Algunos hombres nacen monstruos.
Otros son creados por el amor.
El fin.
Hubo un tiempo
en que mi corazón era un hogar abierto.
Creí en promesas,
en manos entrelazadas,
en el futuro que se susurra al oído.
Pero la traición
no llega gritando.
Llega en silencio,
con la sonrisa
de quien juró quedarse.
Y cuando se va,
deja algo peor que el vacío:
deja un hombre
que aprende a amar
como aman los depredadores.
— Isaías Delmonte
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Editado: 25.03.2026