Bailando bajo las estrellas

Capítulo 4: Bajo el mismo paraguas

La lluvia caía suavemente mientras Mariana y Alejandro caminaban por las calles empedradas del pueblo, protegidos por un solo paraguas.

Durante varios minutos ninguno dijo una palabra.

El silencio era tranquilo, no incómodo.

—¿Siempre eres tan seria? —preguntó Alejandro.

Mariana sonrió de lado.

—Solo con las personas que conozco poco.

—Entonces tengo una oportunidad de que cambies de opinión sobre mí.

—Tal vez.

Alejandro soltó una pequeña risa.

Era la primera vez que escuchaba una respuesta tan sincera de ella.

Al pasar por la plaza principal, un grupo de niños reconoció a Alejandro.

—¡Es el cantante del festival!

Los pequeños corrieron hacia él para pedirle fotografías y autógrafos.

Mariana observó la escena desde unos metros atrás.

Alejandro dedicó varios minutos a cada niño, escuchando sus historias y firmando cuadernos, camisetas e incluso un balón de fútbol.

Cuando terminaron, regresó junto a Mariana.

—Perdón por la espera.

Ella negó con la cabeza.

—No tienes que disculparte. Fuiste muy amable con ellos.

—Ellos me recuerdan por qué empecé a cantar.

Mariana lo miró con una expresión diferente.

Por primera vez, no veía al famoso artista que aparecía en televisión.

Veía a una persona sencilla y de buen corazón.

De pronto, un fuerte viento hizo que el paraguas se cerrara.

Ambos terminaron empapados.

Se miraron unos segundos...

Y comenzaron a reír sin poder detenerse.

—¡Mira cómo quedaste! —dijo Mariana entre risas.

—¡Tú tampoco te ves mejor! —respondió Alejandro.

La lluvia dejó de importar.

Corrían por la plaza como dos niños mientras buscaban refugio.

Finalmente entraron en una pequeña cafetería familiar.

La dueña les ofreció chocolate caliente y pan dulce recién horneado.

Mientras compartían la merienda, la conversación fluyó con naturalidad.

Hablaron de sus sueños, de sus familias y de todo lo que habían tenido que sacrificar para llegar hasta donde estaban.

Cuando salieron de la cafetería, el cielo ya estaba despejado.

Un hermoso arcoíris aparecía sobre el pueblo.

Mariana levantó la vista.

—Qué bonito...

Alejandro la observó a ella en lugar del arcoíris.

Sin darse cuenta, empezaba a enamorarse de la bailarina que había cambiado por completo la idea que tenía sobre el amor.




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