Bajo el hielo

Capitulo 21

El Precio de la Sangre

Killian

​La victoria en el almacén de artes debería haber sabido a gloria, pero sabe a cenizas. Ver a Jax esposado, escoltado por la policía del campus mientras evitaba mi mirada, me ha dejado un vacío en el pecho que ni siquiera el peso del USB en mi bolsillo puede llenar.

Mía camina a mi lado hacia el estacionamiento. El aire de la madrugada es gélido, pero ella no tiembla. Se ha convertido en una guerrera, una Sterling que ha aprendido a usar su propio apellido como un escudo.

​—Está hecho, Killian —murmura, apretando mi mano—. Mañana, cuando los abogados vean esto, los cargos de dopaje caerán. Estás limpio. Estás a salvo.

—No estamos a salvo, Mía —respondo, mirando hacia las sombras de los edificios—. Alistair no es de los que se rinden. Es de los que queman el bosque si no pueden tener el árbol.

Subimos a la moto. El trayecto hasta su apartamento es silencioso, pero mi instinto, ese que me avisa de un golpe por la espalda en el hielo, está gritando a pleno pulmón. Cuando llegamos a la calle de su edificio, veo un coche negro con los cristales tintados estacionado frente al portal. No es la policía.

Mi teléfono vibra en el bolsillo. Un número desconocido.

—No contestes —dice Mía, palideciendo.

Contesto. Pongo el altavoz.

​—¿Te gusta el frío, Vane? —la voz de Alistair suena distinta. Ya no es el heredero refinado; es un hombre que ha cruzado la línea del no retorno. Hay un ruido de fondo... el pitido rítmico de un monitor cardíaco—. Estoy en el hospital San Judas. Habitación 402. Tu madre duerme como un ángel, Killian. Sería una pena que su suministro de oxígeno tuviera un "fallo técnico" debido a un corte de luz.

El mundo se detiene. Siento que la sangre se me congela en las venas. Mi madre. La mujer que se rompió la espalda para que yo tuviera unos patines usados.

—Si le pones una mano encima, Alistair... —mi voz es un rugido que apenas suena humano.

​—Tú no estás en posición de amenazar, animal. Tienes sesenta minutos. Ven a la azotea del hospital. Solo. Trae el USB con la grabación del almacén y los documentos originales de Silas Vane. Si veo una patrulla, o si Mía intenta llamar a su padre... bueno, supongo que tu madre ya ha vivido lo suficiente, ¿no?

Cuelga.

​Mía me mira con los ojos llenos de lágrimas, pero también de horror.

—Killian, es una trampa. No te dejará salir de esa azotea con vida aunque le des lo que quiere.

​Me pongo el casco, ajustando la correa con una violencia que hace que me duelan los dedos.

—No me importa mi vida, Mía. Es mi madre.

​—No vas a ir solo —dice ella, interponiéndose entre la moto y la salida—. Él cree que eres un bruto que solo sabe golpear. Pero no sabe que ahora tienes a una Sterling que conoce cada código de seguridad de ese hospital porque su familia donó el ala norte.

Miro a Mía. Su rostro está bañado por la luz azul de los postes de la calle. Ya no es la "Opción 2" de una vida cómoda. Es mi única oportunidad.

—Sesenta minutos, Mía. Si fallamos, lo pierdo todo.

—No vamos a fallar —responde ella, subiendo a la moto y abrazándome con una fuerza que me devuelve el alma—. Arranca. Vamos a por él.




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