"almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como a una ventana llena de sol."
— Federico García Lorca.
ASTERIA
Después de que nos dieran la bienvenida «Qué fue muy agradable» y nos asignaron una cabaña a cada uno, me fui a la mía «La cual es la cabaña A-28 (parece nombre de celda)» a dejar las mis cosas.
Al entrar, no había nadie, entre y cerré la puerta.
-Hola ¿como te llamas? -Dijo una voz femenina a mis espaldas, me quede congelada ¿qué era esto? ¿Un fantasma? ¿Un demonio qué venía por mi alma? Ay no, diosito, yo me he portado bien, no le he hecho nada a nadie, bueno le escondí el teléfono a mi hermana, pero es que no me dejaba dormir la fastidiosa esa, ponía su música, toda horrible a todo volumen, ponía dizque lana del rey la loca esa. «porque su habitación por desgracia está al lado de la mía, no definitivamente ¿te tipo de sal seré yo? ¿Sal marina, quizás?» pero yo he sido buena, te lo juro.
Deje mi monólogo interno y absurdo y me gire con los ojos cerrados. Conté hasta cinco y los abrí.
-Hola. -Era una chica que tenía unos cuernos. Ay no, esto no me puede estar pasando a mi, por dios.
-¡Ahhhh! -Grite, retrocediendo hasta trpezarme con mis propios pies.
-¡Ahhh! ¿¡Que te pasa!? ¿¡Viste algo, extraña!? -Grito ella, de vuelta.
-¿¡Tu quien eres!? ¿¡Eres un un demonio que vine por mi alma!? -Volví a gritar.
-¿Yo? No ¿de donde sacas eso, extraña? -Ella se toco los cuernos y soltó una risa cristalina, quitándoselos. -Disculpa si te asuste, esto es una Diadema qué hice yo misma, no te preocupes, extraña. No soy ningún demonio que viene por tu alma, levántate. -Ella me dio la mano, ayúdandome a levantarme. De inmediato, lo primero que hice fue ver si mi pobre y delicado libro no había sufrido ningún tipo de daño, pobrecito mi libro lindo. -Hola, extraña, me llamo Maive Roxanne, tengo diecisiete. ¿Y tu? ¿Como te llamas?
-Eh... Me llamo, me llamo Asteria Davies.-Respondi, tratando de recuperar el aliento, después del casi infarto qué la chica, que ahora se que por suerte, gracias a dios NO es un demonio que vine por mi alma, y que se ahora se que se llama Maive(Qué lindo nombre, por cierto) la visualize
,mejor, es una chica muy hermosa, de cabello negro, piel blanca ligeramente bronceada, o como trigueña y unos preciosos ojos marrones chocolate. Tenía un estilo muy artístico y llamativo, vestía colores vibrantes y un poquito escándalosos para la retina, tenía las manos llenas de pintura roja y naranja, llevaba mucha bisuteria qué me imagino, había hecho ella misma.
-Asteria... como las estrellas. Qué nombre tan genial -diría Maive, echándose en su cama-. Y veo que traes media biblioteca contigo. ¿Eres de las que prefiere vivir en papel o vas a salir a ver al chico nuevo que tiene a todas babeando en el muelle?
Me puse tensa al instante. El chico del muelle.
-Solo son libros de consulta -mentí, abrazando mi mochila-. Y no sé de qué chico hablas...
«Mentirosa, Asteria, si hasta le contaste los rayos de sol en el cabello».
-¿De consulta, eh? -Maive enarcó una ceja, claramente sin creerme ni una palabra-. Pues para ser libros de consulta, los abrazas como si fueran el último tanque de oxígeno en Marte, Extraña.
Se levantó de la cama de un salto, haciendo tintinear sus mil pulseras. Parecía una caja de música andante. Se acercó a mí y me miró por encima de mis gafas, analizándome con esa intensidad que solo tienen los artistas.
-Yo soy de las que piensa que el mundo real es un boceto mal terminado -continuó Maive, volviendo a ponerse su diadema de cuernos-. Pero ese chico... el del muelle... él no es un boceto. Él parece una pintura al óleo que alguien dejó secar durante demasiado tiempo. Es como si no encajara con el resto del paisaje, ¿sabes a lo que me refiero?
Me quedé en silencio, dejando mi mochila sobre la cama que me correspondía. "No proyectaba sombra", quise decir. "Parecía hecho de mármol y nostalgia", pensé. Pero en lugar de eso, solo solté un suspiro que intenté disfrazar con un bostezo.
-Seguro es solo un chico con buen acondicionador y ropa cara, Maive -dije, tratando de sonar desinteresada mientras sacaba mis libros para acomodarlos por orden de color (sí, okey soy esa clase de loca, contamos pero no juzgamos).
-Uy, sí, claro. Y yo soy una supernova-se burló ella, sacando unos pinceles de un bote-. Dicen que se llama Caelum. Caelum Wein. Nadie sabe de dónde viene, ni en qué cabaña se queda. Unos dicen que es europeo, otros que es un modelo que se perdió de camino a una sesión de fotos... pero yo creo que es algo más. Algo más... inexistente.
Esa palabra me golpeó más fuerte que el grito de antes. Inexistente.
-¿Inexistente? -repetí, mi voz apenas un susurro.
-Ajá. Como si estuviera aquí, pero a la vez estuviera a mil kilómetros de distancia. Como una estación de radio que solo capta interferencia.
Maive empezó a pintar algo en una libreta con movimientos rápidos, furiosos y freneticos. Yo me senté en mi cama, sintiendo que el suéter azul me picaba de repente.
Miré por la ventana de la cabaña hacia la espesura del bosque. El sol empezaba a bajar, tiñendo el cielo de un color naranja sangre que me recordaba a la pintura en las manos de mi compañera.
«Caelum», repetí en mi mente. El nombre sonaba a antigüedad y misterio«No, niña, enserio ya, deja de leer tanto, corazón».
-Esta noche hay fogata de bienvenida -anunció Maive sin mirarme-. Vamos a ir. Bueno la verdad yo no soy muy extrovertida, de hecho me encanta quedarme aquí en la cabaña. Pero no acepto un "no" por respuesta, Extraña. Tienes que despegar la nariz de esos libros. El universo nos envió aquí por algo, y sospecho que no fue para que estudies la fotosíntesis de los pinos.
Miré mi libro de mitología sobre el regazo. El destino. Qué palabra tan peligrosa.