El automóvil negro avanzaba por las calles de Seúl con una suavidad casi irreal. Violet permanecía sentada en el asiento trasero, con las manos firmemente apoyadas sobre su bolso, intentando no mirar demasiado a su lado... aunque era imposible no hacerlo.
Kim Ji-sung revisaba su teléfono con expresión concentrada, respondiendo mensajes con rapidez. Su postura relajada contrastaba con el torbellino emocional que agitaba a Violet por dentro.
Respira. Solo es tu jefe. Un jefe absurdamente famoso... pero un jefe al fin y al cabo.
Miró por la ventana para distraerse. Rascacielos iluminados, cafeterías elegantes, pantallas gigantes con anuncios publicitarios... y, para su absoluta desgracia, el rostro de Ji-sung apareció en una pantalla LED del tamaño de un edificio.
Parpadeó.
Luego volvió a mirar.
—Ese eres tú... —murmuró sin pensar.
Ji-sung levantó la vista lentamente y siguió su mirada hacia la pantalla exterior donde aparecía él mismo promocionando una marca de relojes.
—Sí —respondió con naturalidad—. Suelo estar por ahí.
Violet soltó una pequeña risa nerviosa.
—Debe ser extraño verse gigante todos los días.
—Más extraño es acostumbrarse —contestó él, observándola de reojo—. ¿Te intimida?
Ella dudó un segundo.
—Un poco... pero también me parece impresionante.
Ji-sung sonrió apenas. No era la sonrisa pública que aparecía en revistas; era más suave, casi tímida.
—Honesta. Eso es raro.
Violet no supo si aquello era un halago o una observación peligrosa.
Al llegar al set de rodaje, Violet quedó completamente paralizada.
Personas corriendo con auriculares, cámaras enormes moviéndose sobre rieles, maquilladores, asistentes gritando horarios, luces cegadoras... todo parecía un universo paralelo donde cada segundo valía oro.
—No te quedes atrás —le dijo Ji-sung con calma mientras avanzaba entre el caos como si fuera su hogar natural.
Ella lo siguió apresurada, casi tropezando con un cable.
—¡Lo siento! —se inclinó noventa grados ante un camarógrafo sorprendido.
El hombre la miró confundido.
Ji-sung soltó una risa baja.
—No necesitas inclinarte tanto por todo.
—¡Pero en Corea todos se inclinan!
—Sí... pero no como si estuvieras pidiendo perdón por existir.
Violet abrió los ojos, avergonzada.
—En Chile solo damos la mano...
—Entonces mezcla ambos mundos —dijo él—. Será tu estilo.
Aquella frase quedó flotando en su mente más tiempo del esperado.
Primera prueba:
Una mujer del staff se acercó rápidamente.
—Ji-sung-ssi, necesitamos revisar el cambio de vestuario y la agenda internacional.
Ji-sung miró a Violet.
—Tu turno.
—¿Mi... turno?
—Eres mi asistente, ¿recuerdas?
El pánico la atravesó como un rayo, pero respiró hondo. Sacó su libreta —ordenada con separadores de colores— y comenzó a revisar los correos que le habían enviado minutos antes.
Su mente trabajó rápido.
—Tienes entrevista con prensa japonesa mañana a las diez, ensayo de acción a las tres y... —frunció el ceño— hay un conflicto de horarios con la sesión fotográfica en Busan.
La coordinadora levantó la cabeza sorprendida.
—Nadie había notado eso aún.
Violet tragó saliva.
—Podrían adelantar el vuelo dos horas y hacer la sesión después del ensayo. Así no pierde tiempo de descanso.
Silencio.
Ji-sung la observaba fijamente.
Luego sonrió, claramente complacido.
—¿Ves? Sabía que aprendías rápido.
El pequeño orgullo que sintió calentó su pecho más que cualquier abrigo.
La rivalidad aparece:
—Interesante.
Una voz femenina interrumpió el momento.
Una mujer alta, elegante y perfectamente maquillada los observaba con una sonrisa afilada.
—Así que tú eres la nueva asistente.
Violet hizo una reverencia educada.
—Sí, mucho gusto.
—Soy Han Soo-yeon. He trabajado con Ji-sung durante años.
El tono cordial no ocultaba la evaluación fría en sus ojos.
—Espero que puedas seguirle el ritmo —añadió—. Muchos lo intentan... pocos duran.
Violet sintió el desafío implícito.
Antes habría bajado la mirada.
Pero recordó las horas trabajando, estudiando sola en un país extranjero, sobreviviendo lejos de casa.
Sonrió suavemente.
—Haré mi mejor esfuerzo.
Ji-sung intervino con tranquilidad:
—Violet se queda conmigo hoy.
No era una orden elevada, pero bastó para cerrar la conversación.
Soo-yeon se marchó, aunque no sin antes lanzar una última mirada calculadora.
Violet tragó saliva.
—Creo que no le agrado.
—No le agrada nadie nuevo —respondió él—. No lo tomes personal.
Luego añadió, casi divertido:
—Además, sobreviviste a tu primer minuto de política del entretenimiento. Felicidades.
Detrás del actor perfecto:
Horas después, Violet observaba el rodaje desde un monitor.
Ji-sung interpretaba una escena de acción intensa. Su expresión fría, su mirada peligrosa, cada movimiento preciso... era completamente distinto al hombre que había bromeado con ella en el auto.
Cuando el director gritó "¡Corte!", él dejó caer los hombros y suspiró, agotado.
Se acercó a ella.
—¿Qué tal lo hice?
Violet parpadeó.
—¿Me estás preguntando a mí?
—Eres nueva. Tu opinión es honesta.
Ella dudó... pero habló.
—Da un poco de miedo.
Él soltó una carcajada genuina.
—Perfecto. Ese era el objetivo.
Por un instante, sus miradas se encontraron demasiado tiempo.
Violet sintió algo extraño: no era solo admiración. Era curiosidad... una sensación de que detrás del actor perfecto había alguien cansado, quizás solo.
Y por primera vez, Ji-sung también pareció observarla sin la barrera habitual.
Como si intentara descifrarla.
Un momento inesperado:
Al final del día, mientras el equipo desmontaba el set, Violet estornudó varias veces seguidas.
—¿Resfriado? —preguntó él.
—Rinitis... el polvo me mata —respondió avergonzada.
Ji-sung frunció el ceño y tomó su abrigo del respaldo de una silla para colocarlo suavemente sobre sus hombros.
El gesto fue natural... demasiado cercano.
—Los asistentes enfermos trabajan peor —dijo, justificándose.
Pero su voz sonó más suave de lo habitual.
Violet sintió el calor subir a sus mejillas.
Es solo amabilidad profesional, se dijo.
Aunque su corazón no parecía convencido.
Mientras regresaban al auto esa noche, Violet miró las luces de Seúl con una sensación nueva.
Ese mundo ya no parecía tan lejano.
Había dado su primer paso.
Lo que no sabía aún... era que también acababa de entrar en una historia capaz de cambiar su vida para siempre.
Y quizás, también la de él.
Editado: 26.02.2026