Bajo el Cielo de Seúl

Capítulo 16 : Lo que ya no puede ocultarse

La ciudad aún dormía cuando los rumores comenzaron otra vez.
Pero ahora… algo había cambiado.
Violet ya no estaba sola.
Y Ji-sung tampoco pretendía ocultarlo.

El sol entraba por la ventana del departamento de Violet, iluminando lentamente la habitación.
Ella abrió los ojos… y tardó unos segundos en recordar por qué sonreía antes incluso de despertarse del todo.
Entonces lo recordó.
El abrazo.
La música.
La carta.
Y sus manos entrelazadas al despedirse.
Se cubrió el rostro con la almohada.
—Estoy en problemas… —murmuró.
El teléfono vibró.
Ji-sung:
¿Sigues viva, Mini Diva?
Ella sonrió automáticamente.
Violet:
Sobreviví. ¿Tu ego también?
La respuesta llegó en segundos.
Mi ego siempre sobrevive. Soy profesional.
Rodó los ojos.
Desayuna.
Eso sonó sospechosamente cariñoso.
No te acostumbres.
Violet se quedó mirando la pantalla unos segundos más de lo necesario.
Su pecho se sentía… ligero.

En la agencia, el ambiente era una tormenta.
—¡Las acciones bajaron otra vez! —gritó un ejecutivo.
—Las fans están divididas.
—¡Necesitamos que te disculpes públicamente!
Ji-sung bebía café con absoluta calma.
—¿Por qué?
—¡Porque estás asociando tu imagen a un escándalo!
Él levantó la mirada lentamente.
—No estoy asociado a un escándalo.
Pausa.
—Estoy asociado a una persona.
El manager suspiró.
—No entiendes la gravedad…
—La entiendo perfectamente —respondió con frialdad—. Solo que no me importa más que ella.
Silencio total.
Uno de los ejecutivos murmuró:
—Te estás volviendo imprudente.
Ji-sung sonrió apenas.
—No. Solo honesto.

La universidad era un caos.
Periodistas afuera.
Estudiantes grabando.
Cuando Violet cruzó la entrada, escuchó murmullos.
—Ahí está.
—¿Cómo sigue viniendo?
Ella respiró profundo.
Sonrió.
Giró hacia un grupo que la observaba descaradamente.
—Si van a hablar de mí, al menos usen buena iluminación. Tengo estándares.
Algunos rieron sin querer.
Otros se quedaron confundidos.
Una chica se acercó agresiva.
—¿No te da vergüenza?
Violet inclinó la cabeza con calma.
—Muchísimas cosas me dan vergüenza. Combinar mal colores, por ejemplo. Pero defenderme de mentiras no es una de ellas.
Hanae apareció detrás.
—¿Necesitas que golpee a alguien verbalmente?
—No —respondió Violet—. Hoy estoy practicando el sarcasmo nivel Ji-sung.
—Oh no… ya la contagió.

En una oficina oscura, el productor observaba noticias en una pantalla.
Sonrió.
—Perfecto… ahora reaccionará emocionalmente.
Un asistente preguntó:
—¿Cuál es el siguiente paso?
El hombre respondió:
—Separarlos.
Apagó la pantalla.
—Porque juntos… son peligrosos.

Esa tarde, Ji-sung visitó la casa de su madre.
Una mansión elegante… pero sorprendentemente cálida.
Nada ostentosa.
Plantas por todas partes.
Aroma a té recién hecho.
Su madre lo recibió con un abrazo inmediato.
—Mi niño está más delgado.
—Dijiste eso la última vez.
—Porque sigues ignorando mis comidas.
Ella lo observó con ternura.
—Estás preocupado.
Ji-sung suspiró.
—Alguien está siendo atacada por algo que no hizo.
Su madre sonrió suavemente.
—Entonces debes quedarte a su lado.
—Eso hago.
—No como estrella —añadió ella—. Como hombre.
Él guardó silencio.
—¿Es importante para ti?
Ji-sung dudó… algo raro en él.
—Sí.
Su madre rió bajito.
—Entonces tráela algún día. Quiero conocer a la chica que logró domesticar a mi hijo arrogante.
—No estoy domesticado.
—Claro que sí.

Esa noche, Violet y Ji-sung caminaron por una calle tranquila.
Sin cámaras.
Sin ruido.
Solo ellos.
—Hoy casi discuto con tres personas —dijo Violet.
—Solo tres? Estás perdiendo práctica.
—Estoy evolucionando.
Ji-sung la miró de reojo.
El viento movía su cabello rubio, reflejando la luz dorada de los faroles.
Otra vez notó detalles imposibles de ignorar:
Las pequeñas pecas.
La curva elegante de su cintura bajo el abrigo.
La forma en que sus ojos brillaban incluso cuando estaba cansada.
—¿Qué? —preguntó ella al notar su mirada.
—Nada.
—Mentira.
—Estoy analizando científicamente por qué eres tan problemática.
—¿Y el resultado?
—Conclusión preliminar: Mini Diva peligrosa.
Ella empujó su brazo suavemente.
Rieron.
Pero la risa se desvaneció lentamente.
El silencio volvió… cargado.
—Ji-sung —dijo ella suavemente—. ¿Tienes miedo?
Él tardó en responder.
—Sí.
—¿De qué?
La miró directo.
—De querer quedarme demasiado cerca.
El corazón de Violet se aceleró.
Un paso más.
Estaban frente a frente.
Respiraciones mezclándose.
Su mano subió instintivamente hasta acomodar un mechón de cabello detrás de su oreja.
Un gesto lento.
Íntimo.
—Muñequita de Lujo… —murmuró.
Ella tragó saliva.
—No deberías decir eso así.
—¿Así cómo?
—Como si…
No terminó la frase.
Porque él se inclinó ligeramente.
Muy lentamente.
Casi beso.
Otra vez.
Sus labios quedaron a centímetros.
El mundo desapareció.
Pero un flash lejano iluminó la calle.
Una cámara.
Ambos se separaron inmediatamente.
Realidad.
Escándalo.
Consecuencias.
Ji-sung apretó la mandíbula.
—Esto ya cruzó un límite.

Miró directamente a Violet.
Determinación absoluta.
—Ya no voy a esconderme.
—Ji-sung…
—Que hablen. Que inventen. Que ataquen.
Tomó su mano otra vez.
—No voy a soltarte para proteger una imagen falsa.
Ella lo miró, sorprendida.
Y por primera vez…
No tuvo miedo.
Sonrió.
—Entonces supongo que estamos oficialmente en problemas.
Él sonrió de lado.
—Siempre lo estuvimos.
Caminaron juntos bajo las luces nocturnas.
Sin soltar sus manos.
Sin saber que alguien los observaba desde un auto oscuro… tomando fotografías que cambiarían todo.




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