Camille miró la prueba de embarazo y su rostro esperanzado en que fuera negativo el resultado, era lo único que deseaba, cerró sus ojos con firmeza hasta pasar el tiempo indicado, solo que al abrirlo lloró tras su realidad.
—Nooo, no no no noooo, no puedo estar embarazada, no quiero. —dijo repetidas veces, pero el resultado siempre fue el mismo.
Tiró el test después de haber llorado por mucho tiempo encerrada en el baño, salió sintiéndose muy triste y fue hasta su habitación, se sentó en su cama y no paró de llorar.
Camille Johnson había descubierto que su prometido tenía una amante, era la misma mujer que un día le habló a ella para molestarla, era su jefa, y con quién su prometido viajaba muchas veces fuera de la ciudad por asuntos de negocios, eso le decía él.
Ella tuvo que tragarse sus lágrimas en silencio cuando él la abordo sin explicación, pero sí con muchas excusas.
Esa noche, inocente de sus propios sentimientos, dudando de cualquier reacción que pudiera tener, y ajena a su propia voluntad cuando la impotencia causaba un estrago de furia y dolor, y el insomnio más terrible que pudiera tener a sus diecinueve años se había perpetuado sin darle descanso a sus angustiosos pensamientos..
El teléfono repicó repetidas veces, ella miró en la pantalla y era ella, la mujer que controlaba a su prometido, no quiso responder, pero las burlas y las pruebas de su constantes traiciones quedaron grabados en audios y fotos.
...
—¿Cuando dejarás a esa estúpida? —preguntó Ivón Zurita— es una tonta, ¿Qué le ves?
—Hace mis quehaceres, —rió Jaime a carcajadas— además...lava y plancha mis ropas, cocina de gratis para mí, es boba, casi no la toco, no me da lo que tú me das; placer.
—Lo sé, créeme que no me importa. —espetó la mujer con desfachatez y arrogancia— ella realmente es tonta en creer que tú eres un hombre de hogar que le vas a hacer fiel. — las carcajadas eran cada vez más fuerte— Yo me llevo lo mejor de tí...y no espero nada, porque tú, eres un rato, un gusto y nada más.
—Lo sé, siempre he sabido que es así...—las carcajadas surgieron aún más, pero Jaime penetró su mirada fija en un cuadro que aguardaba en la pared mientras su pensamiento era innerte.
—Camille siempre será mía y tú un día serás un recuerdo mal contado por mi, pobre estúpida....
***
Jaime entró despacio a su apartamento, solo deseaba sorprender a su mujer, había preparado un discurso como siempre para cuando ella llorara por su traición. Se detuvo a escuchar lo que entre sollozos, llantos y lágrimas ella decía con sublime arrepentimiento.
—¿Qué voy hacer? —se preguntó— No podré volver a casa, nunca....¿Cómo pude confiar en él? Mi padre me lo advirtió...¿A donde voy a ir?
—Tú no irás a ningún lado, mi amor ¿A donde irías? —interrumpió Jaime con una impetuosa voz— ¿Lo escuchaste bien? Tú no vas a ningún lado, eres mi mujer. —Camille se quedó atemorizada y en silencio— Lo que viste y oíste no significa nada para mi, eres muy joven, no es el fin del mundo, créeme mi amor... hay cosas que ahora no entiendes, en la vida hay que hacer ciertos sacrificios, no te centres en eso mi reina, es necesario que alguien abra nuestras posibilidades, y que sea ella, que lo crea, por eso cumplo sus caprichos, pero tú eres mía y yo soy tuyo, ven aquí.
—Dejame ya... Jaime, yo no creo en tí, creí que...—dijo aguantando su estómago, pálida y con el rostro amargado.
Sus lágrimas eran el reflejo de su dolor, ella aún no salía de su asombro, cualquier situación era un eco extraño de la ambigüedad de su pensamiento, las náuseas se manifestaron y corrió al baño descargando su estómago.
—¿Qué te sucede? —dijo al seguirla— No me vayas a salir con...
—Siento asco....cuando me tocas, pienso que te... revuelcas con esa... mujer y.... vienes aquí, ¿Por qué ensuciarme... a mi? ¿Qué mal te... he hecho que me...haces daño? Creí que me amabas.
—No exageres Camille, vives como quieres, ¿Acaso te falta algo?
—¡Sí, claro que sí Jaime! ¡Eres un maldito abusivo que me engañó! —gritó furiosa entre lagrimas— ¡Tú me mentistes, me robaste mis ilusiones! ¿Cómo pude no obedecer a papá...? ¡Eres basura...! —gritó con más fuerza.
—¡No vuelvas a faltarme el respeto! —Camille Johnson escuchó sus gritos al mismo tiempo que sintió una extremada bofetada que la hizo caer al piso, aún no lo digería cuando el hombre se le subió encima poniendo su dedo acusador en su rostro— Ninguna mujer me humilla, menos tú, eres nadie igual que la basura de familia que tienes, tu padre es un pobre infeliz.
—Suéltame..... suéltame....por fa....vor. —rogó Camille sin poder hablar, y éste la liberó después de sus suplicas, pero ahora el pánico se apoderó de ella al verlo convertido en un ser más miserable que perdió el control y pateaba todo cuanto estaba en su alrededor hasta desahogar su extremada furia.
—¡Camille!, ¡Camille!, ¡Camille...! ¡¿Por qué tienes la facultad de enfurecerme?! ¡Sabes que te quiero a tí, esa mujer es nadie en mi vida! —se acercó, y su temor la hizo a ella retroceder— Te pondré algo en ese golpe. —espetó mientras la levantó en sus brazos hasta llevarla a la cama.
Camille solo lloraba mientras Jaime ponía cremas en sus golpes, deseaba huir ante su profunda decepción, pero embarazada era algo que no se esperaba.