Lucrecia parecía estar más pendiente de su amigo que de la misma Camille, se sentía enojada al verle pálido y comiéndose las uñas.
—Me has robado mi momento más esperado, si no fuera por todos los gastos que has hecho te despachara de acá. —dijo con desasociegos con un impetuoso y negativo movimiento de cabeza— No puedo creerlo...
—Perdón, perdón, te pido que me perdones...le he tomado cariño a Camille, está muy joven, y temo hasta por tí, has asumido esta responsabilidad.
—Lloras más de lo que sientes, ella es fuerte, ya verás que saldrá bien de ésto.
—Ojalá...
—Será una gran madre, estudiará y tendrá un buen empleo...ella es inteligente y noble...—la mujer se detuvo al escuchar el llanto de Liliana— ¿La escuchaste? Ya nació mi princesita —un nudo se hizo en la garganta de la mujer— qué emoción. —reía sin parar, pero al ver a su amigo parpadeó varias veces— No puedo creerlo, ¿Cómo es posible hombre que sigas así? Ya nació la bebé...¿No la escuchaste?
—Sí, y también estoy felíz, solo que...
—Abracémonos y festejemos, no siempre nos hacemos tíos y abuelos a la vez...
—¿Me dejarás? —preguntó el hombre— No quiero que me dejes... sé que no estoy a la altura de esta circunstancia, me pongo nervioso...
—¿Estás loco? ¿En dónde conoceré a otro hombre como tú? Dime...—el señor de Las Casas sonrió aún preso de sus emociones— Duermes deliciosamente conmigo, pagas mis cuentas aunque no todas sean mías y aún cuando yo pueda pagarlas, estás a mi lado cuando te necesito, y aún mejor, me acompañas pese a lo estrecho de tu tiempo libre. ¿Qué puedo pedir?
—Eres un amor real Lucrecia, no me quejo, me das tanto cariño que jamás dejaría de complacerte, tu eres mi vida y lo sabes.
—Qué bueno que seguiré ahorrando. —expresó altiva la mujer, y este hombre rió, la conocía tanto que jamás dudaría de ella.
***
Camille, valiente y muy capaz, sonrió frente a su pequeña experimentando el sabor más delicioso que la vida le puede otorgar a una mujer.
—Mi amor, bienvenida, ya estás aquí mi pequeña Liliana. —lloró de tantos sentimientos que su tía Lucrecia al verla no pudo dejar de admirar su belleza.
—Camille, mi niña...
—Tía...yo soy tan feliz, ¡¿Qué es eso que hice para ser tan privilegiada de tener a mi pequeña Liliana conmigo?, soy tan feliz...
Somos felices mi amor, hasta el hombre más nervioso...y él más cobarde, y...el más nerd de mi historia en el mundo, llora...estoy segura que se jodió, que nos ama, pero en paquete de tres, no importa su cara de inconformidad, con ella él nació.
—Tía no seas mala con él señor de las casas.—ambas rieron, solo que Camille estaba centrada en su recuperación y en su bebé.
Todo era fiesta en el alma de una pequeña familia que se juntaron para amarse, las horas pasaban y todo era felicidad, Camille terminó agotada de atender la alimentación de su bebé y de contemplarla como su milagros durante la noche.
***
Muy pronto llegó la mañana y con ella muchas sorpresas cuando Camille Johnson abrió sus ojos después de una muy larga noche de compromisos maternales, ella descubrió un hermoso ramos de rosas que no le permitió extrañar nada más que su olor, rió como si su mundo estuviera lleno de magia, pues era magia divina, había nacido su pequeña Liliana.
—¿Viste que hermosas, Camille? —dijo Lucrecia— Son de la empresa del señor Wolfson, las envío como detalle por la sobrina del señor de Las Casas, también trajeron muchos detalles para Liliana, entre ellos una pulcera bellísima, muy costosa, y un hermoso oso de peluche...
—¿Regalos para Liliana? —preguntó— Apenas nace y ya su vida está llenas de obsequios...las flores blancas y rosadas están muy hermosas...agradecida tía, no cabe dudas que él señor de Las Casas es noble.
—No se porqué, pero lo envió el jefe de mi amigo, creí que era un ogro por lo que él me dice, pero no parece, aunque ni mi amigo se creía tanta belleza, aún no entiende porqué lo ha hecho.
—Qué bello peluche tía, le pondré Gretel, mi niña lo amará...qué hermoso.
—Vaya, qué nombre tan bonito para el peluche de Liliana, su primer peluche.
—Está muy bonito y mi bebé sabrá amarlo y cuidarlo.
***
El señor de Las Casas recibía elogios por la llegada de un nuevo miembro a su familia, no se lo esperaba, pero disfrutó de los halagos y también comentó lo necesario, sin embargo quedó en shock cuando su jefe le habló.
—Espero que hayas recibido con agrado mi obsequio para tu sobrina y su bebé...
—Señor, no se hubiese molestado, yooo igual estoy muy agradecido.
—Lo hice en honor a mi padre. —dijo con seriedad restándose méritos— Después de una larga tertulia con mi madre, supe que ella lo aprecia licenciado de Las Casas.
—Muchas gracias, la verdad es un honor para mí haber trabajado para un gran hombre como lo fue el señor Wolfson, dele mi agradecimiento a su señora madre.
—Lo haré de su parte. —dijo y de inmediato carraspeó la garganta, tomando su posición cambió de tema— Ahora, retomemos algunos puntos que debemos aclarar de los contenedores que llegaron.