HANNAH
–Sabes Hannah, no entiendo porque Marc nos pidió que lo viéramos aquí, es un lugar un tanto ¿peculiar? –escuche a los lejos la voz de mi castaña amiga, no podía ni mirarla porque tenía un asunto importante en el que estaba concentrada: mi teléfono. Sonreí ante la última notificación que me acababa de llegar.
–Cálmate Abby, él dijo que estaría aquí pronto ya que tiene una gran sorpresa para nosotras –dije sin mirarla mientras mis dedos se movían rápidamente sobre el teclado.
–Deja de ver ese teléfono Ann, mira a tu alrededor, no me da buena espina –mencionó Abby con recelo, tenía que terminar esto rápido antes de que ocasionara un alboroto. – ¡Ann! –salté ante el grito que dio mientras dejaba de lado el teléfono para concentrarme en ella y mirarla con reproche.
Las personas a nuestro alrededor veían un poco extrañados a Abby, ocasionando que se avergonzara ligeramente y me mirara de muy mala manera.
– ¡Puedes dejar de ver ese teléfono Hannah!, te estoy hablando y ni caso haces –decía susurrando
–Lo siento, es solo que al parecer aceptaron mi propuesta de trabajo Abby –Mire emocionada a mi castaña amiga, sentía que la felicidad que cargaba iba a explotar en cualquier momento.
– ¿Enserio? Eso es muy bueno Ann pero, ¿Cómo crees que reaccione tu madre al enterarse que te iras lejos? –Borre mi sonrisa ante eso. Abby sabia como era mi madre, y estaba segura de que esto para ella, no sería una muy buena noticia. –Y sé que dije que estaba de acuerdo contigo en todo pero, sigo teniendo un pequeño mal presentimiento con este viaje –hizo una mueca de preocupación.
La mire con una pequeña sonrisa. Durante años, Abby había sido una de las pocas personas que sabía todo sobre mí: mis sueños, planes, temores. Aun recordaba el día en que ambas nos conocimos, volviéndonos inseparables desde entonces.
–Deberías tener cuidado –dije al ser empujada bruscamente por aquella castaña
–Deberías tenerlo tú, fui yo quien llego primero a este lugar –me retó
Cada año, la escuela organizaba una competencia de canto, baile o talentos donde cada alumno era bienvenido a presentar. La mayoría quería llegar a los primeros lugares para observar el evento más de cerca, claro que, algunos de ellos terminaban ocasionando una pelea por el puesto.
Como nosotras.
La pequeña pelea no había terminado nada bien, siendo ambas arrastradas a la oficina de la directora. Lo bueno era que debido a eso, habíamos logrado crear un pequeño vínculo de amistad donde descubrimos que teníamos gustos muy similares.
Y ahora, años después, nos encontrábamos a meses de terminar nuestras carreras y con una posible propuesta de trabajo para mí en el exterior. Estábamos en nuestro mejor momento.
Saliendo de mis pensamientos, iba a responderle cuando vi por el rabillo del ojo como un pelinegro entraba a la cafetería con la respiración un tanto agitada, parecía como si hubiera corrido un maratón.
–Es Marc –dije contenta al ver que por fin había llegado.
Mientras se acercaba a nosotras, no pude evitar pensar en nuestro encuentro de hace años. Tal como sucedió con Abby, Marc me había empujado accidentalmente al dirigirse a sus clases, haciendo volar a mis libros por el aire. Las disculpas que había recibido no se detuvieron hasta cierto tiempo, cuando Abby se enfrentó a él diciéndole que ya estaba cansada de comer los chocolates que él me regalaba todos los días.
–Ya estas disculpado, pero por favor detente con los chocolates, siento que explotare un día de estos –mencionó Abby con una mueca de lastima, vi como el rostro de Marc se ponía un poco rojo por la vergüenza y reí suavemente.
Desde ese día, habíamos empezado a frecuentarnos más. Aun con las protestas que Abby tenía, lo invitaba a que almorzara con nosotras. Claro que con el tiempo (y los sobornos), ella logro "aceptar" a Marc en nuestro pequeño círculo de amigos.
Todo iba bien hasta que se le ocurrió la idea de tener algo juntos, una relación, tan solo un año después de conocernos. Obviamente lo rechace, pero fue tan incómodo para mí que lo había estado evitando por semanas. Y mientras que yo lamentaba este pequeño suceso, Abby parecía burlarse de toda la situación.
Lo bueno fue que después de un tiempo, todo empezaba a volver a la normalidad. Ninguno quería que nuestra amistad sea quebrada por un simple enamoramiento, además que Abby, como una psicóloga que no era en lo absoluto, le aconsejó algunas cosas.
Todo había salido bien.
–Hola chic... –Salí de mis pensamientos al escuchar la voz agitada de Marc que a la vez, era interrumpido por una muy molesta Abby.
– ¡Marc! ¿Cómo puedes pedirnos que vengamos a este lugar? ¿Acaso no vez las decoraciones extrañas que hay por ahí? –dijo susurrando mientras señalaba una esquina donde se podía observar una calavera con una taza de café.
Solté una pequeña carcajada ante su cometario, quería mucho a Abby pero sentía que a veces era un tanto paranoica.
–Abby, esta es una cafetería con temática de terror cariño, obvio que vas a ver una calavera y unos cuadros extraños por aquí –dije mirándola con diversión mientras me levantaba a darle un pequeño abrazo a Marc –Esta así desde que salió de clases, al parecer fue un día un poco estresante –le susurré para evitar ser escuchada.
–Eso lo explica todo –Ahora era el turno de Marc de sonreír. Mientras tomaba asiento, llamó a un mesero para empezar a ordenar –La razón por las que las llame fue porque quería decirles algo importante –dijo con un gran suspiro mirándonos fijamente –Estoy saliendo con alguien–
Silencio absoluto. Las palabras que acaba de soltar me dejaron un poco sorprendida, no fui la única, ya que a mi lado Abby parecía haber perdido todo color de su rostro. La decepción aflojándose poco a poco.
– ¿Y? ¿Dirán algo?–
–Marc eso es increíble... wow sí que fue una gran sorpresa, ¿No crees Abby? –ambos miramos a la castaña que estaba en total silencio. Sabía la razón por la cual estaba así, ella era muy transparente en sus emociones, pero al parecer mi amigo nunca se había dado cuenta de las que ella tenía por él.