Bajo El Dominio Del Ceo

Capítulo 6. Un amor a gran medida.

Dos meses habían pasado, aún la buscaban y Camille estaba alejada de cualquier posibilidad de encuentro, eso pensaba ella hasta que tocaron la puerta, y quedándose sorprendida ante un hombre uniformado, su voz temblorosa solo espetó.

—¿A quién busca?

—¿Camille Johnson? Es usted...

—¿Quién es usted? —interrumpió sintiéndose en un repentino pánico— ¿Para que me busca? —preguntó con la voz temblorosa.

Señorita Camille, su padre está muy preocupado por usted. Soy el detective a cargo, debemos hablar, usted desapareció desde el mismo día que su novio, el señor Jaime Lombardo cayó preso.

—¡¿Preso?! ¡¿Jaime está en la cárcel?! ¡¿Porque....?!

—¿No lo sabía usted? —la chica caminó apresurada sin responder, solo llamaba a su tía y el detective la siguió.

—¡¿Quién es usted y qué hace en mi casa?! —preguntó Lucrecia al verlo casi en la cocina— ¡¿Qué busca...?!

—Señora Lucrecia, soy el detective encargado de buscar a Camille Johnson, su padre piensa que está muerta...ella desapareció y no dábamos con ella, pero que bueno que está bien, el señor Johnson...

—¡¿Cómo?! ¡¿Preocupado...?! ¡No lo puedo creer!

—Mire... déjeme explicarle, el exnovio de la señorita Camille Johnson resultó ser un delincuente, está detenido desde el mismo momento que ella desapareció, su padre cree lo peor.

—Así tendrá la conciencia...—dijo Lucrecia— ¿Usted cómo sabe mi nombre?

—No quiero que mi padre sepa que estoy acá. —interrumpió Camille— es algo peligroso para mí, tampoco quiero que sepa que...

—¿Estás embarazada? —preguntó el hombre.

—Por favor...no quiero que nadie lo sepa, yooo.

—Camille debe estar bien, —espetó Lucrecia— nada de emociones fuertes, su padre no supo cuidar de ella, ¿Acaso es normal que una hermana le haya negado la ayuda? Mire detective, sé que es necesario que él sepa que ella está bien, solo que no es conveniente que se sepa en dónde está.

—Lo sé, créame que lo sé...su ex novio es un hombre peligroso, hay gente que trabaja para él, mejor es su resguardo, mientras ella esté segura no pasará nada, Lombardo está desesperado, yo diría que obsesionado en saber en dónde está... buscaré la forma de despistarlo.

—Con que no lo sepa mi familia está bien. —dijo cabizbaja Camille, y se apresuró a ir a su habitación, el miedo fue terrible al enterarse de esa verdad.

—Señorita Johnson...

—Déjela, ella no ha estado bien con el embarazo, y ahora ésto.

—Solo cuídela...ahora entiendo a su padre, ella tiene diecinueve años, pero es muy inocente, se ve de menos edad.

—Él debió protegerla.

—Es su padre, a veces las cosas no salen como queremos. —la mujer lo miró con preocupación— manejaré este asunto de la mejor manera posible.

—Se lo agradezco...

***

El señor Johnson estaban sentado durante la hora del desayuno, ese día estaba solo mientras que, su esposa había viajado con Mariela, procurando su bienestar desde la desaparición de Camille. Tocaron la puerta y enseguida el hombre se levantó y abrió, descubriéndose frente al detective quien le había llevado noticias.

—Señor Johnson, qué bueno que está usted acá. —el detective parecía comedido al hablar, miraba hacia todos lados para no ser escuchado. ¿Está solo en casa?

—Sí, ¿Qué sucede?

—Seamos discreto...tenemos noticias sobre su hija Camille. —el hombre quedó impactado— es confidencial, no lo debe saber ni su familia, es por seguridad.

—¿Qué pasa con mi hija? —preguntó emocionado— ¿Ella está bien? Dígame por favor...yo quiero verla...

—Ella está bien, solo que bajo protección....mire, Lombardo tiene gente buscándola, está obsesivo, tenemos la declaración de su hija, de lo que sucedió mientras vivían juntos...por ahora no puede verla, no hay que dejar pistas, no porque su perseguidor esté preso ella está a salvo...ella corre peligro.

Ese día marcó una pauta en el señor Johnson, hacer parecer que la esperaba sin noticias era su única opción, había perdido la confianza en Mariela desde el mismo momento en que la escuchó decir que no quería que su hermana volviera a casa.

Su silencio fue su condena que a diario solo rezaba por su hija Camille, lloraba recordando el pasado y no dejaba de trabajar para evadir a su propia familia, se autocastigaba para mitigar la pena de lo que hizo en el pasado.

Los meses transcurrieron y ni aún así supo que Camille estaba embarazada, se mantenía alejado y sin remedio.

...

—Sé que haber perdido a Camille ha sido duro para tí, te comprendemos, también nos duele muchísimo. —dijo su esposa— somos una familia y te necesitamos.

—Quiero estar solo. —dijo— ve nuevamente de viaje con tu hija...

—Nuestra hija Guillermo, te necesita, ¿Cómo es posible que desde que Camille desapareció tú no te acercas a ella?

—Si ella me hubiese dicho lo que estaba pasando con Camille, ella estuviera aquí, con su familia, no me lo perdono.




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