Bajo el hielo

Capitulo 2

La Jaula de Cristal

Mía

El sonido de los cubiertos de plata contra la porcelana es el único ritmo que se permite en esta casa. Es un sonido constante, afilado y carente de vida, igual que la conversación que flota sobre la mesa de caoba.

​—El contrato con los Alistair está prácticamente cerrado, Mía —dice mi padre, sin levantar la vista de su filete perfectamente término medio—. La fusión de las empresas asegurará nuestro patrimonio por las próximas tres generaciones. Solo falta el anuncio oficial.

Bajo la mirada hacia mi plato, sintiendo que el nudo en mi garganta se aprieta un poco más. Mi madre asiente con una sonrisa ensayada, esa que usa para las portadas de las revistas de sociedad.

—Será la boda del año, cariño —añade ella, su voz suave como la seda pero fría como el mármol—. Alistair es un joven brillante. Será gobernador antes de los cuarenta, y tú estarás a su lado, como corresponde a una Sterling.

—Aún no he terminado mi carrera —susurro, aunque sé que mi voz apenas tiene peso en esta habitación.

Mi padre finalmente me mira. Sus ojos son dos piezas de acero.

—Tu título de Literatura es un adorno, Mía. Un pasatiempo elegante. Tu verdadera carrera es este matrimonio. No lo olvides.

Termino la cena en silencio, sintiendo que las paredes de la mansión se cierran sobre mí. Subo a mi habitación, pero no busco mis libros de texto. Me acerco al ventanal y miro hacia las luces del campus universitario a lo lejos. Allí, la vida es ruidosa, caótica y real. Aquí, soy solo una pieza de ajedrez esperando a ser movida.

El teléfono vibra en mi escritorio. Es un correo de la decanatura.

​"Estimada Srta. Sterling, el Departamento de Deportes solicita su asistencia urgente como tutora de alto nivel para un caso crítico. El estudiante Killian Vane requiere intervención inmediata para mantener su elegibilidad académica..."

Adjunto hay un perfil. Hago clic y la imagen de un chico llena la pantalla. Tiene la mandíbula apretada y unos ojos grises que parecen desafiar al mundo entero. Killian Vane. Lo he visto en las noticias del campus: "El carnicero del hielo", lo llaman. Es violento, ruidoso y tiene una reputación que haría palidecer a mis antepasados.

Es exactamente lo que necesito.

Si me ven con alguien como él, el compromiso con Alistair se convertiría en un escándalo que mi padre no podría ignorar. Alistair nunca querría una "novia manchada" por la asociación con un tipo de los barrios bajos. Es un riesgo suicida, pero la alternativa es una vida de servidumbre elegante.

Al día siguiente, camino hacia la biblioteca central. Mis manos tiemblan ligeramente mientras acomodo mis gafas. Llevo conmigo el contrato de tutoría, pero en mi mente estoy redactando otro tipo de acuerdo.

Me siento en la mesa más apartada, al fondo, donde las sombras de las estanterías nos ocultarán de las miradas curiosas. Reviso el reloj. Tres de la tarde.

Exactamente a las tres y cinco, el aire en la biblioteca parece cambiar. Escucho el sonido de unas botas pesadas contra el suelo de madera, un ritmo que rompe la paz sagrada del lugar. Los estudiantes levantan la vista de sus portátiles, algunos con miedo, otros con admiración.

Él aparece entre los pasillos. Es más alto de lo que parecía en la foto, y desprende una energía eléctrica, como si estuviera a punto de explotar o de incendiar el edificio. Lleva una chaqueta de cuero negra y tiene los nudillos vendados.

Se detiene frente a mi mesa, proyectando una sombra inmensa sobre mis libros. Me mira con una mezcla de fastidio y superioridad.

—¿Sterling? —pregunta, su voz es un barítono profundo que me vibra en el pecho.

​Me obligo a sostenerle la mirada, aunque mi corazón martillea contra mis costillas.

—Llegas tarde, Killian —respondo, tratando de que mi voz no tiemble.

​Él suelta una risa seca y se deja caer en la silla frente a mí, haciendo que la mesa cruja.

​—Escucha, ratón de biblioteca. Hagamos esto rápido. Tú escribes mis ensayos, yo firmo los papeles de asistencia y ambos fingimos que esto nunca pasó. No tengo tiempo para perderlo con poemas y análisis de texto.

Cierro mi libro con un golpe seco. El ruido lo sorprende lo suficiente como para que guarde silencio un segundo.

—No voy a escribir tus ensayos, Killian —le digo, inclinándome hacia adelante—. Pero voy a salvar tu carrera. Y a cambio, tú vas a salvar la mía.

Él arruga el entrecejo, confundido por el cambio en mi tono.

​—¿De qué demonios estás hablando?

—Mi familia me está obligando a casarme con un hombre al que detesto —suelto, sin rodeos—. Si me ven contigo, si el mundo cree que soy tuya, ese compromiso se romperá. Tú necesitas parecer un estudiante reformado para la NHL, y yo necesito un escudo que sea lo suficientemente aterrador como para que nadie se atreva a tocarme.

​Killian se queda inmóvil. Sus ojos grises me recorren, buscando la trampa, el truco.

—¿Quieres que finja ser tu novio? —pregunta, bajando la voz hasta convertirla en un gruñido—. ¿Tienes idea de en qué te estás metiendo, Sterling? No soy un caballero. Si entro en tu mundo, voy a romperlo todo.

—Eso es exactamente lo que espero —respondo, extendiendo el contrato de tutoría hacia él—. ¿Tenemos un trato, Capitán?




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