Bajo el manto de la tormenta

Ecos de papel.

La lluvia comenzó a caer poco después de que Sofía regresara a la casa de su madre. Gotas gruesas golpeaban el techo y corrían por los cristales, distorsionando la vista del mar. Sentada en la cama de su antigua habitación, con el sonido de la tormenta como telón de fondo, Sofía abría lentamente el poemario que Dereck le había devuelto.

El olor a papel envejecido le trajo una punzada de nostalgia. Entre las páginas, el tiquete de tren estaba intacto, amarillento por el tiempo. Lo deslizó entre sus dedos, como si aún pudiera sentir el momento exacto en que lo recibió.

///Años atrás///

La luz dorada del atardecer entraba por la ventana de la librería. Dereck, con apenas catorce años, se movía entre los estantes buscando algo. Llevaba una camisa arrugada, el cabello despeinado y una sonrisa que parecía no necesitar razones.

- Cierra los ojos - le dijo.

Sofía obedeció, cruzada de brazos, fingiendo molestia.

- Esto suena a truco barato - bromeó.

- Confía - respondió él, colocándole algo en las manos. El peso era leve, pero sólido. Abrió los ojos y vio el libro de tapas verdes.

- Poemas de Cernuda - leyó en voz baja.

- Sé que te gusta cuando un verso parece morderte por dentro - dijo Dereck, encogiéndose de hombros.- Y pensé que podrías necesitar esto… donde sea que termines.

- ¿Dónde sea que termine? - preguntó ella, arqueando una ceja.

Dereck sonrió de forma evasiva y sacó del bolsillo un tiquete de tren.

- Si algún día decides que este pueblo es demasiado pequeño para ti… ya tendrás un primer paso.

Sofía lo tomó, sin saber si reír o asustarse. No se dio cuenta en ese momento, pero aquel gesto era más que un regalo: era una invitación a huir, quizá incluso juntos.

///Presente///

Las palabras y las imágenes del pasado se desvanecieron mientras Sofía cerraba el libro. Se recostó en la cama, con la vista fija en el techo. El tiquete seguía ahí, igual que entonces. Sin usar. Sin historia.

Alguien golpeó la puerta de la habitación.

- ¿Puedo pasar? - preguntó Vera desde el pasillo.

- Sí - respondió Sofía, incorporándose.

Su madre entró con una bandeja: té y un trozo de pan recién horneado. Lo dejó sobre la mesa y se sentó en la silla, observándola en silencio unos segundos.

- Estás pensando en él - dijo, sin rodeos.

- No estoy… - empezó Sofía, pero se detuvo. Mentirle a su madre siempre había sido inútil.

Cuando te fuiste, no fue solo de esta casa. Fue de muchas cosas. Y algunas… no se pueden dejar atrás tan fácilmente.

Sofía bajó la vista hacia el libro sobre la cama. No podía negarlo. Dereck era una de esas cosas que nunca había logrado soltar.

Al anochecer, la tormenta arreció. Desde la ventana, Sofía vio la calle principal desierta, excepto por una figura corriendo bajo la lluvia, con una chaqueta oscura y una bolsa en la mano. Reconoció la forma de caminar antes de que la luz del farol iluminara su rostro: Dereck.

Se detuvo frente a la casa, dudando unos segundos bajo el aguacero. Luego, como si tomara una decisión repentina, subió los escalones del porche y golpeó la puerta.

El corazón de Sofía dio un vuelco.




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