Bajo el Cielo de Seúl

Capítulo 5: La Asistente

Violet descubrió algo alarmante al cuarto día trabajando con Kim Ji-sung:

El problema no era el mundo del espectáculo.

El problema era él.

Mañana peligrosa

—Llegas tarde —dijo Ji-sung sin levantar la vista del teléfono.

Violet miró el reloj.

—Son las ocho en punto.

—Exacto. Yo llegué a las siete cincuenta y nueve.

Ella dejó su bolso sobre la mesa lentamente.

—Eso no es llegar temprano. Eso es tener problemas psicológicos con el tiempo.

Ji-sung alzó una ceja.

Silencio.

Luego soltó una pequeña risa nasal.

—Interesante. Mi asistente me diagnostica trastornos ahora.

—Solo observo patrones —respondió ella con serenidad científica.

Él la miró con una sonrisa peligrosa.

—Me agradas más cuando olvidas que soy famoso.

—Me agradas más cuando recuerdas que soy humana y necesito café.

Ji-sung señaló la mesa.

—Ya hay uno para ti.

Violet parpadeó.

Un vaso caliente esperaba exactamente donde ella solía sentarse.

—...Gracias —murmuró, intentando sonar profesional.

—No lo malinterpretes —dijo él—. Si colapsas, mi agenda colapsa.

—Claro. Pura eficiencia laboral.

—Exacto.

Ambos evitaron mirarse durante varios segundos.

El entrenamiento (o intento de asesinato legal):

Ese día Ji-sung tenía ensayo de acción para un nuevo drama.

El gimnasio estaba lleno de especialistas, cables y colchonetas.

Violet observaba fascinada... hasta que el coordinador dijo:

—La asistente puede probar el movimiento para entender tiempos.

Ella señaló su pecho.

—¿Yo?

Ji-sung sonrió lentamente.

Demasiado lentamente.

—Sí. Será educativo.

—No confío en ese tono.

Cinco minutos después, Violet estaba colgada por un arnés intentando simular una caída controlada.

—¡Esto viola varias leyes físicas! —gritó.

Desde abajo, Ji-sung cruzó los brazos.

—Confía en la ciencia coreana.

—¡Soy científica y esto está mal!

El salto salió torcido.

Giró.

Perdió equilibrio.

Y cayó directamente sobre Ji-sung cuando él intentó atraparla.

Ambos terminaron en el suelo.

Silencio total del equipo.

Violet abrió los ojos lentamente.

Estaba encima de él.

Muy encima.

Demasiado encima.

Ji-sung la miró sin moverse.

—Bueno —dijo con absoluta calma—. Este es el momento en que normalmente hay música romántica.

Ella saltó hacia atrás roja.

—¡Fue gravedad!

—Claro. La gravedad tiene algo personal conmigo.

El staff comenzó a reír.

Violet lo apuntó acusadora.

—Tú planeaste esto.

—Jamás pondría en riesgo mi rostro perfecto —respondió con orgullo.

—Tu ego ocupa más espacio que el gimnasio.

—Es difícil ser excepcionalmente atractivo y humilde al mismo tiempo.

Ella se quedó mirándolo.

—Voy a ignorar eso por salud mental.

Durante el descanso, Violet revisaba comentarios en redes sobre el actor.

—Te aman demasiado —dijo sorprendida.

—La mitad me ama. La otra mitad espera mi caída.

—Eso es deprimente.

Ji-sung bebió agua con tranquilidad.

—No. Es equilibrio natural del universo.

—Hablas como villano elegante.

—Los villanos suelen tener mejores diálogos.

Ella soltó una risa involuntaria.

—¿Siempre eres así?

—¿Encantador?

—¿Perturbadoramente honesto?

Ji-sung inclinó la cabeza.

—La honestidad asusta a la gente. Prefieren versiones editadas.

La miró directamente.

—Tú no pareces asustarte.

Violet sostuvo su mirada.

—Porque crecí rodeada de personas reales, no de personajes.

Un segundo de silencio.

Algo cambió entre ellos.

Algo más cercano.

Más peligroso.

La guerra del almuerzo:

Más tarde, Ji-sung decidió que comerían fuera.

Error histórico.

El restaurante era tradicional coreano.

Violet observó los platillos con cautela.

—¿Esto está vivo?

—No.

—¿Seguro?

—90%.

Ella lo miró horrorizada.

Él sonrió inocentemente.

—Broma.

Probó el kimchi.

Segundos después:

—¡Pica! ¡Pica mucho!

Ji-sung casi se atragantó riendo.

—¿Nunca comiste picante?

—¡En Chile esto sería arma química!

Ella tomó agua desesperadamente.

Él deslizó discretamente un vaso de leche hacia ella.

—Eso ayuda más.

Violet lo miró sospechosa.

—Eres cruel pero útil.

—Es mi encanto principal.

Una discusión peligrosa:

Camino al auto, comenzaron a discutir sobre prioridades laborales.

—No puedes aceptar todo —dijo Violet—. Estás agotado.

—Es mi trabajo.

—También eres humano.

—Ser humano no vende entradas.

Ella se detuvo.

—Sí vende. Solo que nadie te dejó intentarlo.

Ji-sung quedó en silencio.

Nadie le hablaba así.

Nadie.

—Eres muy directa para alguien que lleva una semana aquí.

—Y tú muy terco para alguien claramente cansado.

Sus miradas chocaron.

Tensión.

Electricidad.

Luego él sonrió lentamente.

—Definitivamente no te despediré.

—Gracias... creo.

Esa noche, Violet entendió algo inquietante:

Discutir con Ji-sung era peligrosamente divertido.

Y Ji-sung descubrió algo aún peor.

Esperaba esas discusiones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.