NOAH:
Dormí mal.
No porque estuviera preocupado, o al menos eso fue lo que intenté decirme cuando el despertador sonó y sentí que apenas había cerrado los ojos.
La realidad era otra.
Había pasado demasiado tiempo pensando.
En las fotografías. En mi madre. En Alek. En la absurda idea de que alguien pudiera haber formado parte de mi infancia sin que yo conservara un solo recuerdo suyo.
Y ahora tenía que volver a verlo.
Me senté en el borde de la cama y me pasé una mano por el rostro.
—Genial.
El apartamento permaneció en silencio.
Nadie respondió. Por supuesto.
Me levanté.
Me preparé para el trabajo.
Y durante todo el proceso intenté convencerme de que aquel día sería normal. Funcionó aproximadamente cinco minutos.
Cuando llegué a Duval Industries el edificio parecía exactamente igual que el día anterior.
Imponente. Ordenado. Demasiado seguro de sí mismo.
A diferencia de mí.
Atravesé el vestíbulo.
Saludé a la recepcionista.
Tomé el ascensor.
Y por primera vez desde que había empezado todo aquello, tuve una sensación extraña.
Ya no me sentía completamente nuevo.
Tampoco pertenecía al lugar.
Pero empezaba a reconocerlo.
Y eso era peligroso.
Porque reconocer algo es el primer paso para acostumbrarse.
La planta ejecutiva estaba más activa que el día anterior.
Personas entrando y saliendo de oficinas.
Conversaciones breves.
Pasos rápidos.
Documentos.
Pantallas.
Teléfonos.
Todo parecía moverse a una velocidad distinta. OUna velocidad que aún me costaba seguir.
Caminé hacia mi despacho.
Y lo vi.
Alek.
Hablaba con una mujer del departamento jurídico.
Ella sostenía una carpeta.
Él escuchaba.
Nada más.
Ni siquiera parecía estar haciendo algo importante.
Y aun así toda su atención estaba centrada en aquella conversación.
Esperé a que desaparecieran por el pasillo.
Entonces seguí caminando.
Intentando ignorar que había tardado demasiado en apartar la mirada.
ALEK:
Lo vi antes de que él me viera a mí.
No porque estuviera buscándolo.
Simplemente ocurrió.
Noah había dejado de caminar durante un instante.
Apenas un segundo, pero suficiente para notar que estaba observando.
Últimamente observaba más. Mucho más.
No era difícil darse cuenta.
La pregunta era por qué.
No parecía incómodo. No parecía molesto.Simplemente... Atento.
Como si intentara resolver algo.
No le di demasiada importancia.
Había pasado menos de una semana en la empresa.
Era normal.
NOAH:
A las diez de la mañana tenía mi primera reunión importante sin Ian.
Lo cual significaba que nadie iba a suavizar nada.
La sala de juntas era enorme. Demasiado enorme.
La mesa parecía diseñada para recordarte constantemente quién tenía poder y quién no.
Entré unos minutos antes.
Pensé que sería el primero.
Me equivoqué.
Alek ya estaba allí.
Sentado.
Revisando documentos.
Levantó la vista.
Solo un segundo.
—Buenos días.
—Buenos días.
Y volvió a lo que estaba haciendo.
Como si aquello hubiera sido suficiente. Como si siempre fuera suficiente.
Tomé asiento.
Intentando ignorar que de todas las sillas disponibles había terminado relativamente cerca de él.
La reunión comenzó pocos minutos después.
Directivos.
Informes.
Proyecciones.
Resultados.
Todo el mundo hablaba como si llevara años haciéndolo.
Porque probablemente era cierto.
Yo era el único novato en la sala. Y todos lo sabían.
Durante la primera media hora apenas intervine: escuché, tomé notas, intenté aprender... Hasta que alguien mencionó una expansión prevista para el siguiente trimestre y entonces hablé, no porque quisiera llamar la atención, sino porque simplemente pensé que tenía sentido.
—¿No sería mejor acelerar el calendario?
Varias personas levantaron la vista.
No muchas.
Pero suficientes.
Continué.
—Si el mercado responde bien, podríamos adelantarnos a la competencia.
Silencio. No incómodo. Peor. Profesional.
El tipo de silencio en el que todos están evaluando una idea.
Y a la persona que la ha dicho.
Esperé.
Nadie respondió de inmediato.
Hasta que Alek cerró la carpeta que tenía delante.
Sin brusquedad. Sin drama.
Solo un movimiento tranquilo.
—La propuesta es interesante.
Asentí ligeramente.
Y entonces llegó la segunda parte.
—Pero el coste operativo aumentaría casi un treinta por ciento.
La sala permaneció en silencio.
—Y el riesgo financiero sería demasiado alto para el margen actual.
No sonó agresivo, ni condescendiente, ni crítico. Solo factual.
Lo peor era que tenía razón. Y lo sabía.
En cuanto terminó de hablar, lo supe.
ALEK:
La reacción fue inmediata. No en la sala, en Noah.
Vi el momento exacto en el que entendió el error.
No era grave, ni mucho menos. Pero era un error. Y si nadie lo señalaba ahora, alguien lo haría más adelante y de forma mucho menos amable.
La reunión continuó.
Sin incidentes. Sin problemas.
Sin embargo, Noah habló mucho menos después de aquello.
NOAH:
La reunión terminó una hora más tarde.
Esperé a que varias personas salieran. No porque tuviera algo que decir, porque la verdad es que sí tenía algo que decir y eso era precisamente el problema.
Cuando finalmente quedamos solos, cerré la carpeta con más fuerza de la necesaria.
Alek levantó la vista.
—¿Ocurre algo?
La pregunta me irritó más de lo que debería.