Bajo el brillo de lo inexistente

❊Polvo de estrellas❊

ASTERIA

"Tengo la sospecha de que cuando por fin nos encontremos, vamos a ser un par de locos que se conocen de toda la vida."
—Mario Benedetti.

​El aire del campamento, starry moon kisses «Un poco extraño para un campamento juvenil pero hermoso nombre, porque bueno es un nombre muy poético» aunque sinceramente suena a facfic de Wattapad(Facfic qué me leería, a veces ahí unos facfics muy buenos la verdad) olía a tierra mojada y a ese repelente de insectos de un olor horrible que mamá no dejaba de usar y que ella juraba que era la séptima maravilla del mundo, una mezcla extraña que se sentía ligera en mis pulmones.

Era lindo, acogedor, muy bonito y sorprendentemente no hacía tanto frío como en Liverpool «Maldito frío, como lo detesto, la verdad soy más team calor, de echo mi estación favorita es la primera y el otoño me gusta ver como florencen las flores y como marchitan, es un contraste muy hermoso, entre el florecer y el marchitar que tanto me recuerda a mis libros viejos».

Allí, el clima siempre parecía estar de acuerdo con mi estado de ánimo: gris y melancólico. Aquí, en cambio, el sol se filtraba entre las copas de los árboles, creando patrones de luz en el suelo que parecían mapas de constelaciones olvidadas en el tiempo «Ay, que poética Arteria, bueno por lo menos de algo me sirve leer tanto libro de fantasía».

​Caminaba con mi mochila al hombro, intentando que mis botas no hicieran demasiado ruido sobre la hojarasca. Quería llegar a mi cabaña, abrir mi libro y desaparecer antes de que el "mundo real" me obligara a interactuar. Pero el destino, o más bien mi mala suerte «que es mucha, por cierto» , tenía otros planes.

​—Oye, nerd. —​La voz de Mark cortó el aire como un látigo.

Me detuve en seco, apretando las correas de mi mochila. Mark era un idiota que siempre se creía mejor que los demás, el chico popular del instituto que caminaba como si el suelo le perteneciera.

Me di la vuelta lentamente para verlo, acomodándome las gafas que se habían resbalado por el puente de mi nariz.

​—¿Qué quieres, idiota? —pregunté, tratando de que mi voz no temblara.

​El imbécil se me quedó mirando de manera extraña. Por un segundo, su armadura de chico rudo se agrietó y sus ojos recorrieron mi rostro con una curiosidad que no supe descifrar. Luego me sonrió, una sonrisa ladeada que, muy a mi pesar, me hizo sentir un calor repentino en las mejillas.

​—Nada, nerd —dijo de manera despreocupada, caminando hacia mí. Al pasar por mi lado, su hombro rozó el mío y se inclinó apenas lo suficiente para que su aliento me rozara la oreja—. Por cierto... te ves bien con ese suéter azul —me susurró antes de seguir de largo.

​Me quedé congelada. ¿Azul? Era mi suéter más viejo, tres tallas más grande, el que usaba cuando quería sentirme protegida.

​—¡Mark! Ya sabemos que te mueres por ella, pero deja de tratar de conquistar a la nerd. No te va a hacer caso, además es muy rara —escuché a lo lejos. Era uno de sus amigos, burlándose entre risas mientras lanzaba una pelota de fútbol americano.

​Rodé los ojos y retomé mi camino. Idiotas. No soy rara, bueno si, pero solo un poquito, osea el coleccionismo curado, que consiste en uscar objetos muy específicos como botellas de leche antiguas o postales antiguas, no es tan raro, hacen cosas muy bonitas con eso. Pero ¿Cómo le voy a gustar a Mark? Él es el sol y yo... yo soy el espacio vacío entre las estrellas. No es que sea fea, me he mirado al espejo lo suficiente para saber que no provoco sustos, pero soy normal.

Cabello castaño claro que nunca decide si ser lacio u ondulado, piel blanca que se pone roja con el mínimo contacto solar, hoyuelos y ojos marrone.

Soy la chica promedio que se pierde entre la multitud, la que nadie nota a menos que necesite ayuda con la tarea de física.

​Llegué al borde del lago, donde el grupo principal se reunía para la bienvenida. Pero entonces, el aire cambió. No fue un viento fuerte, sino una especie de vibración, como cuando una nota musical se sostiene demasiado tiempo en el aire.
​Mis ojos, acostumbrados a buscar lo que otros ignoran, se desviaron hacia el muelle viejo.

​Allí estaba él.

​No llevaba la ropa deportiva del campamento, sino una camisa de lino que parecía sacada de otra época, aunque de alguna forma le quedaba perfecta.

Su cabello era de un rubio dorado que atrapaba cada rayo de sol, y su piel tenía un brillo que me recordó al mármol bajo la luz de la luna. Estaba solo, mirando el agua con una melancolía tan profunda que me dolió el pecho.

​Nadie se acercaba a él, aunque todas las chicas lo miraban de reojo. Era como si hubiera un muro invisible a su alrededor.

​Me quedé sin aliento cuando él giró la cabeza. Sus ojos se encontraron con los míos a través de la distancia. No eran ojos comunes; tenían el color del cielo justo cuando cae la noche, negros, como un pozo sin fondo.

​En ese momento, algo en mi interior hizo click. Por primera vez, no quise esconderme en un libro. Quise saber por qué, a pesar del sol radiante de la tarde, aquel chico no proyectaba ninguna sombra sobre las tablas de madera del muelle. ¿Espera que? ¿Como dices que dijiste? No, solo debe ser una ilusión óptica, soy medio ciega, si eso debe de ser, ya niña, enserio deja de leer tanto Romantacy, y ver tanta ciencia ficción, sacudí la cabeza y seguí caminando hacia donde estaban los demás.



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En el texto hay: amor dulzura, fanatsy, romantsy

Editado: 06.06.2026

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