Bajo El Mismo Destino

17

Bianca

El campus está más tranquilo de lo normal. Tal vez soy yo, que hoy estoy distraída.

Camino despacio, con los libros apretados contra el pecho, repasando mentalmente una clase que apenas escuché. Hay días en los que todo parece avanzar y otros… como hoy, en los que siento una extraña inquietud, como si algo estuviera a punto de pasar.

Me detengo un momento cerca de la fuente principal y levanto la vista sin saber por qué.

Y entonces lo veo.

Por un segundo pienso que mi mente me está jugando una broma cruel.
Pero no.

Es él.

Vittorio.

Está ahí, de pie, con un ramo de rosas rojas en las manos, mirándome como si el mundo entero se hubiera reducido a este instante. El tiempo se detiene. El ruido desaparece. Mi corazón empieza a latir tan fuerte que me cuesta respirar.

—No… —susurro para mí misma.

Mis pies se mueven solos. Doy un paso. Luego otro. Hasta que estamos frente a frente.

—Hola, Bianca —dice él, con esa voz que reconocería en cualquier lugar.

Los ojos se me llenan de emoción.

—Volviste… —logro decir.

Asiente despacio.

—Te lo prometí.

No pienso más. Dejo los libros a un lado y me lanzo a abrazarlo con fuerza, como si soltarlo significara perderlo otra vez. Él me rodea con los brazos de inmediato, firme, real.

—Te esperé —murmuro contra su pecho.

—Y yo conté cada día —responde.

Se separa solo lo suficiente para mirarme y me extiende las rosas.

—Son para ti.

Las tomo con manos temblorosas.

—Son hermosas… gracias.

Lo miro a los ojos. Los mismos ojos que no olvidé en todo un año.

—¿Aún…? —empiezo, con miedo— ¿Aún quieres…?

No me deja terminar. Se inclina y deposita un beso suave en mi frente, lleno de promesas.

—Más que nunca.

Sonrío, con el corazón desbordado.

Y en medio de la universidad, entre miradas curiosas y un cielo completamente despejado, sé que el año de espera valió la pena.

Porque Vittorio está aquí.
Y esta vez… no se va.

Lo observo un segundo más, como si necesitara asegurarme de que es real. De que no voy a parpadear y desaparecerá otra vez.

—Estás… más guapo —digo al fin, sin pensarlo demasiado.

Vittorio sonríe de lado, esa sonrisa tranquila que siempre me desarma.

—Y tú tienes el cabello más largo —responde—. Te queda precioso.

Siento cómo el calor me sube a las mejillas.

—Gracias.

Camina a mi lado, como si nunca se hubiera ido, como si este último año no hubiera existido.

—¿Aún tienes clases hoy? —me pregunta.

Niego con la cabeza.

—No. Hoy terminé temprano.

—Perfecto —dice—. Entonces te robo un rato.

Estoy a punto de responder cuando escucho mi nombre.

—¡Bianca!

Me giro y veo a Lucía, una de mis compañeras, acercándose con un libro en la mano.

—Se te olvidó esto en la biblioteca —dice, extendiéndomelo.

—Gracias, lo habría perdido —respondo, tomándolo.

Pero Lucía no se va enseguida. Sus ojos se deslizan directamente hacia Vittorio, evaluándolo sin ningún pudor.

—Hola —dice ella, sonriendo—. Soy Lucía.

—Vittorio —responde él con educación.

—¿Eres…? —empieza ella, mirándolo de arriba abajo— ¿hermano, novio, amigo?

Antes de que él pueda contestar, doy un pequeño paso hacia adelante, colocándome sin darme cuenta más cerca de Vittorio.

—Es… importante para mí —digo, con una sonrisa tranquila pero firme.

Lucía levanta una ceja, divertida.

—Vaya —dice—. Con razón.

Luego vuelve a mirarlo.

—Mucho gusto, Vittorio.

—Igualmente —responde él, amable, pero sin apartar la mirada de mí.

Lucía se despide con un gesto y se aleja, lanzándole una última mirada curiosa antes de irse.

Yo exhalo despacio.

—Mis compañeras pueden ser un poco… directas —murmuro.

Vittorio sonríe, divertido, y se inclina un poco hacia mí.

—No me molesta —dice en voz baja—. Pero debo admitir que me gustó cómo te acercaste.

Lo miro, intentando parecer indiferente.

—¿Ah, sí?

—Sí —responde—. Me hizo sentir que… aún me eliges.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.