El enorme escenario estaba decorado con flores tropicales, telas de colores y luces que representaban la riqueza cultural de Latinoamérica.
Iván sonrió al verla.
—¿Lista para conocer a tu compañero?
Mariana suspiró.
—Mientras no vuelva a discutir conmigo...
En ese momento, Alejandro entró acompañado por Daniela.
Llevaba ropa deportiva y una botella de agua en la mano.
Al verla, ambos desviaron la mirada.
El coreógrafo dio una fuerte palmada.
—¡Atención! Ustedes serán la presentación principal del festival. Quiero compromiso y trabajo en equipo.
Mariana y Alejandro respondieron al mismo tiempo:
—Entendido.
Comenzó la música.
Los primeros pasos fueron un desastre.
Alejandro se adelantaba.
Mariana cambiaba el ritmo.
En una vuelta, terminaron chocando nuevamente.
—¡Así no funciona! —dijo Mariana.
—Pues tú tampoco sigues el tiempo —contestó Alejandro.
El coreógrafo se llevó una mano al rostro.
—Cinco minutos de descanso.
Iván se acercó a Mariana.
—Los dos son muy parecidos.
—¿Parecidos? ¡Ni hablar!
Mientras tanto, Daniela hablaba con Alejandro.
—Si siguen peleando, nunca lograrán una buena presentación.
Alejandro observó a Mariana desde el otro lado del escenario.
Por primera vez notó que, cuando bailaba, transmitía una pasión que muy pocas personas tenían.
Después del descanso, el ensayo continuó.
Esta vez ambos decidieron escucharse.
Paso a paso, comenzaron a moverse con más armonía.
Al finalizar la canción, todo el equipo aplaudió.
—¡Eso era lo que quería ver! —exclamó el coreógrafo.
Mariana y Alejandro intercambiaron una mirada.
No dijeron nada.
Pero, por primera vez, ninguno de los dos sintió ganas de discutir.
Sin darse cuenta, el destino comenzaba a unir sus caminos.