Los pasillos parecían tener oídos y ojos por doquier, todos estaban a las espectativas, había llegado el CEO; Arthur Louis Wolfson, un hombre con rostro endurecido por un formado carácter de mando, pero denotaba misterio por su ímpetu y constante silencio.
Todos obedecían las reglas en las instalaciones de aquel lugar, y nada parecía extraño para él hasta que caminando por uno de los pasillos que conducían a su oficina vió a la pequeña Lily, una niña de dos años, rellenita, de sonrosadas mejillas, llevaba su peluche Gretel con su lazo rosa abrazado a ella.
El CEO se detuvo, no había una forma inmediata para saber ésto que pareció un enigma para él, solo detalló su ternura y su belleza angelical en unos ojos azules, una piel blanca como la nieve, su cabellera compartida en dos coletas, y redondita mirándolo llena de susto mientras abrazaba a su oso de peluche.
—Gretel...—lo abrazó procurando ocultar su rostro.
—¡Holaaa!, ¡¿Quién eres pequeña?! —preguntó el CEO muy extrañado— Dime..¿Quién eres? —frunció el ceño al mirarla asustada— ¿Qué haces aquí? Este lugar es solitario, ¿Cómo llegaste hasta aquí?
La pequeña Lily de tan solo dos años abrazó con más fuerza a Gretel sintiéndose perdida y lo miró con sus ojos llenos de lágrimas mientras trataba de ocultarse más.
—Maaami.....uuuhhhh....quiero a maaaamiiii...—lloraba presionando su oso de peluche.
—No, noooo, nada de llorar. —dijo el CEO— ¿En dónde está tu madre? Vamos, seca esas lágrimas, a ver. —detalló aún más sus dos colitas sostenidas en su oscuro cabello y sonrió— ¿Cómo te llamas? Seguro tu madre está preocupada por tí. Te ayudaré a encontrarla...dame tu manita.
La pequeña Lily sintió temor, pero el CEO insistió hasta que ella estiró su manita aún cuando no dejaba de llorar.
Arthur Louis Wolfson siendo lo más amable que pudo, la tomó de su manito y la llevó hasta la oficina.
—Quieroooo a mi...maaaami.
—Ya vendrá tu madre, no llores más —dijo y de inmediato surgieron las incómodas molestias en este hombre— ¿A quien se le ocurre traer a este lugar a esta pequeña, es una irresponsabilidad. —la sentó en la silla y él la observaba desde su sillón como si había despertado una gran curiosidad dentro de él— Eres una muy linda niña, —aun asombrado abría la puerta y revisaba los pasillos— debo encontrar a tu madre. —centró su pensamiento sin dejar de mirarla— Seguro es una loca e irresponsable, pobre niña, sigue asustada.
—Mamiiii...—insistia la pequeña.
—Ya la vamos a encontrar, ¿cómo te llamas?
—Lily, y él, es Gretel. —señaló a su oso, el hombre sonrió como si le había robado algo que él desconocía tener— Mami es Camille...
—Vaya que es muy inteligente la pequeña... así encontraré a esa...—hizo silencio mientras pensó— loca e irresponsable...¿A quien se le ocurre?
Lo que desconocía el CEO, era que había una joven mujer corriendo equivocadamente por todos los pasillos buscando a su pequeña, lloraba asustada desconociendo que alguien aprovechándose de que estaba ocupada quiso jugarle la peor de las bromas, llevando a la niña allí para que sea descubierta por el jefe, y ésto sea su carta de despido.
—Mamiiiii....¿Mami, mami viene?
—Por su puesto que viene, y tendrá que explicar que hace su niña...en este piso. No, nooo hagas más pucheros, no llores más, Lily, eres una niña lista, ¿No es así?
—Lily...es inteligente...como maaami —dijo estrujando sus ojos entre sollozos— ¿Mamiiiii encontrará a Lily, ¿Verdad?
—Yo la encontraré a ella, tu madre deberá explicar ésto...—dijo levantando el teléfono y comunicándose con seguridad, de inmediato todos se había enterado, y en tan solo minutos Camille Johnson estaba entrando en aquella gigante oficina de Arthur Louis Wolfson.
—¡Lily, cariño...tenía tanto miedo por. tí! Mi amor, ¿Cómo llegaste aquí? —espetó al correr y tenerla entre sus brazos y su pequeña se refugió en su pecho abrazando a su madre como si se escondiera, y sostenía con apego a su peluche estando ambas bajo la fría mirada de quien nunca reía, por lo menos las pocas ocasiones que Camille lo había visto entrar mientras ella aseaba las cristalería de los ventanales de las oficinas.
—¿Puede explicar que hace una niña tan pequeña cerca de mi oficina? —preguntó poniendo su mirada en la chica que solo le importaba haber encontrado a su pequeña
—¿Estás bien cariño? —preguntaba insistente.
—¡¿Le hice una pregunta?! —espetó con cierta iimpaciencia viendo a la niña abrazada a su madre— Responda, no tengo tiempo para ésto, ¿Sabe qué he tenido que posponer para atenderle a su hija?
—Perdón, señor perdóneme...yoooo no sabía que mi hija estaba aquí, —respondió avergonzada y temerosa— ella estaba jugando cerca de mi y... de repente no la vi, tengo mucho rato buscándola, yo jamás la dejo sola.
—Éste no es lugar para ella...es una niña muy pequeña, ha estado muy asustada...
—No tengo con quién dejarla señor. —ella lo miró aún más temerosa y bajó la mirada— señor...yo quiero cuidarla siempre, es mi hija...no puedo perder mi empleo, le juro que....
—No me jure, solo busque resolver sus asuntos, es un peligro tener a su hija en este lugar, dígame, ¿en qué área trabaja?
Editado: 12.04.2026