Bajo el hielo

Capitulo 4

La Visita del Heredero

Mía

​El campus de la universidad siempre me ha parecido un lugar de tránsito, pero hoy se siente como un campo de batalla. Camino al lado de Killian, intentando igualar sus zancadas largas. Él no se esfuerza en reducir el paso; camina con esa arrogancia natural de quien sabe que el espacio le pertenece.

​Lleva su bolsa de hockey al hombro y el olor a frío todavía emana de su chaqueta. Nos dirigimos hacia el estacionamiento de la biblioteca, el lugar donde acordamos que nos verían juntos por primera vez.

​—Relájate, Sterling —murmura él, sin mirarme—. Pareces un ciervo a punto de ser atropellado. Si vas a ser mi chica, tienes que caminar como si te importara un bledo lo que piensen los demás.

​—No es tan fácil cuando has pasado veinte años siendo evaluada por cada paso que das —respondo, ajustando la correa de mi bolso.

​—Pues mírame a mí. A mí me evalúan por cada hueso que rompo y duermo como un bebé.

​Estamos a punto de llegar a su viejo todoterreno cuando lo veo. Un reluciente sedán negro de gama alta está estacionado justo en medio del carril, bloqueando el paso. Apoyado contra la puerta, con un traje gris hecho a medida que cuesta más que mi matrícula anual, está Alistair.

​Mi corazón da un vuelco, pero no de emoción. Es puro instinto de supervivencia.

​—Mía —dice Alistair, enderezándose. Su voz es tersa, educada, con ese tono de superioridad que usa para dar órdenes—. Tu madre mencionó que no habías pasado por casa a recoger el catálogo de las flores. He decidido ahorrarte el viaje.

Alistair camina hacia mí, ignorando por completo la presencia de Killian, como si fuera parte del mobiliario urbano. Me toma del brazo con una familiaridad que me quema.

​—Vámonos. Tenemos una reserva en el club. No querrás que tu padre se moleste.

​Siento que el aire se me escapa, pero antes de que pueda articular una palabra, una mano grande y áspera se cierra sobre la muñeca de Alistair, obligándolo a soltarme.

—La chica ha dicho que tiene planes —la voz de Killian suena como un trueno bajo.

​Alistair parpadea, sorprendido de que alguien se atreva a tocarlo. Finalmente, posa sus ojos en Killian, recorriendo su ropa, su cicatriz y sus nudillos con un asco mal disimulado.

​—¿Y tú quién eres? ¿El guardaespaldas? ¿O el tipo que recoge la basura? —pregunta Alistair con una sonrisa gélida—. Suelta mi mano antes de que llame a seguridad.

Killian no la suelta. Al contrario, aprieta más, y veo cómo los dedos de Alistair empiezan a ponerse blancos.

​—Soy el tipo con el que ella se va a ir ahora mismo —responde Killian, dando un paso al frente hasta quedar a escasos centímetros de él—. Y si vuelves a ponerle una mano encima sin su permiso, el catálogo de flores va a ser lo último en lo que pienses mientras te recogen los dientes del asfalto.

​—¿Killian? —intervengo, colocando una mano en su pecho para frenarlo. Noto el calor que desprende su cuerpo y la tensión acumulada en sus músculos—. Está bien.

Miro a Alistair, que está lívido de rabia contenida.

​—Alistair, este es Killian Vane. Mi novio —digo, y pronunciar esa palabra por primera vez se siente como saltar al vacío—. Dile a mi padre que estoy ocupada. Y que no necesito el catálogo. Elegiré mis propias flores... cuando llegue el momento.

Alistair retrocede, sacudiéndose la muñeca. Nos mira a ambos con una mezcla de odio y desprecio.

​—Esto es un error, Mía. No tienes idea de lo que estás haciendo. Un Sterling no se mezcla con… esto —dice, señalando a Killian—. Tu padre se enterará de esto antes de que llegues a tu próxima clase.

​—Cuenta con ello —responde Killian, rodeándome los hombros con su brazo pesado y protector.

Alistair sube a su coche y arranca con un chirrido de neumáticos. Solo cuando el coche desaparece de la vista, Killian me suelta. Su mirada es intensa, escrutadora.

​—Vaya —dice, con una media sonrisa—. Para ser una chica tímida, tienes agallas. El tipo del traje va a querer mi cabeza en una bandeja.

​—Bienvenido a mi mundo, Killian —respondo, exhalando el aire que tenía retenido—. Espero que estés listo para la guerra.




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