Bajo Bandera Roja

8.

Todo se paga en la pista

André

—Estamos en vivo en el paddock de Mónaco con a la nueva estrella de BlazeTech, junto al recién llegado a Vortex y el gran piloto de Hyperion —Habla el reportero de la GPE al comenzar la transmisión— Mi nombre es Rowan Hale y mi compañera es Camille Gray.

Al frente tengo las cámaras alineadas como rifles apuntando a mi dirección. Este es uno de los momentos tediosos que debo soportar, aunque es mejor estar aquí, con aire acondicionado, antes que allá afuera soportando la temperatura.

—Cuéntanos André, ¿qué se siente ser el recién llegado y obtener la pole position?, ¿dirías que suerte de principiante? —pregunta Camille sin perder el tiempo.

—Si mañana sigo primero, es porque incluso siendo nuevo aquí, soy mejor que muchos que llevan años intentándolo —me encojo de hombros—. Pero si quieren llamarlo suerte, adelante.

A mi lado, Charles Allen deja escapar una pequeña risa irónica. Competitiva.

—Cuidado —dice—, BlazeTech no suele equivocarse dos veces con el mismo piloto.

El comentario no es casual viniendo de un ex-BlazeTech. No me sorprende. Supe de su reputación y ninguno de los comentarios que recibí de su persona se equivocan.

George, del otro lado, interviene arreglándose la gorra violeta.

—Relájense —dice—. Mañana el circuito hablará por sí solo. Hoy solo estamos calentando motores... también el ego, parece.

Camille aprovecha el cruce.

—Considerando que Charles te sigue en segunda posición, y detrás viene George. ¿A quién consideras tu rival directo?

Los reflectores nos capturan a los tres.

—Mira, todos los que llegaron a Q3 son rápidos, cada uno tiene lo suyo —respondo—. Allen tiene lo suyo y George... siempre está donde debe estar.

El piloto del traje violeta alza el pulgar y guiña un ojo.

—Mi equipo también confía que estaremos donde importa.

—La diferencia es quien aguanta la presión cuando la carrera se rompe —dice el de traje celeste.

—La presión no me rompe —lo encaro—. Me afila.

Rowan interviene, oliendo el espectáculo que se avecina.

—¿Eso significa que no los ves como una amenaza?

—Significa que la única referencia que uso soy yo mismo. Si corro como sé que puedo, no necesito mirar quién está detrás.

La reportera suelta un suspiro que es mitad risa y mitad incredulidad. No le daré el titular dócil que espera.

—Entonces, ¿Confías en mantener tu posición mañana? —habla Rowan.

—Haré mi trabajo —respondo, serio, sin adornos—. Cuando hago eso, normalmente me va bien.

George asiente con tranquilidad.

—Eso espero —comenta—. Nada mejor que ganarle al mejor en la pista.

Lo observo y me sonríe. Su vibra es tranquila, no veo engaños en su actitud.

—Bueno, parece que mañana tendremos una carrera interesante, ¿no Camille? —remata Rowan. Ella asiente—. Gracias por tu tiempo André.

Me despido y devuelvo el micrófono. Me alejo sin prisa, escuchando como siguen entrevistando a los otros dos pilotos.

Richard me espera fuera del set con una mano en el bolsillo de su pantalón y la otra sujetando una tablet. Su semblante se muestra orgulloso, intenta disimularlo bajo su habitual seriedad, fallando en el proceso.

—Aún no es tiempo de cantar victoria —me dice al tiempo que lo alcanzo, y comienza a caminar junto a mi.

—Solo digo las cosas como son.

Richard suelta una pequeña risa por la nariz.

—Ese es el problema —murmura—. Las dices demasiado bien.

Sonrío apenas, sin girar hacia él. Estoy más ocupado en buscar, de manera sigilosa, aquello que realmente tiene mi atención.

—Vamos a tener una reunión de equipo, solo los ingenieros, tú y yo.

—¿Con qué motivo? —enarco una ceja— Ya sé lo que debo hacer mañana.

La mano de Richard me detiene, con un gesto firme.

—André, hoy no seguiste mis indicaciones. Si te las doy es porque los ingenieros y yo estamos creándote una estrategia.

—No necesito estrategias —le corto de inmediato— De haber seguido sus instrucciones, Charles y George no estarían detrás de mí.

El jefe de mecánicos se lleva los dedos a la sien con un suspiro. Cuando vuelve a mirarme, lo hace con una calma medida, pero frágil.

—Escucha —respira hondo—. Te traje por tu talento, sí. Pero incluso los mejores necesitan de su equipo. Si no trabajas con nosotros, tu rendimiento solo llegará hasta cierto punto.

Habla como si supiera que si empuja un poco más, yo empujaré de vuelta. Y él no puede permitirse esa batalla. Sé lo que valgo y con solo una carrera de clasificación, sé que muchos me querrán en su equipo.

Me quedo con la respuesta a medias cuando alguien entra en mi campo de visión.

—¿Tienes un segundo?

El traje de Zenith lo tiene medio abierto en el cuello; está algo despeinado y debe ser por la frustración que intenta callar. Muestra una expresión tranquila, pero ambos sabemos que por dentro está en llamas.

Proprio como ti volevo, fratello.

A mi lado, Richard nota como mi atención se desvía. Mira a Theodore con el ceño fruncido. Y es que, quizás el niño bueno jamás se mostró tan descortés como ahora.

—¿André? —pregunta Richard.

—Infórmame a qué hora será esa reunión —digo, retrocediendo un paso.

No espero su reacción, ni necesito hacerlo, cuando me voy en dirección contraría con el piloto siguiéndome por detrás.

Tras llegar a un lugar apartado del gentío, me giro hasta dejarnos frente a frente. Me cruzo de brazos y me permito divertirme al ver como sus ojos dicen más que cualquier gesto que pueda hacer.

Pole position —dice en voz baja— Felicidades.

—Gracias —respondo, con la misma calma, aunque por dentro siento la misma chispa familiar que solo él provoca.

Se forma un silencio breve. No incómodo pero sí con el que eres capaz de notar la tensión. Como una cuerda que sujetamos ambos de distintos extremos.




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