Bajo el Cielo de Seúl

Capítulo 31 : Cuando el enemigo deja de esconderse

El silencio ya no existía.
Solo ruido.
Pantallas encendidas. Titulares explotando. Notificaciones interminables.
Y el nombre de Violet repitiéndose como un incendio imposible de apagar.

—¿Qué… es esto…? —susurró Soo-min mirando su teléfono, pálida.
En todas las redes aparecía el mismo titular:
“Violet manipuló investigaciones para acercarse a Ji-sung.”
“Filtran pruebas de fraude académico.”
“La verdadera cara detrás del escándalo del observatorio.”
Videos editados. Conversaciones recortadas. Fotografías fuera de contexto.
Una destrucción perfecta.
Calculada.
Profesional.
Violet observaba la pantalla sin parpadear.
No lloraba.
No gritaba.
Solo analizaba.
—No buscan desacreditarme… —murmuró—. Buscan aislarme.
Ji-sung, de pie junto a la ventana, apretó lentamente el puño.
Su mirada era fría.
Demasiado fría.
—Quieren que yo la abandone —dijo con calma peligrosa—. Creen que elegiré mi imagen antes que a ti.
Violet levantó la vista.
—¿Y lo harás?
Ji-sung soltó una pequeña risa seca.
Arrogante.
Oscura.
—Violet… —giró hacia ella—. Yo no pierdo lo que es mío.
El aire se tensó.
Protector.
Posesivo.
Irrevocable.

Horas después.
Sala principal de la agencia.
Directivos sentados en fila. Abogados. Relaciones públicas. Ejecutivos temblando bajo la presión mediática.
Ji-sung entró sin saludar.
Traje negro. Expresión impenetrable.
—Necesitamos anunciar una pausa en tus actividades —dijo uno de ellos—. Debes distanciarte de la chica.
Silencio.
Ji-sung inclinó la cabeza levemente.
—Repítelo.
—Es por tu carrera. Si continúas ligado a ella—
Ji-sung apoyó ambas manos sobre la mesa.
Sonrió.
Pero no había humor.
—Mi carrera existe por mí —dijo suavemente—. No al revés.
Un ejecutivo intentó intervenir.
—El contrato—
Ji-sung dejó caer un documento frente a ellos.
—Cláusula 14. Control creativo absoluto tras superar cierto valor de mercado. ¿Recuerdan quién la negoció?
Nadie habló.
—Yo.
Se recostó en la silla.
Relajado.
Dominante.
—Desde este momento, cualquier comunicado pasa por mí. Y si alguien vuelve a usar el nombre de Violet para proteger sus acciones…
Su sonrisa se volvió peligrosa.
—Compraré esta agencia solo para despedirlos personalmente.
El silencio fue absoluto.
No era una amenaza emocional.
Era un cálculo financiero real.
Y todos lo sabían.

Esa misma noche.
Una transmisión en vivo interrumpió todos los canales.
Un hombre apareció sentado en una oficina oscura.
Elegante. Sereno.
Sonrisa amable… demasiado amable.
—Buenas noches —dijo—. Creo que es momento de aclarar ciertos malentendidos.
Violet sintió un escalofrío.
Ji-sung se quedó completamente inmóvil.
—Director… Lee —susurró.
El hombre continuó:
—Durante años he protegido la industria del caos. Algunas personas… olvidan su lugar.
La pantalla mostró imágenes.
Park Seung-ho.
Hana.
Reuniones secretas.
Transferencias financieras.
Todo conectado.
Todo dirigido desde una sola fuente.
—Ellos solo ejecutaban mis órdenes —dijo Lee con calma—. Porque alguien debía controlar a quienes se vuelven demasiado poderosos.
Sus ojos parecieron atravesar la cámara.
Directamente hacia Ji-sung.
—Especialmente a ti.
La habitación quedó helada.

Más tarde, en el penthouse.
La ciudad brillaba abajo como un océano de luces.
Violet estaba sentada en el suelo, rodeada de documentos.
Ji-sung se acercó lentamente.
—Esto recién empieza —dijo ella—. Va a destruirnos públicamente antes de atacarnos de verdad.
Ji-sung se arrodilló frente a ella.
Por primera vez en mucho tiempo… su voz perdió dureza.
—Entonces destruiremos su mundo primero.
Ella lo miró.
—Ji-sung… estás cruzando un límite.
Él sostuvo su rostro con suavidad inesperada.
—Ya lo crucé el día que decidí protegerte.
Silencio.
Respiraciones entrelazadas.
—Esto puede arruinar tu vida —susurró Violet.
Él sonrió levemente.
—Mi vida empezó cuando entraste en ella.
Sus frentes se tocaron.
—No voy a soltarte —dijo él—. Pase lo que pase.
Violet cerró los ojos.
Y por primera vez no intentó ser racional.
—Entonces… lucharemos juntos.
Ji-sung extendió su mano.
Ella la tomó.
Una promesa sin retorno.

A la mañana siguiente.
Conferencia pública.
Periodistas esperando un colapso.
Un arrepentimiento.
Un escándalo.
Pero Violet apareció tranquila.
Elegante.
Segura.
Ji-sung observaba desde atrás, brazos cruzados, mirada orgullosa.
Un depredador vigilando.
Violet tomó el micrófono.
—No voy a defenderme —dijo con calma.
Murmullos.
—Porque las acusaciones no buscan verdad. Buscan miedo.
Encendió la pantalla detrás.
Datos.
Fechas.
Contradicciones legales.
Errores imposibles de notar… excepto por alguien extremadamente inteligente.
—Y yo encontré quién escribió esta historia.
La imagen apareció.
Director Lee.
La sala explotó en gritos.
Ji-sung sonrió lentamente.
Orgullo absoluto.
—Elegí no esconderme —continuó Violet—. Porque esta guerra ya empezó… y yo también tengo algo que proteger.
Miró directamente a Ji-sung.
Él sostuvo su mirada.
Sin disimulo.
Sin miedo.
Las piezas finalmente estaban sobre el tablero.
El enemigo ya no se ocultaba.
Y ahora…
la guerra era abierta.




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