Bajo el manto de la luna

Lo que quedó atrás

*Cambio de perspectiva, Snow*

El sol ya estaba bajo para cuando estuve lo suficientemente cerca como para distinguir las murallas naturales que marcaban la entrada al territorio principal de Colmillos de Luna.

Las antorchas comenzaban a encenderse una a una, casi como si la manada intentara fingir normalidad pese a la herida abierta que latía en el centro. Reduje el paso, para observar las miradas tensas e inquietas de un grupo o ega haciendo sus labores de mantenimiento, todos tenían esas expresiones estos días, reflejando palabras no dichas.

Dejé escapar un suspiro cansado. Por mi flanco derecho oí un crujido, tío Curtis emergió entre los árboles, regresando casi al mismo tiempo que yo, nos detuvimos al cruzar miradas, la mía llevaba una pregunta explícita, el suspiró pesadamente como si el cansancio físico y emocional se hubieran sincronizado en su ser.

—Nada —gruñó Curtis, adelantándose a la pregunta aún no dicha—. El norte está limpio. Ni rastro reciente. Ni siquiera un aroma distante... Es como si se la hubiera tragado la tierra.

Apreté los puños a mis lados no con ira, sólo frustración. Asintí con gesto rígido. Miré al suelo por unos segundos.

—En el este, ha sido lo mismo. Las huellas son antiguas… demasiado dispersas y estaban mezcladas con otras, posiblemente del grupo de búsqueda de mi padre —Apreté la mandíbula—. Si Kaira pasó por allí, ya no está... Y tampoco he podido deducir su dirección después de pasar por ahí, gracias al gran Caelus.

—Aquí no, sobrino.

Fueron sus únicas palabras, tomé una respiración profunda y asentí una vez mas. Caminamos juntos hacia la entrada, cruzando el arco de piedra que daba paso a la zona central de la manada. El silencio entre nosotros no era incómodo; era pesado. Cargado de todo lo que no se decía. De la frustración que ambos sentíamos.

—Esta es la tercera salida que hacemos sin resultados —murmuró tío Curtis al fin—. Empieza a preocuparme, de manera seria quiero decir.

Solté una risa sin humor, seca. Al principio nos preocupábamos pero con desesperación, aferrándonos a la idea de que Kaira era inexperta pero inteligente, queríamos aferrarnos a la idea de que sabía por instinto que se hacía, o al menos que no sería atrapada tan fácilmente.

Pero conforme pasaban los días, nos desesperabamos un poquito más, nos rompiamos un poquito más al pensar en todos los peligros que esperaban tras nuestras murallas para una lo a joven nunca antes expuesta al mundo exterior.

—Cada vez las probabilidades aumentan, y teniendo a mi padre constantemente metiendo sus zarpas en nuestras expediciones, directa o indirectamente lo hace aún más frustrante.

Gruñí lo suficientemente bajo como para no llamar la atención pero lo suficientemente claro como para que él lo oyese, Curtis no respondió. No hacía falta. Al cruzar el último control, Me desvíe instintivamente hacia el sendero que llevaba a mi hogar… y me detuve en seco. “Hogar”.La palabra ya no encajaba. No desde hacia una semana.

—Nos vemos mañana —dijo Curtis con un leve asentimiento—. Si hay nuevas órdenes…

—Las habrá —respondí—. Siempre las hay.

Asintió, luego nos separamos allí. Caminé solo el resto del trayecto. Las luces cálidas de las casas, las voces lejanas, el olor a comida alrededor… todo resultaba extrañamente ajeno. Como si estuviera atravesando la manada de otro y no la mía.

Cuando llegé a aquella casa tan familiar y actualmente tan fría para mi. El silencio me golpeó de lleno en cuando entre por la puerta principal. No había risas. No había pasos. No había ese murmullo suave que siempre rodeaba a su madre. Ni la adorable risa de Kaira, sólo el profesional murmullo del personal haciendo sus tareas. Entré despacio al salón.

—¿Mamá…? —llamé en voz baja.

Nadie respondió. Subí las escaleras con el pecho apretado, sabiendo ya la respuesta antes siquiera de llegar. La puerta del dormitorio principal estaba entreabierta. Mi madre yacía en la cama, de espaldas a mi, el cuerpo encogido como si el mundo pesara demasiado. El olor en el ambiente lo confirmó todo: tristeza, agotamiento… y lágrimas secas.

—Snow… —susurró ella al notar mi presencia, pero aún sin girarse. Su voz frágil, apenas un murmullo.

Me senté en el borde de la cama, dándole espacio. Desde que la huida de Kaira salió a la luz, nada había vuelto a ser igual. No en la manada, no en casa, no en este familia si es que aún lo éramos. Mamá apenas comía.

A veces pasaba días enteros sin levantarse, mirando el vacío, llorando en silencio cuando creía que nadie la veía. Y cuando no lloraba… simplemente parecía apagada, apreté los puños al pensar en el culpable.

—He vuelto a salir para buscarla —dije, hice una pausa, esperando una reacción por su parte que no llegó, así que continúe —. No he encontrado su rastro, no claramente al menos, todo gracias al equipo del alfa — dije consiente, me negaba a llamar a Caelus por la palabra padre nuevamente—. Han revisado el terreno y los olores y huellas se confunden.— miré a la espada de mi madre con la voz ligeramente más quebrada— Pero eso no significa que…

—Está viva —interrumpió con una convicción frágil—. Lo sé.

Tragué saliva sintiéndome inútil, me había visto en la situación de ver todo desmoronarse a mi alrededor sin saber que más hacer.

No sabía que decirme cómo consolar,como hacer más por ella, por mi gente, por mi propia hermana a la cual me imaginaba temblando escondida en algún lugar oscuro llamándome, pidiendo ayuda mientras lloraba asustada. Suspiré pesadamente sintiendo ese habitual apretón en mi corazón.

—Mamá…

Ella se giró al fin. Sus ojos estaban enrojecidos, hundidos. Tuve que acogerme a todo mi autocontrol para no llorar, para tratar de mantenerme fuerte por ella.

—¿Cómo pudo tu padre…? —susurró—. ¿Cómo pudo hacerle eso? Caelus no es así... ¿Como hemos llegado a esto...? —su voz apenas un murmullo—¿Porqué?

Cerré los ojos un segundo. Caelus Cross. Desde que todo estalló. Mamá lo había echado de la casa. No quería verlo. No quería oírlo.




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