Bajo el manto de la luna

Intruso

*Cambio de perspectiva, Darius*

Tras asegurarme de que Kaira estaba acurrucada en la cama, me había puesto a fregar los platos de la cena, no tardé demasiado sólo unos minutos, para cuando acabé y me estaba secando las manos con un paño de micro fibra de la cocina, sentí algo, me tensé y paré en seco.

Mi atención se había ido a otra parte, ya no estaba en el paño en mis manos. Fruncí ligeramente el ceño, apenas un gesto, como si algo me hubiese rozado la conciencia sin terminar de tomar forma, no era una certeza, aún, era algo que rozaba más a una premonición. Mis dedos se cerraron y se abrieron una vez, despacio.

Miré en dirección al dormitorio, me detuve a escuchar. Constante, tranquilo, estaba dormida. Me lo pensé dos veces, luego miré hacia la entrada y me puse en marcha tras lanzar el paño sobre la mesa.

Apenas crucé el umbral natural del refugio, el aire cambió, de algún forma que no sabría describir, ya que no fue un sonido diferente, no fue el descubrimiento de un olor nuevo. Fue ese tirón seco en el pecho que solo aparece cuando algo va mal, como un sexto sentido, como una vocecita en la parte posterior de tu cabeza.

<< ¿Fenris? >> Dije abriendo el enlace mental. << ¿Fenris? >> Volví a llamar.

(¡Al fin! te he estado contactando desde hace rato sin respuesta) escupió Fenris en cuanto materializó su presencia en mi mente (Pensé que ibas a seguir jugando a la casita mientras yo hacía tu trabajo.)

<< Yo al menos puedo darme el lujo de hacerlo>> dije sonriendo aún cuando él no podía verme << ¿Que ha pasado de cualquier forma? >> Me detuve en seco entre los árboles, cerré una mano y la apoyé contra el tronco más cercano. La corteza crujió bajo mis dedos. Fenris no perdió tiempo.

(Encontramos a uno)

<<A uno>> repetí en tono bajo, mi mano sobre el árbol se cerró en un puño.

(Sí, un rastreador. Viene de Colmillos de Luna. Es joven, unos dieciséis pero no inexperto. Ha sabido esconder su rastro… lo suficiente como para ser un problema. Lleva al menos una semana rondando nuestras tierras sin ser detectado)

Mi mandíbula se tensó.

<< ¿Dónde? ¿Dónde estáis, cuántos sois? >>

( Estamos al menos a dos horas desde tu posición, al suroeste. Demasiado cerca para ser casualidad) Fenris suspiró pesadamente (Y antes de que preguntes: sí, estaba preguntando. No nombres, pero ya sabes cómo funcionan esos bastardos. “Una loba joven”. “Ojos claros”. “Aroma extraño” por suerte los nuestros no soltaron prenda, aunque tampoco tenían información sobre ello)

El mundo se redujo a un punto. Sentí a Sirius incorporarse con un gruñido bajo, afilado, recorriéndome la espalda como electricidad viva.

[Arráncale la lengua], rugió. [Despacio. Que sufra lo indecible] Inspiré hondo. Una vez. Dos.

<< ¿Ha hablado desde la captura >> Fenris rió sin humor.

(Lo justo para confirmar que no venía solo por curiosidad. Traía órdenes. No sabía exactamente qué buscaba, pero sí a quién. Y Darius…)hizo una pausa cargada (no iba a volver a casa con las manos vacías.)

Mis dedos se cerraron de nuevo. Esta vez el tronco cedió con un crujido seco.

<< ¿Alguien herido? >>

(No. Jugueteamos un poco con él) admitió Fenris. (Lo suficiente para que entienda que se equivocó de territorio. Pero te estaba esperando. Dijiste que este… era asunto tuyo.)

Asentí aunque él no pudiera verme.

<< Lo es.>> Sirius sonrió en algún lugar profundo de mi mente. No era una sonrisa amable. [Dijimos que si lo intentaban, el bosque ardería... Esto va a doler], murmuró. [Para ellos.]

<< ¿Dónde lo tienes? ¿Algún punto específico o solo en el bosque? >>

( En mitad del bosque en la posición que te di antes, está atado. Vivo. De momento) respondió Fenris (Y antes de que lo preguntes también: sí, intentó provocarme hablando de ella. De lo que “le corresponde” a su manada.)

Un pulso oscuro me recorrió el pecho.

<< Bien >> dije al fin, con una calma que no sentía << No lo toques más. Voy para allá.>>

(Darius) Añadió Fenris, más serio (No eres el único que la protegería. Pero esto… esto es personal para ti. Lo sé.)

Miré un segundo hacia el refugio, invisible entre la vegetación, pero presente en cada fibra de mi cuerpo

<< Nadie >> dije << volvera ha hacerle daño. Nadie volvera a intentar cazarla. Y nadie saldrá ileso después de intentarlo >> Hubo un breve silencio.

(Te espero entonces) Respondió Fenris. La conexión se cortó. Sirius se estiró dentro de mí, poderoso, letal, satisfecho. [Regresa vivo], dijo después de un instante. [Ella te está esperando.]

El claro donde lo tenían retenido olía a miedo, el aire gélido de la noche me congelaba los pulmones, clima inusualmente frío para solo ser mediados de otoño en estas tierras. El bosque casi tenía un aspecto fantasmagórico, solo bañado parcialmente por la luz de la luna menguante que se dejaba entrever entre las espesas nubes.

Mis ojos recayeron en la figura agazapada del suelo. Su miedo no era del típico miedo 'limpio' del que sabe que ha perdido una pelea, no. Era el miedo sucio, rancio, del que sabe que ha tocado algo que no debía.

Fenris estaba apoyado contra un árbol, brazos cruzados, expresión oscura 6 reflexiva, esa vista de halcón en sus ojos marcaba una sentencia, lo sabía. Dos guerreros custodiaban al rastreador, arrodillado, las manos atadas a la espalda con fibras reforzadas. Tenía la cabeza gacha pero no lo suficiente como para no verme llegar.

Cuando alzó la vista, el terror se apoderó de él, su pulso se disparó vertiginosamente. Yo no dije nada al principio, mi sola presencia estaba cargada de un aura intimidante. Di un paso. Luego otro. Mis botas crujieron sobre la tierra húmeda hasta que estuve frente a él.

—Alfa… —balbuceó—. Yo solo—




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.