Bajo dos cielos

Prólogo

Hace muchos siglos, en algún lugar del universo, existió un único reino: Aethel, el núcleo mismo de toda la magia.

Era un mundo en perfecto equilibrio, bañado por cielos amplios y cambiantes donde la luz y la sombra convivían sin imponerse una sobre la otra. Los verdaderos protagonistas de aquel tiempo eran los eclipses lunares y solares, que ocurrían con frecuencia y despertaban la magia latente en cada ser vivo.

Sus tierras estaban formadas por valles fértiles, bosques densos y místicos, siendo el más antiguo y venerado el bosque de Tharn. En él crecían innumerables árboles de hojas brillantes y tonos verdes profundos, y entre sus sombras habitaban toda clase de animales fantásticos, destinados a encontrar algún día a su compañero mago. Desde las montañas lejanas descendían ríos cristalinos que serpenteaban por el reino, reflejando la luz como si llevaran magia líquida en su interior.

Aethel nacía de la armonía con su entorno. Sus ciudades, construidas con piedra clara y oscura entrelazadas, se alzaban con torres tan majestuosas que parecían tocar el cielo, mientras los caminos se extendían como si hubieran sido trazados siguiendo constelaciones visibles. La magia fluía en el aire, en el agua y en la sangre de sus habitantes, manifestándose de formas sutiles y naturales. No era un mundo perfecto, pero sí uno consciente de su fragilidad, donde cada decisión alteraba el delicado equilibrio que lo sostenía, como si el propio mundo recordara que toda luz necesita descanso y toda noche, un amanecer.

Esa era de paz llegó a su fin una mañana silenciosa. Los reyes Aurelion y Seralyth aparecieron muertos en el castillo; nadie había visto ni escuchado nada. En un solo instante, la calma que había perdurado durante siglos se desmoronó, y el palacio se transformó en un campo de batalla.

Los príncipes Elion y Kaelith, hermanos y cómplices entrañables, se convirtieron en enemigos a muerte. Cada uno culpó al otro del asesinato de sus padres y, respaldados por distintos miembros de la corte, reclamaron su derecho a gobernar. Elion, el mayor, convencido de que el trono le pertenece por legítimo derecho y viendo en su hermano una amenaza para sus planes, lo expulsó del reino.

Con el rencor ardiendo en su pecho, Kaelith marchó junto a sus seguidores hacia tierras desconocidas, estableciéndose al otro lado del gran bosque de Tharn. Allí se levantó un imperio cimentado en el odio y el deseo de venganza. Cuando sus fuerzas estaban listas, comenzó la primera gran guerra contra las tropas de su hermano. Elion, guiado por su fiel consejero y amigo Iskaric, respondió con igual ferocidad.

Durante esos años oscuros, los valles, bosques y ciudades llenas de vida fueron destruidos casi en su totalidad. Los animales mágicos comenzaron a morir al ser expulsados de sus hábitats, y los ríos cristalinos se secaron, convirtiéndose en tierra manchada con la sangre de innumerables inocentes. La vida, tal como se conocía, estaba muriendo.

Tras cien años de conflicto, la guerra cesó con la muerte de ambos hermanos. Sus herederos tomaron el poder y, aunque el enfrentamiento llegó a su fin, la llama del odio continuó latente, esperando el momento adecuado para ser encendida de nuevo.

Siglos pasaron y ambos reinos lograron recuperar cierta estabilidad. Sin embargo, lo que nadie imaginó fue que un encuentro y un amor inesperado romperían una vez más la frágil paz, convirtiéndose en el detonante de una segunda gran guerra… y, quizás, de una tercera.



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En el texto hay: romance, magia, reinos enemigos

Editado: 06.01.2026

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