En una emboscada, Yara fue alcanzada por una lanza. La herida sangraba profundamente. Alonso la cargó en brazos, desesperado, rogando a los dioses que ella sobreviviera.
Encontraron refugio en una cueva junto al río. Alonso limpió la herida con sus ropas, recordando las enseñanzas de Yara sobre hierbas medicinales. Pasó noches en vela, sosteniendo su mano, susurrando palabras en español que ella no comprendía, pero cuyo tono era puro amor.
La fiebre la consumía. Entre delirios, Yara veía el rostro de su madre fallecida y escuchaba la voz del chamán: “Tu destino decidirá el futuro de dos pueblos”.
Alonso, con lágrimas, juró que daría su vida por salvarla.
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Editado: 01.09.2025