El lunes llegó con la electricidad de un gran día. Jessica no solo llegó a la Academia; hizo una entrada. Su nuevo uniforme, personalizado y fusionando el estilo de las Nova con su propio toque rebelde, era una declaración de guerra hecha tela. Cada detalle, desde los accesorios hasta el peinado, gritaba una sola cosa: había venido a arrasar.
Después de contarle todo a su madre sobre Las Nova y el festival "World Music", la reacción de Estrella fue más allá del apoyo. Fue entusiasmo puro, combustible para la determinación de su hija. Ahora, pisando los pasillos con una confianza renovada, sentía que el escenario la esperaba.
—¡OMG! ¡Jessica, estás Preciosa! —exclamó Adriana, sus ojos brillando al ver el uniforme—. ¡Eres una Nova de pies a cabeza!
Pía la observó con su mirada analítica habitual, pero una esquina de su boca se curvó en aprobación.
—No esperaba menos de la sangre de Starlight. El nivel acaba de subir.
Jessica ajustó una de sus mangas, una chispa de desafío en sus ojos.
—Hoy le voy a demostrar a ese patán arrogante que conmigo no se juega. Que Las Nova somos una amenaza real.
—¿Jessica?
La voz, suave y familiar, la hizo girar. Jackson estaba allí, apoyado contra unos lockers, mirándola con una admiración que le hizo sonrojar instantáneamente.
—¡Jackson! ¿Llevabas mucho ahí?
—Solo lo suficiente —respondió él, acercándose. Su sonrisa era lenta, calculada—. Para darme cuenta de lo preciosa que te ves. Ese uniforme… te queda perfecto.
Jesica sintió que el suelo se movía un poco. Tartamudeó, una risa nerviosa escapando de sus labios.
—Yo… bueno… ajam. ¡Me esforcé! ¡Ja! Sí, gracias.
Él le guiñó un ojo, un gesto que le aceleró el corazón.
—No me perderé su presentación. Buena suerte, chicas.
Mientras Jackson se alejaba, Pía jaló del brazo a Jessica, arrastrándola hacia su aula.
—¡Vamos, estrella! No podemos llegar tarde el día de la audición.
Adriana, caminando a su lado, no podía contener el chisme.
—¡Veo avances! Jackson está totalmente embobado contigo, Jessi. Es obvio.
Pía, siempre la voz de la razón más pragmática, frunció el ceño.
—Tiene historia, Adriana. Un prontuario con chicas. No sé si sea buena idea, Jessica.
—Pero es diferente —protestó Jessica, defendiendo la imagen que tenía de él—. Es atento, amable, tiene una sonrisa que… ¡y es un caballero! Nada que ver con el grosero insufrible de Jasón.
—Hablando del diablo… —murmuró Pía, su tono cambiando.
Él apareció como si la mención de su nombre lo hubiera conjurado. Jasón, flanqueado por Damián e Iván, bloqueó el pasillo.
—¿Problemas, chicas? —preguntó, con esa arrogancia que a Jessica le hervía la sangre.
—Solo estábamos señalando lo molestos que son —replicó Iván, imitando un tono de voz femenino con sarcasmo.
—Qué pena que tengan que hablar a nuestras espaldas —añadió Damián, fingiendo decepción.
Pía cruzó los brazos.
—Parece que algunos tienen oídos enormes y cerebros diminutos.
Jessica dio un paso al frente, desafiante, mirando directamente a Jasón.
—No necesitamos hablar. Hoy las acciones hablarán por nosotras. Prepárate para ver lo que es verdadera competencia.
Jasón esbozó una sonrisa condescendiente.
—Lo veremos, piojo. No llores cuando se den cuenta de que solo son ruido.
El intercambio fue cortado por la campana, pero la tensión quedó flotando en el aire, una promesa de batalla.
El auditorio estaba lleno. El ambiente del "World Music Festival" vibraba con nerviosismo y emoción. Cuando Las Nova subieron al escenario, hubo un murmullo de expectación. Yesica tomó el micrófono. Por primera vez, no era la sombra de nadie. Era la voz principal.
Interpretaron "Oops!… I Did It Again" con una energía electrizante. Jessica no solo cantó; dominó el escenario. Su voz, heredada pero única, llenó cada rincón, mientras Adriana y Pía la respaldaban con armonías perfectas y coreografías afiladas. No era solo una presentación; era una toma de poder.
El público estalló. Alumnos que antes ni la miraban ahora coreaban su nombre. Hasta la directora, al frente, asentía con una sonrisa de genuino asombro. Habían cautivado a casi todos.
Casi.
En primera fila, Los Asters permanecían impasibles. Pero Jessica, en un rápido vistazo, atrapó la mirada de Jasón. No había burla. No había envidia. Había… sorpresa. Una chispa de reconocimiento competitivo que brilló en sus ojos por un instante antes de que él la ocultara tras su máscara de desdén.
Al bajar del escenario entre vítores y aplausos, la euforia de Las Nova era palpable. Adriana la abrazó gritando, Pía le dio un apretón de hombros con orgullo. Jessica buscó entre la multitud y encontró a Jackson, que le enviaba un pulgar arriba y una sonrisa radiante. Le devolvió la sonrisa, sintiendo un cálido rubor de satisfacción.
Pero la paz duró poco.
—Bien hecho, chicas —la voz de Jasón surgió a su lado—. Por fin dejaron de ser irrelevantes. Ahora son rivales dignas… de poca cosa.
Jessica se giró, la euforia convirtiéndose en defensa instantánea.
—Sintieron el miedo de ser superados, ¿verdad? ¿Les traigo un pañuelo para que sequen esas lágrimas de impotencia?
—Guarda esos pañuelos —replicó Jasón, inclinándose—. Los van a necesitar ustedes cuando no pasen a la siguiente ronda, piojo.
Esa palabra. Ese maldito apodo. Encendió algo en Jessica. Sus amigas intentaron llevársela, pero ella se soltó y dio un paso más hacia él, su voz bajando a un susurro cargado de hielo.
—Hablas mucho para una chica, ¿no? Pero recuerdo lo que pasó la otra vez. Cuerpo a cuerpo, eres patético. ¿Verdad que sí? —Una sonrisa fría y victoriosa se dibujó en sus labios.
La máscara de Jasón se resquebrajó. Por un segundo, la arrogancia fue reemplazada por una ira pura y desnuda. La mirada que cruzaron fue un campo de batalla silencioso, lleno de odio y una tensión inexplicablemente intensa.
Editado: 11.02.2026