Bajo el manto de la luna

Colmillos de luna

*Cambio de perspectiva, Kaira*

La mañana en Colmillos de Luna siempre olía a pino y a hogar. Me desperté con el sol filtrándose entre las cortinas claras de color beige tostado en mi habitación, oyendo los gruñidos y golpes de los guerreros entrenando, demasiado temprano, demasiado ruidosos para mí gusto.

Aún así, no protesté. En mi casa, los días siempre empezaban con ruido, risas y movimiento constante, cada uno cumpliendo con sus deberes desde el alba y yo me había acostumbrado a eso desde que tenía memoria. Mientras me estiraba perezosa aún bajo las mantas, oí un crujido desde la puerta de mi habitación.

—¿Sigues en la cama? — la voz de mi hermano resonó desde el pasillo, acompañada de un golpe suave en la puerta—. Mamá dice que si llegas tarde al desayuno, se comerá tus tostadas.

Gruñí, enterrando el rostro aún mas en la almohada.

—Dile que eso sería una traición imperdonable.—mi voz de oyó amortiguada.

Mi hermano rió, ese sonido fácil y cálido que siempre conseguía arrancarme una sonrisa incluso en mis días más grises. Snow Cross, joven Alpha de la manada colmillos de luna, mi hermano mayor, mi mejor amigo, compañero en batalla, cuándo las cosas se ponían feas siempre cubríamos la espalda del otro, sin excepción.

—Venga perezosa, levántate —dijo entre una suave risilla antes de echar a andar por el pasillo nuevamente.

Me senté por unos minutos en la cama mi maraña de cabello largo y rizado por todas partes como una cortina enredada, la aparté y froté mis ojos para espantar los últimos retazos de sueño, bostecé, y estiracé antes de sacar mis pies de la cama, apoyándolos en una suave alfombra de pelo a los pies de mi cama.

Conseguí levantarme y ducharme con aquel cuerpo aún medio grogui, me vestí con unos pantalones cómodos de chándal y una camisa holgada de mangas cortas, aún luciendo mis zapatillas de andar por casa de los Minions.

Cuando por fin bajé, la cocina estaba llena de vida. Mi madre se movía entre la mesa y el fogón con una energía tranquila y destreza absoluta, como si cada gesto fuera un acto de amor silencioso. Al verme entrar, dejó lo que estaba haciendo y se acercó sin decir nada, acomodándome un mechón rebelde detrás de la oreja.

—Ya eres así de mayor —murmuró, como si lo descubriera cada día, soltó una risilla y con gesto cariñoso me empujó suavemente hacia atrás en el entrecejo con su dedo índice —. Y sigues sin atarte bien el cabello. Igual que cuando eras un pequeño cachorro.

—¡Mama! — sentí mis mejillas arder, ella sonrió cálidamente — además siempre me arreglas tú el pelo… es costumbre —respondí, apoyando mi cabeza en su hombro unos segundos, ella me abrazó suavemente unos instantes, yo cerré los ojos y suspiré siento el cálido inicio del día habitual en mi familia.

Ivvy Williams, mi madre, luna, dulce y sabia, observadora, solía pensar que quería llegar a ser igual que ella en el futuro, admiraba la fortaleza, la sabiduría, la suavidad con la que manejaba todo, era la piedra angular de nuestra familia.

—Mimada—rio mi hermano sacudiendo la cabeza, yo le enseñé la lengua.

Snow se sentó a la mesa y deslizó mi plato hacia delante, una invitación a sentarme frente a él, cuando vio que la boca se me hacía agua se río de nuevo.

—Come —dijo—. Luego Neius —Neius es era su lobo— y yo te destrozaremos en el entrenamiento.

—Eso lo dudo —repliqué con una sonrisa ladeada—. Ayer casi te tiro al suelo.—dije tomando asiento.

—Casi —remarcó él, orgulloso.

Empezamos a desayunar en un ambiente tranquilo, luego mi padre entró poco después. No hacía ruido al caminar. Nunca lo había hecho. Su sola presencia imponía respeto, pero esa mañana, como tantas otras, cuando pasó detrás de mi, apoyó la mano sobre mi cabeza y después dejó un beso rápido en mi coronilla, era un gesto simple pero que conocía bien.

—Buenos días peque.

Dijo simplemente antes de tomar asiento como todos los días, pero eso bastó para hacerme sentir querida.

—Buenos días papá —él asintió ligeramente antes de sumergirse en su periódico.

Terminamos el desayuno en un silencio cómodo, tras esto, Snow y yo salimos de casa y nos dirigimos al centro de entrenamiento, la mayoría de los jóvenes lobos ya estaban entrenando duro bajo las órdenes de Curtis, mi tío materno y beta de mi padre.

El entrenamiento fue intenso, como siempre. El aire frío de la mañana me mordía la piel, y el suelo húmedo me hizo resbalar más de una vez. Me movía con agilidad, concentrada, dejando que Moira compartiera el control sin llegar a tomarlo del todo durante la parte de los combates aleatorios contra compañeros que Curtis iba decidiendo.

Tras tres combates con otros compañeros que me dejaron dos victorias y una derrota me tocó pelear contra snow, pero Moira estaba inquieta, podía notarlo, sin embargo Neius y Snow estaban al cien por cien. Que mi loba se distrajera tampoco era algo nuevo, pero ese día se sentía distinto. Más tensa. Más alerta de lo habitual.

[Algo no está bien] gruñó Moira en el fondo de mi mente.

—Concéntrate —le dijo su hermano, esquivando su ataque—. Hoy estás distraída.

[Tengo un mal presentimiento Kaira, algo está por ocurrir]

Sus palabras me dejaron absorta, Snow aprovechó la ocasión y con un patada baja de barrido me hizo caer al suelo. Cuando abrí la boca para quejarme un aullido profundo atravesó el valle. No fue uno cualquiera. Fue el llamado del Alpha. [Esto no me gusta] se quejó nuevamente Moira, paseándose de un sitio a otro con nerviosismo en mi cabeza. El entrenamiento se detuvo de inmediato. Todos alzaron la cabeza, tensos.

Sentí un nudo en el estómago por alguna razón las palabras de mi loba resonaban en mi cabeza. Snow parecía algo aturdido también, me ofreció la mano para ayudarme a levantarme.

—Asamblea —dijo alguien en el grupo.

—Papá nos llama, pero yo tengo un asunto que atender con el tío Curtis, nos vemos después cachorro. Pórtate bien. —mi hermano parecía serio, me revolvió el cabello antes de asentir en dirección de nuestro tío, entonces ambos se alejaron sin decir palabras.




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