Capítulo 19
Narrador omnisciente
El silencio de los pasillos del palacio era denso, casi escalofriante, pero a él no le molestaba mas bien disfruta del silencio y la calma antes de la tempestad, misma que anhelaba con todas sus fuerzas esperando poder lograr lo que su padre no pudo.
Al llegar a su habitación oscura y sin vida como su alma, cierra la puerta con seguro y se dirige a su bola mágica encontrando de inmediato la imagen de su hermana.
_Al fin llegas, ya me estaba empezando a preocupar_dice con fingida preocupación
_¿Qué es lo que quieres?_pregunta cansado de su hermana y con poca paciencia
_Creo que ví a Rhaed, estaba aquí en el palacio, al principio no lo reconocí pero ahora estoy segura que es él_dice la mujer en tono serio mientras que su hermano solo aprieta los puños.
_Eso es imposible yo lo mate con mis propias manos_responde frustrado al ver como sus planes de siglos se van por la borda_Encima los inútiles de los guardias no han podido encontrar a Thyra.
_¿Qué vamos a hacer?_pregunta la mujer intuyendo la respuesta al ver los ojos fríos de su hermano.
_Tenemos que adelantar los planes, ellos no van a detener nuestro ascenso, antes los matamos.
_ Bien, me parece perfecto_responde la mujer con una sonrisa siniestra, mismo que podría atemorizar a cualquiera que la vea pero ella sabe que no pasa lo mismo con su hermano, este es inmune a la maldad porque él es la maldad misma, el vaso sobre el cual su padre vertió su veneno hasta la muerte.
Ella no es muy diferente a él, pero no le gusta compartir, y esa alianza entre ellos pende de un hilo muy fino.
_ Lo haremos en dos días
_ Tiempo suficiente para convencer a mi rey malvado, no será mucho problema porque está a reventar de enojado porque se le escaparon unos esclavos.
Sin ganas de seguir escuchando a su hermana, sale de su habitación asegurándose de cerrar con llave y se dirige a la sala del trono donde debe de encontrarse el principal instrumento de su plan. Con un gesto de desagrado al ver a los presentes se adentra al lugar con actitud imponente y soberbia mirando apenas a los allí presentes.
_ Saludos majestades_dice inclinándose con una sonrisa que parece ser cordial pero oculta un odio más antiguo que la guerra misma.
_Saludos_responde el príncipe con gesto de desagrado al ver al hombre frente a él, desde pequeño por alguna razón nunca le cayó bien y mientras fue creciendo este sentimiento fue creciendo clavado como una espinita que cada vez se siente más profundo.
En muchas ocasiones se lo comentó a su padre pero este no lo escuchó alegando que durante años ha sido un fiel servidor y nunca ha hecho nada que lo haga sospechar sobre su lealtad a la corona. Por lo qué con el tiempo dejó de insistir.
_ Que bueno que llegas, Soren acompañado por su hijo acaban de regresar de su búsqueda exhaustiva a las traidoras pero no hay rastros de ellas parece que se las tragó la tierra.
_ Quizás no están en nuestras tierras
_¿A qué te refieres? _ preguntó el príncipe intuyendo lo próximo que dirá y frunciendo el ceño.
_A que no creo que esten pasandole solo información a los rebeldes, piénselo ellos son magos sin magia cómo podrían hacer algo útil con esa información y todo lo robado, un puñado de soldados sería suficientes para acabar con todos ellos_inicia el hombre hablando con seguridad.
_¿A dónde quieres llegar?_ quiere saber Soren al ver que el hombre se va por las ramas.
_A donde quiero llegar es que los rebeldes están aliados con el reino enemigo de Caelmar. Con su respaldo serán más fuertes y podrán vencernos.
_Eso es imposible nadie puede cruzar el río_interviene por primera vez la mujer en la sala.
_Y ¿cómo estás tan segura si esa zona de las fronteras de ambos reinos están prohibidas.
_lo mismo te puedo preguntar _rebate la mujer apretando los dientes y mirando a su interlocutor con el más profundo odio al sospechar que él tuvo que ver con la pérdida de los poderes de su niña. En respuesta el hombre, solo sonríe con sorna.
_Podrías tener razón_interviene el Rey tras meditar las palabras de su fiel consejero. _ ¿qué sugieres?
_Con toda la información y municiones que robaron nos llevan una gran ventaja pero podemos adelantarnos a ellos. Debemos de atacar primero y debilitarlos.
_ Y cómo sugieres que hagamos eso sí ninguno puede cruzar o volar sobre el río_pregunta el general Soren a cargo de las tropas del rey, no muy convencido con su plan.
_ Estuve trabajando en eso_ responde con suficiencia
_ Padre yo no estoy de acuerdo, esto es una estupidez _ alega el príncipe sabiendo que hacer eso representaría el fin de su reino como lo conocen.
_ Atacarlos sería iniciar una tercera gran guerra_exclama el rey con ciertas dudas_ la paz se ha mantenido durante todo un siglo, iniciar una guerra sería otro quiebre más en el equilibrio.
El hombre al ver la duda reflejada en los ojos del rey trata de disuadirlo_Majestad la guerra es inminente, si no atacamos primero nuestro pueblo sufrirá las consecuencias_ habla despacio manteniendo la mirada fija en la del rey el cual presta atención sin parpadear.
Tras unos segundos de silencio este cierra los ojos y al abrirlo se frota la sien en un gesto cansado_Atacaremos al enemigo en dos días_ sentencia dejando un mal sabor de boca en todos los presentes menos en el autor de la idea.
_Lucen esto es una locura_exclama la anciana sintiendo que algo no está bien con el rey y el causante directo es su consejero. Esto lo confirma al ver una pequeña sonrisa asomarse por el rostro del hombre._Ese hombre te está haciendo algo, te está manipulando _ dice intentado razonar con el Rey pero el efecto es contrario.
_Dices que me están manipulando como si fuera alguien débil_sisea entre dientes
_No eso no fue lo que quise decirle_ se retracta la anciana al ver que sus palabras no rindieron el efecto deseado.