Velocidad y coordinación
Alessia
Luego del anuncio de Richard, la fiesta terminó en un caos debido al revuelo de la nueva noticia. Papá andaba de un lado a otro buscando respuestas con los integrantes de Zenith y algunos de los jefes de mecánicos de otros equipos, puesto que Charles y Max aún no daban señales de aparecer y su nuevo paradero en la GPE, en caso de tenerlo, era incierto.
Mi madre se limitó a sostenerme del brazo y llevarnos cerca de las paredes, manteniendos a raya, lejos del gentío. Me recordó una y otra vez que no preguntara nada ni hiciera comentarios. Conmigo, cualquier impulso podría convertirse en un problema.
André Castelli. El nombre resonaba en mi cabeza. Nunca había escuchado de él, ni siquiera de parte de la academia de pilotos o alguna liga de carreras extranjera.
El resto de la noche, de vez en cuando lograba darle miradas fugaces y él sólo parecía ignorar la controversia que daba su presencia, mostrándose inquebrantable frente al público, siquiera estaba atento a quienes intentaban acercarse a él. Su actitud alimentaba aún más el misterio de la situación.
La morena, por otro lado, no se negaba a responder las preguntas que le hacía prensa, mostrándose digna de la atención.
Nunca creí que BlazeTech tendría una integrante femenina, su reputación y el repudio que alguna vez le entregaron a Quantum al tener una mecánico lo hace irreal.
¿Será el inicio de un cambio en la GPE? ¿Quién es André Castelli? ¿De dónde es? ¿Cómo llegó a BlazeTech?. Miles de preguntas como esas dan vueltas por mi cabeza.
Recuerdo, segundos antes de Richard presentar a su nuevo piloto, James estuvo a segundos de decir su nombre. ¿Acaso lo conoce?
El camino a casa fue silencioso. Mamá se negó a que dijéramos algo relacionado a la GPE y dio su típico sermón de que este no era un mundo para una señorita y debería buscar intereses más apropiados. Me limité a escucharla, no estaba con la mente para entrar en discusión.
No podía negar una pequeña ilusión en mi persona al pensar en que, un equipo con la reputación de los rojos tuviese una integrante con un rol importante como parte del equipo de mecánicos.
Las mujeres en esta liga son contadas con los dedos de una mano, y todo esto solo me lleva a pensar que si es una estrategia publicitaria de los rojos, es muy arriesgada.
En mi antigua habitación, ya lista para dormir, me metí en la cama intentando llegar a un sueño que no alcanzaba. Mi mente seguía girando mientras me daba vueltas en el colchón, hasta que el cansancio me arrastró sin aviso a los brazos de Morfeo.
El día siguiente fue hogareño.
El descanso posterior a la carrera es para todo el equipo. Y la verdad es que, el cansancio me ganó como para volver de inmediato a mi departamento. Así que, decidí estar un día más en casa de mis padres.
A pesar de que Diane fue la más feliz con esta decisión, se encargó de mantenerme ocupada con quehacer y mandados, y papá tampoco fue la excepción. Mamá hizo lo imposible por mantenernos distraídos, lejos de cualquier conversación sobre lo ocurrido anoche o la liga en general.
Entre todo eso, lo más interesante fueron los mensajes de James y algún que otro video absurdo, además de los textos de mi amiga comentando lo que la prensa ya estaba publicando sobre los rojos.
Hoy, martes por la mañana, todo vuelve a la normalidad. La alarma de mi teléfono me despertó temprano y me encuentro en mi ritmo habitual. Desayunamos en familia, como siempre y luego de alistarnos con papá, partimos al centro de entrenamiento de Zenith.
Visto el buzo completo con el logo del equipo, una camiseta blanca con una faja debajo para no dejar ninguna pista en mi contra, el cabello escondido en la gorra dejando ver el degradado que tengo en la nuca. El maquillaje alarga mis facciones y oscurece mis cejas dejándome como Alex.
—Te juro que si tu madre me hacía pasar otro minuto más en el mercado me iba a volver loco —suelta William recordando lo de ayer.
—Al menos no te hizo limpiar el baño dos veces.
Me carcajeo ante su comentario. Queremos a mamá y de eso no hay duda; sin embargo, nuestra complicidad padre e hija es otra cosa.
—¿Te quedarás un día más en casa? —pregunta, con un brillo de esperanza en sus ojos.
—No, hoy en la noche regresaré a mi departamento —digo suave.
—Entiendo —noto como traga con dificultad—. Mejor así, ya te bebiste todo mi refresco y por poco te acabas mis cereales.
—Es tu culpa por comprar cosas tan ricas.
Ambos nos sonreímos.
Aún así, odio dejarlo así. A pesar de vernos casi todos los días en el trabajo, sé que me extrañará y yo a él. Pero también sé que estoy acostumbrada a mi independencia, y que la distancia es, muchas veces, la mejor forma de mantener la armonía... sobre todo con mamá.
Con una mano en el volante y la otra en la palanca, papá conduce la camioneta en búsqueda del estacionamiento designado. Antes de llegar, me aseguro de que no haya nadie cerca y me bajo unos cuantos metros antes para entrar después.
Aquí en Londres tenemos el Speed Valley, un lugar conocido por tener los centros de simulación y entrenamiento de Zenith, Vortex, BlazeTech, AeroEdge y Cryo. Todas a un radio de más o menos 100 km, lo que facilita que los proveedores y el personal técnico pueda trasladarse fácilmente entre los equipos.
El lugar se extiende entre el área lejos de la ciudad, si quitáramos los hangares metálicos podría adaptarse a ser un enorme bosque con áreas verdes recreativas. Por momentos, el canto de las aves o el susurro del viento entre los árboles rompe el rugido de los motores en pruebas.
Las demás escuderías también tienen el TechDome, ubicado en Liverpool; donde entrenan Stellar, Hyperion, Ignis, NovaDrive y Quantum. Cada centro tiene su propio estilo; el de nosotros con hangares minimalistas y pulcros, el otro con salas de simulación que parecen futuristas.