Bajo el hielo

Capitulo 14

La Herencia de las Sombras

Mía

La cabaña exhala un calor acogedor mientras el viento invernal araña las ventanas de madera. Killian duerme a mi lado, su respiración es pesada y rítmica, una paz que solo parece encontrar cuando el mundo exterior desaparece. Me levanto con cuidado, envuelta en una manta de lana, huyendo del insomnio que me persigue.

​Mis pies descalzos crujen sobre el suelo de pino hasta que llego a un rincón oscuro, donde una vieja cómoda de cedro guarda los restos de una vida que no conozco. Al abrir el último cajón, una caja de metal con el cierre oxidado me llama la atención.

Dentro no hay joyas, ni dinero. Hay recortes de periódico amarillentos y carpetas legales con el sello de "Sterling & Co.".

Mi corazón se detiene cuando leo el titular de una noticia de hace quince años:

​"Pequeña maderera local se declara en quiebra tras la agresiva absorción de la corporación Sterling. El dueño, Silas Vane, pierde el patrimonio familiar."

Sigo escarbando. Hay cartas. Cartas de mi padre, firmadas con ese trazo elegante y despiadado que tanto conozco, amenazando al abuelo de Killian con juicios interminables si no cedía sus tierras. En la última página, una nota escrita a mano por Silas Vane: "Me lo han quitado todo, pero mi nieto no crecerá bajo su sombra. Algún día, los Sterling pagarán por este robo."

Siento que el aire me falta. Killian no está conmigo por casualidad. Su familia fue destruida por la mía. Su pobreza, la enfermedad de su madre sin recursos, su lucha por una beca... todo fue provocado por el hombre que me dio la vida.

—¿Qué estás haciendo, Mía? —la voz de Killian, ronca por el sueño, me sobresalta.

Está de pie en el umbral, con la luz de la chimenea dibujando las cicatrices de su torso. Se acerca y sus ojos caen sobre los papeles que tengo en las manos. Su expresión cambia de la confusión a una frialdad absoluta que me hiela la sangre.

—¿Lo sabías? —pregunta, y su voz es un susurro peligroso.

​—No, Killian, te lo juro. Acabo de encontrarlo. No sabía que mi padre le hizo esto a tu abuelo.

Él arranca los papeles de mis manos, leyendo las amenazas de mi padre. Veo cómo su mandíbula se tensa, cómo sus nudillos se vuelven blancos. El odio que tanto le costó domar vuelve a brillar en sus ojos, pero esta vez, está dirigido a mi apellido.

—Así que esto es lo que somos —dice él, soltando una risa amarga—. La hija del verdugo y el nieto de la víctima. ¿Es por esto que te acercaste a mí? ¿Por culpa? ¿O es que los Sterling disfrutan viendo cómo nos retorcemos antes de aplastarnos del todo?

—¡Killian, no! —me acerco a él, intentando tocarlo, pero retrocede como si mi piel quemara—. Yo no soy mi padre. He quemado mi vida por ti.

—Has quemado un puente de oro, Mía. Yo perdí una estirpe entera. —Golpea la mesa con el puño, haciendo que la caja de metal salte—. Ahora lo entiendo todo. Alistair, la beca, la presión... Todo es un juego circular. Tu padre no solo quería tu matrimonio; quería terminar de borrar el apellido Vane del mapa.

Se queda mirando el fuego, con los ojos cargados de una sed de venganza que ya no puede ocultar. Pero entonces, me mira a mí. Y en medio de esa rabia, veo la lucha interna. Me ama, pero yo soy el recordatorio viviente del hombre que destruyó a su abuelo.

—Tengo las pruebas, Killian —le digo, señalando los documentos—. Estos papeles prueban el fraude de mi padre hace quince años. No solo podemos salvar tu carrera, podemos hundir su imperio. Juntos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.