Bajo el mismo cielo

CAPÍTULO 25

NICOLE

Desperté con el calor de Alex todavía a mi lado, su brazo rodeándome con esa firmeza que al mismo tiempo trasmitía suavidad. Cerré los ojos unos segundos más, intentando retener el recuerdo de anoche como si aferrarme a él pudiera prolongar la sensación de seguridad que todavía me recorría por dentro. Sentí sus manos recorrer mis brazos, sus dedos sosteniéndome con firmeza y cuidado y mi pecho se llenó de un calor que iba más allá del deseo físico. Era ternura, amor, protección. El tipo de contacto que no lastima no exige, que simplemente acompaña. Me acomodé más cerca de él, apoyando mi cabeza a su pecho y dejé que sus brazos me abrazaran. Cerré los ojos y respiré profundo, dejando que la tranquilidad de ese momento me envolviera. Cada roce, cada pequeño gesto, me hablaba de seguridad, confianza y deseo compartido.

Cierro los ojos un instante más, intentado recordar la noche anterior sin que duela. Pero no duele. Eso es lo primero que noto. No hay presión en el pecho, no hay ese nudo que me ahoga después de tomar una decisión. Solo un sentimiento más ligero. Me acurruqué más, disfrutando el calor de su cuerpo, del ritmo de su respiración, del silencio que nos envolvía. Y mientras sentía su brazo rodeándome, comprendí que no tenía que temer al amor ni huir de la intimidad. Con él podía ser fuerte y débil al mismo tiempo. Podía amar y dejarme amar.

—¿Estás despierta? —su voz suena baja, apenas un susurro sobre mi cabello.

Levanto la mirada lentamente. Alex ya me está mirando. No hay prisa en sus ojos. No hay expectativa. Solo atención. Eso me desarma un poco.

—Creo que sí —respondo, con una pequeña sonrisa.

Él no se mueve bruscamente ni intenta cambiar nada. Solo acomoda un poco su brazo para que esté más cómoda.

—¿Dormiste bien?

Asiento, aunque tardo un segundo en hacerlo.

—Sí…mejor de lo que esperaba.

Su mirada se suaviza y me sonríe.

—Me alegra.

Hay un silencio breve. No es incómodo, pero sí lleno de algo que ninguno de los dos dice todavía. Siento cómo mis dedos se mueven solos sobre su camisa, siguiendo una costura invisible, como si necesitaran algo que hacer. Alex no aparta la mirada.

—Niki…—dice con cuidado—. ¿Estás bien?

La pregunta queda suspendida entre nosotros. No es invasiva, ni directa…solo abierta y eso hace que sea más difícil de responder.

—Sí…—empiezo, pero me detengo—. O sea…creo que sí.

Él no me interrumpe. Solo espera a que termine de hablar.

—No me siento mal —añado, más despacio—. Y eso ya es raro para mí.

Una pequeña risa nerviosa se me escapa, pero no dura mucho.

—Pensé que…—dudo un poco antes de decirlo—. No sé, que iba a despertar sintiéndome culpable, incómoda o…rota.

Levanto la mirada, buscando la reacción de Alex.

—Pero no me siento así —termino, casi en un susurro.

—Eso es bueno, amor —dice con calma.

Asiento, aunque mis dedos se tensan un poco.

—Sí…pero también me asusta.

Ahí está, por fin dije la verdad. Alex inclina un poco la cabeza.

—¿Qué es lo que te asusta?

Me tomo unos segundos antes de responder. No quiero decir algo que no entienda ni yo misma.

—Que sea demasiado bueno. Que esto…—nos señalo a los dos con el dedo— se sienta tan bien y que en algún momento…cambié.

—No puedo decirte con certeza que es lo que va a pasar en el futuro, pero puedo asegurarte que… no te soltaré, pequeña.

Siento como la nariz comienza a picar ligeramente.

—¿Y si arruino algo? —pregunto, casi sin darme cuenta.

Alex niega suavemente.

—No estás arruinando nada.

Su tono es firme, pero a la vez transmite suavidad y seguridad.

—Ayer no hiciste nada mal, Niki. Nada

Siento que algo dentro de mí se afloja.

—¿Seguro?

Él sonríe apenas, pero no con burla, sino con una especie de ternura. Cómo si mi pregunta fuera inocente.

—Seguro.

Aquello me calma, pero a la vez me da miedo. Apoyo la cabeza otra vez en su pecho.

—Alex…

—¿Sí?

—Si en algún momento…—dudo, pero continuó—. Si en algún momento me asusto o necesito parar…no es por ti.

—Lo sé —dice enseguida.

—¿De verdad?

—Sí —dice, sin dudar—. Y si pasa, solo me lo dices. No tienes que explicarlo todo en ese momento.

Cierro los ojos. Eso…eso es lo que necesitaba. No una solución, no una explicación. Solo un espacio donde no tenga que justificar cada reacción. Alex se levanta suavemente, me da un beso en la frente y mientras se pone su pantaloneta yo me acurruco para dormir un poco más.

—Voy a hacernos el desayuno —dice y yo no puedo estar más feliz por las atenciones que me brinda.




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