estrella fue un disparo rápido y seco:

—Murió.—Dejó que las palabras cortaran el aire antes de continuar, su voz recuperando un tono protector y firme—. Pero crié a Yesica sola. Le di todo el amor que una madre puede dar. Jamás sintió que le faltó un padre.

Llegaron a la oficina de Harry, un espacio de madera pulida y trofeos que olía a ambición y pasado. El silencio entre ellos se volvió espeso, palpable, cargado de todo lo no dicho.

—Siento… mucho que hayas tenido que cargar con eso sola —murmuró Harry.

—¡Por favor!—estalló Estrella, sentándose con brusquedad—. No estuve sola. Emily estuvo ahí. Hizo que las cosas fueran… soportables.

El silencio volvió, roto solo por el eco lejano de un silbato. Fue ella quien, finalmente, rompió el dique de sus preguntas:

—¿Puedo saber por qué?¿Por qué nunca volviste? —Su voz, esta vez, traicionó la melancolía que tanto había escondido.

—Era…complicado. Mi carrera me absorbía. Pero, Estrella, yo quería verte. Te lo juro.

—¿Ah, sí? —La mirada de Estrella se llenó de un rencor viejo y bien conservado.

—Sí. Perdón por no cumplir mi promesa. Si hubiera podido… te habría buscado. Habría estado allí.

—¿Allí? —Estrella se levantó, y su control comenzó a agrietarse—. ¡Yo te llamé, Harry! ¡Te llamé cuando mi mundo se estaba derrumbando! ¡El 20 de diciembre! Tu teléfono sonó y sonó… ¡y tú nunca, NUNCA, devolviste la llamada! —Una lágrima solitaria se escapó, recorriendo su mejilla como una confesión involuntaria.

Harry palideció, la confusión nítida en su rostro.

—¿El 20 de diciembre? Yo… Estrella, yo ya no podía… no debía volver.

—¡No sabes por lo que tuve que pasar sin ti! —gritó ella, y en su voz hubo un temblor, como si estuviera a punto de soltar un secreto tan pesado que podría cambiarlo todo. Se contuvo en el último instante, ahogando las palabras en otro suspiro tembloroso.

Harry intentó acercarse, su voz era un ruego.

—Lo siento.Tal vez… tal vez te costó superarme, pero al final encontraste a alguien. Tuviste a tu hija. No todo fue malo.

Estrella cerró los ojos.Cuando los abrió, había recuperado una fría determinación.

—Tienes razón. Encontré a alguien que sí me quiso. Porque tú… tú nunca lo hiciste. Fue un error haber venido.

Iba hacia la puerta cuando él la detuvo, agarrándola del brazo con una fuerza que la giró hacia él. La distancia entre sus rostros se redujo a centímetros. Su aliento se mezcló.

—¡No es verdad! —la voz de Harry era áspera, cargada de una emoción cruda—. ¡Yo no solo te quise, Estrella… te amé!

Ella forcejeó, liberándose de su agarre.

—¡Deja de mentir! Si me hubieras amado, habrías movido cielo y tierra para estar conmigo, o al menos para escucharme. Pero solo te esforzaste por ti mismo.

— ¡Lo intenté!—insistió él, desesperado—. Te juro que lo intenté. Y hoy quise verte… para pedirte una oportunidad de empezar de cero. Porque desde que te volví a ver, la idea de alejarme de ti otra vez me aterra.

Estrella cruzó los brazos, una fortaleza vulnerable.




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