Bajo El Mismo Cielo

Capitulo 1

El cielo de Seúl amanecía despejado. La brisa de la mañana recorría las calles mientras cientos de estudiantes caminaban con prisa hacia el instituto, algunos conversando animadamente y otros revisando apuntes antes de entrar.

Entre ellos iba Kim Minho.

Llevaba el uniforme perfectamente acomodado. La camisa blanca estaba impecable, la corbata bien ajustada y el saco sin una sola arruga. Su cabello negro, con las puntas teñidas de un azul intenso, estaba cuidadosamente peinado. Sus lentes descansaban sobre el puente de su nariz mientras observaba el camino con tranquilidad.

En una mano sostenía su mochila y en la otra un pequeño vaso de café caliente que había comprado antes de llegar.

—Buenos días, Minho.

—Buenos días.

Respondía con una ligera inclinación de cabeza a cada compañero que lo saludaba. No era alguien especialmente sociable, pero siempre era amable con los demás.

Al cruzar el portón del instituto, el bullicio de los estudiantes llenó el ambiente. Algunos corrían para no llegar tarde, otros reían en los pasillos y varios clubes ya preparaban sus actividades matutinas.

Minho caminó sin apresurarse. Subió las escaleras hasta el segundo piso, donde se encontraba su salón. Al llegar, deslizó la puerta y entró.

—Buenos días.

—¡Buenos días, Minho!—Varios compañeros respondieron al mismo tiempo.

Él dejó su mochila junto a su pupitre, cerca de la ventana, acomodó con cuidado sus cuadernos y tomó asiento. Mientras esperaba el inicio de las clases, abrió un libro y comenzó a leer en completo silencio. A su alrededor el salón era un caos de conversaciones, risas y bromas, pero nada parecía distraerlo.

Era, hasta ese momento...un día completamente normal.

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°°°°°°°

La primera clase transcurrió con normalidad. El profesor escribía fórmulas en el tablero mientras algunos estudiantes tomaban apuntes y otros luchaban por mantenerse despiertos. Minho, como de costumbre, prestaba atención. Cuando sonó el timbre anunciando el descanso, el salón se lleno de conversaciones.

—¡Vamos a la cafetería!

—¿Ya hicieron la tarea de historia?

—Escuché que hubo otra pelea está mañana...

Esa frase llamó la atención de varios estudiantes.

—¿Otra vez Park Igor?

—¿Quien más? Dicen que dejo a uno sangrando.

—Ese tipo está loco...

Minho levantó la vista de su libro por un instante. Park Igor. Había escuchado ese nombre varias veces desde que comenzó el semestre. El hijo de un importante congresista. El estudiante al que casi ningún profesor se atrevía a enfrentar, el chico que siempre terminaba involucrado en peleas, sin decir una palabra, volvió la vista a su libro. No era un asunto suyo, o al menos eso pensaba.

De pronto...

—¡Están en el patio trasero!

—¡Corran!

Los gritos comenzaron a escucharse desde el pasillo. En cuestión de segundos, decenas de estudiantes salieron corriendo del salón para ver qué ocurría, algunos incluso sacaron sus teléfonos.

Minho cerro lentamente el libro y suspiro.

—Qué escándalo...

Se acomodó los lentes con un dedo y permaneció sentado unos segundos más. No tenía el menor interés en ver otra pelea.

Sin embargo.... Los gritos no cesaban.

—¡Van a matarlo!

Esa frase hizo que Minho frunciera ligeramente el ceño. Guardo el libro de su mochila, se levantó de su asiento y salió del salón caminado con calma. No iba por curiosidad, solo quería comprobar que nadie estuviera cruzando el límite.

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°°°°°°°°

El patio trasero del instituto estaba rodeado por una multitud de estudiantes. Nadie intervenía, solo observaban. Algunos grababan con sus teléfonos; otros murmuraban entre ellos, demasiado asustados para acercarse.

En el centro del círculo, un joven yacía en el suelo, cubriéndose la cabeza con los brazos. Frente a él estaba Park Igor. Llevaba la camisa del uniforme por fuera del pantalón, la corbata aflojada y las mangas remangadas hasta los codos. Su cabello rojo estaba completamente despeinado y un pequeño rasguño marcaba una de sus mejillas.

Sin decir una sola palabra, lanzó otro golpe, el estudiante apenas pudo protegerse.

¿Eso era todo lo que tenías? —preguntó Igor con una sonrisa fría—. Hace unos minutos hablabas muy fuerte.

Nadie respondió. Todos conocían la reputación de Igor. Enfrentarlo significaba buscarse problemas. En ese momento, una voz tranquila rompió el silencio.

—Ya es suficiente.

Los estudiantes giraron la cabeza al mismo tiempo. Minho caminó entre la multitud con paso sereno. No parecía enfadado. Tampoco nervioso. Solo caminaba y se detuvo a unos metros de Igor.

—Si sigues golpeándolo, terminarás enviándolo al hospital.




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