Bajo El Dominio Del Ceo

Capítulo 8. Lo importante para Lucrecia.

La casa se veía en una completa oscuridad, pero allí internamente, en el despacho, el CEO estaba sentado, recostado en su sillón, parecía buscar su tranquilidad, solo un reflejo de la luz de la luna daba por el ventanal.

Su madre llamó a la puerta, y al primer toque, él no lo escucho, tampoco cuando tocó por segunda vez, pero a la tercera vez abrió los ojos y con ella su ronca voz de mando.

—Pase. —su madre no entendió porque tanto silencio, pero encendió la luz y éste volvió a cerrar los ojos sintiendo la molestia del resplandor— Madre...

—¿No cenarás con nosotras? —interrumpió y él no hizo ningún movimiento— Arthur no le hagas un desaire a Anastasia, bien sabe que es mi amiga, casi de la familia y ha venido con Alba, vieras lo hermosa que está.

—Madre, madre la ciudad está llena de mujeres muy hermosas, son bellas todas, y no por eso ceno con ellas, me siento agotado, trato de buscar un momento solo para mí, ¿puedes entenderlo? —la mujer hizo un profundo silencio hasta sentir el impulso de hablar.

—Arthur, entiende que la vida....

—La vida es esta madre —interrumpió— trabajar y descansar, si algo no te llama la atención, no te forces a menos que sea de relevancia para crecer, no me gusta que me forcen si yo puedo elegir, puedo hacerlo, soy extremadamente maduro para saber lo que quiero, no quiero sentarme en la mesa con tus amigas, solo respeta mi decisión, ofrecerles mis disculpas, y a las diez de la noche me envías algo ligero, aquí para cenar, por favor sin intermediarios, para ser exactos quiero este momento de tranquilidad, mi salud es importante.

—Entiendo...

—Gracias madre. —dijo de forma abrupta para no esperar un sermón que a cada oportunidad le daba— Apaga la luz y cierra la puerta.

La mujer caminó sintiendo más que preocupación, un poco de vergüenza, ya era costumbre de Arthur Louis Wolfson hacer lo mismo cuando su madre tenía visitas.

—¿Arthur cenará con nosotras? —preguntó Alba de manera simulada, pero con asias de un sí.

—Se disculpa, ahora está trabajando en uno proyecto...

—Trabaja mucho. —espetó Anastasia.

—Como su padre, así era mi esposo...

—Pero a la edad de Arthur, ya se había casado, ¿No has pensado en un heredero? Arthur debe dejar tiempo para él, tener amigos, darse la oportunidad de conocer a una chica que esté a su nivel.

—Confío en que pronto llegue esa chica a su vida, y no creo que sea alguien a su altura, mide uno con noventa y dos centímetros, —rió pausada— y sé a lo que realmente te refieres, tu estaría feliz con tal de verlo enamorado, Arthur es muy exigente con sus cosas, y mientras esa mujer que lo impacte no llegue a su vida, será muy difícil que nazca el heredero.

—Existe el matrimonio arreglado, comúnmente se da entre las amistades. —insistió Anastasia— y bien sabes que el amor puede llegar después.

—No, yo no lo sé, me casé muy enamorada, y mi esposo desde que nos conocimos fuimos el uno para el otro, yo pienso que podemos hablar con los hijos, pero no forzar nada, son sus decisiones.

—Lo dices porque Arthur siempre ha sido dominante, las cosas se hacen como quiere y nunca escucha razones.

—Te equivocas, mi hijo es el hombre más noble que conozco, pero es exigente y eso no lo hace ser un hombre dominante.

—Lo es, tu que eres su madre estás bajo su dominio, acéptalo amiga, jamás puedes darle un sabio consejo cuando su corazón rebelde lo ha llevado a ser frío y calculador.

—Anastasia, no sé porqué te refieres así a Arthur, el solo no cumple deseos y expectativas ajenas cuando de su vida personal se trata, y yo entiendo que ser el CEO de negocios internacionales lo hace un atractivo, pero no está enamorado, y jamás se puede obligar a un hijo a amar a nadie y menos a casarse para traer a un heredero a la familia.

—¿No te da temor que la herencia pase a manos de cualquiera? —preguntó alarmada la mujer— Mi esposo y yo estamos conscientes que mi hija debe contraer matrimonio, estamos contentos que nuestro heredero se haya ya casado, claro está que nuestros negocios no son tan grandes como lo de los Wolfson... debería de preocuparte.

—No, no me preocupa, creo fielmente en mi hijo. —la señora Wolfson respiró profundo y retomó—Cambiemos de tema, ¿qué vas a estudiar mi niña bella? — la chica salió de contexto— Alba siempre he visto en tí grandes potenciales.

—Me gustaría ser como mamá —dijo— casarme con un buen hombre, ser quien atienda mi casa, tener hijos y educarlos.

—¿Es en serio? Pues suerte con eso, eres muy linda Alba, sin embargo, te diré que hasta para casarte necesitas estudiar, en la actualidad las mujeres nos superamos, estar preparadas en la vida es necesario, ¿no lo creen?

—Mamá dice que no lo necesito.

—Lo necesitas, créeme, yo estoy en desacuerdo con tu madre, ponte a estudiar, has una carrera que te guste, la vida es muy compleja.

—Son opiniones mujer, ¿Crees que a Arthur no le hizo falta que estés siempre en casa? —espetó Anastasia tratando de convencerla.

—Le preguntaré, nunca me lo ha dicho, y yo he estado rodeada de grandes mujeres dentro de nuestra familia, también Arthur ha tenido la oportunidad de conocer dos mundos, los negocios de su padre, y la medicina, y supo elegir.




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