En Rango.
Narrador Omnisciente.
—¡Muy buenos días, Mónaco! —sale la voz del locutor por los parlantes y el público ovaciona—. El día comienza sin piedad en el principado. Altas temperaturas, asfalto caliente y neumáticos al límite. Hoy no gana el más rápido... gana el que sobreviva. Sin duda, ¡la Grand Prix Extreme nos promete una carrera histórica!
Las gradas están repletas de fanáticos y famosos. Las banderas de la GPE y cada escudería se sacuden en el aire caliente. El asfalto brilla como una herida recién abierta, amenazando con gastar las gomas de los coches.
—En la Pole Position tenemos al recién llegado André Castelli, el novato sensación de BlazeTech; a su lado, lo sigue el ahora Vortex, Charles Allen —el rugido del publico crece con cada mención—. Detrás de ellos el piloto más constante de toda la temporada, Geoge Walker de Hyperion. Y atentos porque desde la tercera fila acecha Ethan Turner de Stellars, y en quinta posición el incomparable Theodore Sinclaire, el ilustre campeón de Zenith.
El locutor sigue con el orden de la parrilla. Mientras que, por las grandes pantallas se muestra el ranking de pilotos y la puntuación reunida hasta el momento, dando a los reporteros en el circuito el pase para hacer preguntas a los espectadores respecto a la tabla.
En box, la tensión en BlazeTech es firme y controlada. Hailey revisa por última vez los neumáticos delanteros, con la mirada fija en el monoplaza rojo y negro. Ella no cree en la suerte, cree en datos.
—Presión estable, temperatura en rango y frenos listos —informa a Richard, quién asiente en respuesta.
André ya está dentro del auto, colocándose el casco. Tiene la espalda recta y una mirada afilada. No dice nada, y es que, para él hoy no es un día para palabras, sino para demostrar que estar aquí no es un error. Tras bajar el visor, el mundo exterior desaparece. Quedando el motor, el silencio y la certeza de que hoy no vino a perder.
En Zenith, el ambiente es diferente. El calor no solo se siente en el aire, está también en los rostros tensos de cada integrante del equipo.
Theo camina de un lado a otro, sacándose y poniéndose los guantes. No soporta estar detrás de André, ni que todos estén hablando de él como la nueva sensación. Solo piensa en una cosa, destruirlo.
—Theo —le llama James—. Tranquilo, debes concentrarte. Hay que mantenerse a raya con el coche o...
—No empieces —lo corta en seco el piloto. Los presentes miran asombrados la situación, nunca le habían visto con esa actitud—. El auto aguanta.
A un lado, Angie escucha sin intervenir, ya que cree que la repentina actitud del piloto se deben a las circunstancias, las cuales advirtió mucho antes de llegar aquí. Ella pidió un cambio en la refrigeración, una estratégia distinta... pero nadie la escuchó.
Ahora observa las pantallas junto a un estresado Hudson, las temperaturas están al límite y la carrera aún no empieza.
—Esto no va a aguantar ni treinta vueltas —murmura, sacándose las gafas para frotarse los ojos.
Y entonces mira al otro extremo del box.
Su amiga... o más bien para este momento, Alex, está junto a Chris revisando el alerón trasero. Ajusta una tuerca y luego otra. Sus manos tiemblan apenas.
Alex, por otro lado, entiende los números y lo que Angie vió. Por ello, sabe que Zenith está en desventaja. El miedo que trae encima no es solo por la carrera, es por lo que puede desatarse cuando todo empiece a arder de verdad.
Minutos después, el momento llega. Mónaco contiene la respiración, y los motores comienzan a rugir con la vuelta de formación.
Hoy todos tienen algo que perder.
La parrilla se forma y en cada coche se siente la energía de cada piloto. Las luces rojas se encienden sobre la recta principal.
Cinco.
Cuatro.
Tres.
Dos.
Uno.
—¡Luces fuera... y arranca la carrera! —grita el locutor, y el publico estalla.
André reacciona como un disparo. El monoplaza de los rojos sale limpio, feroz, clavándose al asfalto con una tracción perfecta.
—¡Qué salida de Castelli! Una reacción impecable, hay que admitirlo.
A un lado, Charles arranca con la típica violencia que lo caracteriza. Corren con milímetros de separación que ninguno piensa perder.
—Vortex no se la deja fácil a Castelli ¡Esto será una guerra desde la primera curva!
Detrás se desata el caos. George calcula, Ethan bloquea y Theo no espera.
—¡Atención atrás! Theodore viene como un rayo desde quinta posición.
En la primera frenada, el monoplaza de Zenith se lanza por dentro, obligando a Ethan a abrirse.
—¡Ahí está la estrella de Zenith, ganando una posición en la primera curva!
En el box, todos celebran a Theo ante la cuarta posición. Alex más que nadie se regocija. Mas Angie no celebra, aprieta los labios con fuerza, preocupada de no cantar victoria antes de tiempo.
En la siguiente curva, se engancha del rebufo de George, se tira por fuera donde no hay pista suficiente, y aún así, sale adelante.
—De quinto a tercero, señoras y señores —el locutor no cree lo que ve— ¡Qué increíble maniobra!
El Zenith se sacude al límite. Theo no escucha advertencias, solo el rugido del motor y su propio pulso.