Bajo el Cielo de Seúl

Capítulo 30 : El enemigo más cercano

El viento nocturno golpeaba las ventanas del pequeño hotel en Santiago.
Nadie dormía.
El disco duro descansaba sobre la mesa como una bomba silenciosa.
Violet observaba la pantalla del computador mientras líneas de código avanzaban lentamente.
—Vamos… vamos… —murmuró.
Ji-sung estaba detrás de ella, apoyado contra la pared, brazos cruzados, mirada intensa. Desde el ataque en el observatorio no se había separado más de dos pasos de distancia.
Protector.
Demasiado protector.
—Si ese archivo realmente contiene lo que creo —dijo él—, esta guerra cambia esta misma noche.
Min-jae trabajaba conectado remotamente desde Corea.
—Estoy reconstruyendo los sectores dañados del video. El archivo fue sabotado profesionalmente.
Ara añadió desde la videollamada:
—Alguien quería que se encontrara… pero no completo.
Violet giró la silla.
—Entonces dejaron una pista intencional.
Ji-sung sonrió apenas.
—Exacto. Mi padre nunca hacía nada sin un plan B.

Horas antes, tras regresar del observatorio, Violet había temblado por primera vez.
No durante el ataque.
Sino después.
Cuando todo terminó.
Ahora estaba sentada en el balcón del hotel mirando las montañas oscuras.
Ji-sung salió y le dejó una taza caliente entre las manos.
—Chocolate —dijo—. Receta coreana. No preguntes cuánto pagué por encontrar cacao decente aquí.
Ella sonrió.
—Gracias.
Silencio cómodo.
—Hoy… no tuve miedo —confesó Violet—. Antes siempre lo tenía.
Ji-sung la observó con suavidad rara en él.
—Porque ya no estás sola.
Ella bajó la mirada.
—Antes pensaba que debía soportarlo todo sola… en el colegio, en casa, cuando nos faltaba dinero… cuando me decían que no iba a llegar a nada.
Ji-sung frunció el ceño.
—Si hubiera estado ahí, habría expulsado a medio colegio.
Violet rió.
—Lo sé. Probablemente habrías demandado a todos.
—No probablemente.
Ella lo miró.
Y por primera vez habló sin miedo.
—Gracias por hacerme sentir suficiente.
El aire cambió.
Ji-sung se acercó lentamente.
—Violet… tú eras suficiente antes de conocerme. Yo solo tuve la suerte de verlo primero.
Sus frentes se tocaron.
Respiraciones mezcladas.
—Cuando casi te pierdo hoy… —murmuró él— entendí algo.
—¿Qué?
Su voz bajó.
—Que ya no sé vivir en un mundo donde tú no existas.
El corazón de Violet latió con fuerza.
—Ji-sung…
—No es una confesión formal —añadió con media sonrisa arrogante—. Solo un hecho evidente.
Ella rió entre nervios y emoción.
—Eres imposible.
—Y tú estás enamorada de mí.
—No confirmo ni niego.
—Lo tomaré como un sí.
La abrazó.
Lento.
Seguro.
Como si el mundo dejara de importar por unos segundos.

Al día siguiente, ambas madres se conectaron en videollamada conjunta.
La madre de Violet sonreía emocionada.
—Gracias por cuidar a mi hija.
La madre de Ji-sung, elegante pero dulce, respondió:
—Gracias por haber criado a alguien capaz de salvar a mi hijo.
Violet y Ji-sung intercambiaron miradas incómodas.
—Mamá… —protestó él.
—¿Qué? —respondió ella—. Desde que apareció Violet sonríes más.
La madre de Violet añadió:
—Mi niña siempre protegió a los demás… ahora alguien la protege a ella.
Ji-sung tomó la mano de Violet frente a la cámara.
—Siempre.
El gesto fue natural.
Instintivo.
Ambas madres sonrieron como si vieran algo inevitable.

Min-jae gritó desde el computador:
—¡Lo tengo!
El video reconstruido comenzó.
La imagen del padre de Ji-sung apareció nuevamente.
Cansado.
Serio.
—Si estás viendo esto… significa que el Director Lee sigue libre.
Violet y Ji-sung se tensaron.
—Él controla la industria desde las sombras. Productoras, agencias, medios… incluso investigaciones policiales.
Aparecieron documentos en pantalla.
Transferencias.
Accidentes encubiertos.
El accidente de Ara.
El sabotaje financiero que arruinó a la madre de Violet.
Todo conectado.
El padre continuó:
—Confíe solo en alguien fuera del sistema. Incluso dentro de tu círculo cercano podría haber traidores.
La imagen se congeló.
Un último archivo apareció automáticamente.
Una lista de nombres.
Ji-sung avanzó lentamente.
Leyó.
Y se quedó inmóvil.
—No… —susurró.
Violet se acercó.
—¿Qué pasa?
Él señaló la pantalla.
Uno de los nombres destacados era alguien de confianza dentro de su propia agencia.
Alguien que los había ayudado desde el inicio.

—Lee Min-hee… —dijo Violet en voz baja.
La manager.
La mujer que contrató a Violet.
Silencio absoluto.
Ji-sung apretó la mandíbula.
—Ella nos acercó desde el principio…
Min-jae habló desde Corea:
—Si trabaja para el Director Lee, entonces todo lo que pasó fue monitoreado desde el día uno.
Violet sintió un escalofrío.
—¿Nuestra relación… también?
Ji-sung cerró los ojos.
—Nos estuvieron observando siempre.
Cuando los abrió…
ya no había duda.
Solo determinación fría.

Horas después, el jet privado despegaba rumbo a Corea.
Ji-sung observaba el amanecer desde la ventana.
Su expresión había cambiado.
Más oscura.
Más peligrosa.
Violet se acercó.
—¿En qué piensas?
Él respondió sin mirarla.
—En destruirlos cuidadosamente.
Giró hacia ella.
—Ya no voy a reaccionar. Voy a anticiparme.
Tomó su mano.
—Y esta vez… nadie volverá a tocarte.
Ella sonrió levemente.
—Entonces ganaremos juntos.
Ji-sung inclinó la cabeza.
—Siempre juntos, Mini Diva.

Mientras el avión cruzaba el océano…
en Corea del Sur, Lee Min-hee observaba una pantalla con la ubicación del vuelo.
Sonrió.
—Finalmente regresan.
Detrás de ella, una figura masculina permanecía en sombras.
El verdadero Director Lee.
—¿Están listos? —preguntó él.
—Sí, señor.
El hombre respondió:
—Entonces comienza la fase final.
La pantalla mostró una orden enviada a medios nacionales.
“Preparar revelación definitiva sobre Violet.”
La guerra apenas estaba entrando en su etapa más cruel.




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