NICOLE
El aire fuera del auto se siente más denso de lo normal. Apenas cierro la puerta, mis manos empiezan a temblar. Alex me sonríe desde la acera y dice algo que no alcanzo a escuchar. Respondo con un gesto torpe, me despido a medias y entro corriendo a casa. No sé cómo llego hasta la puerta, mis pasos suenan huecos contra el piso. El corazón golpea tan fuerte mi pecho que me cuesta respirar.
Lucas aparece en el pasillo, con el cabello despeinado y una expresión confundida.
—¿Niki? ¿Qué pasa? —pregunta, dejando sus apuntes a un lado —. ¿Te sientes mal?
—No…solo… —No logro terminar la frase. Me duele el pecho. Me duele todo —. Necesito estar sola.
—Pero…
—Por favor, Lucas —mi voz suena más dura de lo que quería —.
Lucas asiente con los labios apretados y me observa avanzar hacia mi habitación. Mi madre sale de la cocina justo cuando intento cerrar la puerta.
—Nicole, ¿ocurre algo?
—Nada, mamá. Solo…necesito descansar.
Cierro la puerta y giro el seguro. Apoyo la espalda contra la madera y siento cómo mi mundo empieza a derrumbarse. Respiro rápido. Intento seguir el ejercicio que mi terapeuta me enseñó. Inhala profundo, cuenta hasta cuatro. Exhala lento, cuenta hasta seis.
Uno…dos…tres…cuatro.
Nada.
El aire no entra, el pecho se me comprime y la habitación parece encogerse conmigo. Camino hasta el escritorio y me aferro a los bordes, pero mis dedos tiemblan tanto que el resto del cuerpo los imita.
La cena.
La mirada de Alejandro.
La estúpida sonrisa de Adriana.
Todo llega a mi mente de golpe.
“No vas a encontrar a nadie mejor.”
“Eres incompetente, Nicole.”
Las voces se mezclan con risas, con susurros en los pasillos, con las burlas a mis espaldas. Las noches en las que creí que el amor dolía porque así debía ser. Me llevo las manos al rostro. No quiero volver ahí. Pero las imágenes siguen llegando. Él cerrando la puerta, acercándose, yo encogiéndome en el rincón. Su voz dulce y venenosa. El sonido de mi propio llanto ahogándose entre sus palabras.
Abro los ojos y veo mi reflejo en el espejo del tocador. No reconozco a esta chica. No se parece en nada a la que era hace apenas unas horas.
—Basta —murmuro —.
Camino por la habitación, intento anclarme a la realidad. Toco las cortinas, el borde de la cama, los libros apilados. Pero mi cuerpo no responde como quiero.
La ansiedad me devora.
Y algo se rompe.
Primero lanzo el cojín al suelo, después un libro, luego otro.
Los objetos caen con golpes sordos hasta que el cuarto se convierte en un caos. Del otro lado de la puerta, Lucas golpea.
—¡Niki, abre! —su voz suena alarmada —. ¡Por favor, dime qué pasa!
—¡Déjame! —grito —.
La desesperación me ahoga, camino en círculos, tropiezo con las cosas esparcidas. Una imagen me atraviesa como un cuchillo: Alejandro con Adriana, sus manos enlazadas, mi nombre convertido en burla. “¿De verdad creíste que te amaba?”.
Grito.
No sé si de rabia, de miedo o de impotencia.
Entonces escucho a mi madre.
—Nicole, cariño Abre la puerta, por favor.
La desesperación en su voz me quiebra. Intento acercarme, pero tropiezo y caigo de rodillas. Un ardor punzante me atraviesa la mano. De pronto, un golpe seco. La puerta cede.
—¡Mamá! —la voz de Lucas tiembla —. ¡Está pasando otra vez!
Intento incorporarme, pero el cuerpo no responde. Todo se vuelve borroso y de pronto siento las manos de lucas sosteniéndome, su voz repitiendo mi nombre.
—Tranquila, ya está. Respira conmigo. Vamos.
Lo intento.
—No puedo —susurro —. No puedo…
Y entonces, el cuerpo cede.
Todo se apaga.
+ + + + +
Cuando abro los ojos, la habitación está en silencio. La luz de la lámpara ilumina los rostros preocupados de mamá y Lucas. Tengo una venda en la mano. El aire huele a alcohol.
—Tranquila, no hables —dice mamá, acariciándome el cabello —. Todo está bien amor.
No lo está.
Nada lo está.
Miro el suelo cubierto de fragmentos: fotos, papeles, objetos rotos. Entre ellos, el portarretrato de Alexander, hecho añicos.
El pecho me duele.
Lucas se levanta del borde de la cama. Tiene los ojos rojos.
—No sé que pasó y no voy a preguntar ahora —dice, conteniendo la voz —. Pero más le vale a Alexander no tener nada que ver con esto.
No puedo hablar. Me hago bola en la cama, escondiendo el rostro entre las rodillas.
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Editado: 30.12.2025