Camille miró de reojo a Jaimes mientras se arreglaba para salir a su trabajo, se veía nervioso, ella pudo preguntarle, pero prefirió evitarse un problema.
Su inocencia y su amor desilucionado hizo que sus ojos emanaran lágrimas, ella misma no podía discernir sus sentimientos al verlo partir.
—No puedo amar a un monstruo que me golpea, —pensó teniendo una carga emocional muy fuerte— me humilla, humilla a mi padre y me amenaza, no puede ser, debo irme... así como mamá huyó de mi padre después de su traición llevándome con ella, así mismo debo hacerlo yo, que nadie sepa que está mi bebé en mi vientre creciendo, debo protegerlo de su mismo padre, que no crezca en la hostilidad....
Jaime se devolvió al escuchar su teléfono, y corrió respondiendo de manera secreta, volteó a mirar para cerciorarse que aún ella dormía, se acercó y la besó.
Camille estaba segura que ese día era el último que lo vería, sintió un poco de paz, pero al verlo salir a la carrera, lloró.
—Adiós Jaime, adiós para siempre.—susurró entre dientes— Me quitaste demasiado, pero con mi bebé no, es inocente y jamás permitiré que nadie le haga daño. —sonrió entre lágrimas hablándose así misma— Yaaa Camille, ya nadie te lastimará...y no todo es malo, hay un bebé a bordo que es el amor más puro. Mamá me lo decía, y es real.
Ella no podía creer que en tan poco tiempo había cambiado su vida, ella realmente confió su corazón a Jaime y salió lastimada.
***
Jaime Lombardo trabajaba fervientemente y su amante lo miraba con una expresión burlesca mientras se acercaba con cierta ansias de tocarlo para mostrarle que él le pertenecía.
—Ivón, ahora no, —dijo imponente evadiendo su cercanía— ya vienen nuestros proveedores, bien sabes que no me gusta permanecer mucho tiempo con esa gente.
—Ésto será rápido, no puedes negarte, es exitante. —dijo ella rompiendo las reglas, pero Lombardo reaccionó.
—Lo dejaremos para después. —dijo cortante— Comprende que...
—¡¿Qué?! —interrumpió—¡¿Te acostaste con tu mujercita?! —preguntó entre gritos.
—No te desenfoques, Ivón...estamos jugando con fuego y no es nuestra zona de confort, ¿Okey? —ella se detuvo a mirarlo y recobró la burla en su rostro.
—Deberias de traer a tu mujercita a trabajar aquí, que aprenda a ganarse el dinero a ver si valora, dices que la utilizas, pero sé que la tratas como princesa de cuento, ten en cuenta que el final aquí es otro.
—Lo sé, estamos en ésto, y juntos siempre, eso lo he comprendido muy bien, no tienes que repetirlo, por lo menos cuidemos nuestra libertad, mis padres no me lo perdonarían, imaginate al hijo del empresario Lombardo preso. —rió— Ese día mamá muere.
—Cállate, eso no va a pasar, ¿o estás loco?
—En esta vida todo puede pasar, Ivón y no te creas tan poderosa.
—Sí claro, hasta puede pasar que, la estúpida de tu mujer te deje. —él volteó a mirarla y no quiso entrar en detalles— ¿No?
—Sigamos acá, es importante enfocarnos en la espera.
—Está bien, pero exageras...además quieres evadir nuestra realidad, tu amor es estúpido, ella tarde o temprano se irá de tu vida, solo tienes que ver de dónde la sacaste...
—No entiende mujer que...
La luz de unos faroles les escandiló perdiendiendo la perspectiva de quienes pudieran ser hasta que hombres uniformados estaban por todas partes.
—¡Ésto es una trampa...! —gritó Lombardo, pero ya era demasiado tarde.
***
Había amanecido, Camille tenía en su corazón la necesidad de refugiarse en un lugar donde no sintiera temor, su prometido no volvió de trabajar esa noche, ella se aseguró de no verlo volver, sacó lo estrictamente necesario y dejó una nota en donde dejaba claro que, sólo iría a comprar frutas porque el repartidor no había vuelto.
—Que me espere. —dijo mientras caminaba sin prisa hasta sentirse segura de no llamar la atención, solo necesitaba una cuartada por si se encontraban, ya que parecía vigilada— No volveré aquí, nunca más.
Camino apresurada y tomó el transporte hasta la casa de su padre, pero al llegar allí se detuvo y lo vió salir junto a su esposa y su hija, Camille sonrió y un pensamiento le sobrevino.
—Mi padre merece ser feliz con su familia, no...yo no voy a desordenarle la vida... además...—lloró con angustia y en silencio— es mi padre, pero no quiere saber de mí, perdóname papá, no volveremos a vernos. —se devolvió cautelosa de no haber sido perseguida por su prometido, Ya que sería el primer sintio a dónde iría a buscarla— Miami es grande, pero no puedo quedarme aquí, tampoco puedo subirme a un avión, Jaime me encontraría de inmediato... iré a Nueva York. Será un viaje muy largo por tierra, pero debo hacerlo, allí buscaré a Lucrecia, ella me ayudará, es la amiga de mi madre y siempre me ha querido, le pediré ayuda.
Ya muy tarde llegó a la estación del tren Amtrak Silver Meteor, Camille sabía lo que implicaba tantas horas de viaje, pero debía hacerlo.
Mirar atrás era algo que sentía que estaba prohibido para ella, quería salvarse y salvar a su bebé, solo se devolvería si no estuviera embarazada.