Bajo el Cielo de Joseon

Capitulo 40: La Duda Toma Forma

Más tarde, cuando Han Ji-won se apartó un momento para dar instrucciones a un sirviente, Lord Yi permaneció solo en la sala. Sus ojos recorrieron otra vez la mesa de trabajo.

Tinteros.

Piedras de tinta.

Pinceles limpios.

Pergaminos ordenados con demasiado cuidado.

Entonces lo vio.

No sobre la mesa principal, sino a un lado, casi fuera de lugar.

Un pincel más fino.

Ligero.

Gastado de una manera distinta a los demás.

Lord Yi lo tomó entre los dedos.

No dijo nada.

Solo lo dejó donde estaba cuando escuchó pasos regresar.

Han Ji-won volvió a entrar sin notar el gesto de su amigo.

—¿Ocurre algo? —preguntó.

Yi Seong-jae lo miró con calma.

—No. Solo recordaba cuánto detestaba este olor a tinta cuando éramos jóvenes.

Han Ji-won sonrió.

—Y aun así siempre terminabas quedándote hasta el amanecer.

Lord Yi le devolvió una sonrisa leve.

Pero esta vez no fue nostalgia lo que sintió.

Fue atención.

Porque por primera vez desde su llegada al observatorio, una idea incómoda empezó a tomar forma en su cabeza:

Tal vez Han Ji-won no estaba solo en aquello.

Y si no estaba solo, entonces la pregunta ya no era quién podía ayudarlo.

La verdadera pregunta era quién más estaba en peligro.

Han Ji-won regresó a la sala con la naturalidad de quien no sospecha nada.

—Disculpa la interrupción —dijo mientras volvía a sentarse—. Los sirvientes nunca logran organizar los registros como deberían.

Lord Yi asintió con una sonrisa tranquila.

—Eso no ha cambiado desde nuestros años de estudio.

Han Ji-won soltó una breve risa y volvió a tomar uno de los mapas extendidos sobre la mesa.

—Como te decía, los cálculos de este mes muestran una ligera variación en la trayectoria observada de Marte. Nada alarmante, pero suficiente para ajustar las anotaciones del calendario.

Lord Yi inclinó la cabeza y observó el pergamino con atención.

—¿Esta corrección la hiciste hace cuánto?

Han Ji-won dudó apenas un segundo.

—Hace unos días.

Antes de que pudiera continuar, una voz femenina habló desde la puerta.

—En realidad fue hace tres noches.

Ambos hombres giraron la cabeza.

Haneul se encontraba en el umbral de la sala. No había anunciado su llegada. Simplemente había entrado.

Durante un instante nadie dijo nada.

Han Ji-won parpadeó con sorpresa.

—Haneul… no sabía que estabas aquí.

Ella avanzó unos pasos hacia la mesa. Su rostro estaba tranquilo, pero sus ojos no tenían la misma suavidad de antes.

—Padre —dijo con calma—, los registros de Marte se corrigieron después de la observación del tercer cuarto de la noche. Usted estaba revisando los cálculos de Venus cuando lo mencioné.

El silencio que siguió fue breve, pero pesado.

Han Ji-won miró el mapa. Luego miró a su hija.

—Ah… sí —respondió finalmente, recuperando el tono—. Es cierto. Ahora lo recuerdo.

Lord Yi no dijo nada.

Pero observó a Haneul con más atención.

Ella se acercó a la mesa y tomó uno de los pergaminos sin pedir permiso.

Lo examinó durante unos segundos.

—La variación no está en Marte —añadió con naturalidad—. Está en la referencia usada para calcular su posición. El error viene de esta anotación.

Señaló una línea en el margen del mapa.

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—Si se usa esta medida, la trayectoria queda desplazada dos grados hacia el oeste.

Han Ji-won frunció ligeramente el ceño mientras miraba el punto indicado.

Jun-ho, que había permanecido en silencio durante toda la escena, también se inclinó para observar el pergamino.

—Tiene razón —dijo después de un momento.

Lord Yi levantó la mirada hacia su hijo.

—¿Lo ves claro?

Jun-ho asintió.

—Sí.

Luego miró nuevamente a Haneul.

—Eso explica por qué el cálculo parecía inconsistente.

Han Ji-won soltó una pequeña risa.

—Parece que mi hija ha pasado demasiado tiempo escuchando nuestras conversaciones.

Haneul no respondió.

Simplemente volvió a colocar el mapa sobre la mesa.

—Los registros del observatorio deben ser precisos —dijo con tono firme—. En tiempos como estos, cualquier error puede convertirse en un problema.

Lord Yi levantó ligeramente las cejas.

—¿Un problema?

Haneul lo miró directamente por primera vez.

—El reino atraviesa dificultades —respondió—. La gente busca explicaciones. Y cuando las busca… suele encontrarlas en el cielo.

Lord Yi sostuvo su mirada durante unos segundos.

No había arrogancia en sus palabras.

Había cálculo.

Y eso fue lo que más le llamó la atención.

Han Ji-won rompió el momento con una sonrisa.

—Mi hija siempre ha tenido una mente curiosa. Desde pequeña se empeñaba en escuchar nuestras discusiones sobre astronomía.

Lord Yi asintió lentamente.

—Eso parece.

Pero sus ojos seguían en Haneul.

—Sin embargo —añadió con suavidad—, entender un cálculo no es lo mismo que realizarlo.

Haneul no apartó la mirada.

—Lo sé.

Jun-ho observaba la escena en silencio.

Había algo en la manera en que Haneul hablaba de los mapas que no se parecía a la curiosidad de alguien que simplemente escuchaba conversaciones.

Parecía…

familiaridad.

Como si los cálculos no fueran solo algo que había oído explicar.

Como si fueran algo que había hecho.

Lord Yi también lo había notado.

Pero no dijo nada.

Porque los hombres que habían sobrevivido muchos años en la corte sabían que las respuestas verdaderas rara vez aparecían cuando uno las exigía.

A veces era mejor dejar que las preguntas crecieran.

Haneul inclinó ligeramente la cabeza.

—Disculpen la interrupción.




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