— General, las tropas han sido atacadas por algo — exclamó el subordinado del entonces General Zarko Bozovic.
— Todo está bien mi pequeño amigo, seguramente las brujas piensan que estamos detrás de ellas — dijo Zarko con voz calmada, mientras que, los demás soldados a su cargo ya no querían volver al bosque a patrullar. Zarko incrédulo a la situación decidió ir el mismo al bosque. Caminaron unos cuantos metros bajo la noche y el espesor del bosque, todo parecía muy tranquilo, hasta que, un grupo de hadas susurró — Cuidado con aquellas que nunca han visto el sol y cuya piel se quema al mediodía —. El bosque, antes sereno, se transformó de golpe; el frío se hacía notar, las miradas perdidas en la oscuridad comenzaban a nacer...
— General, ¿Qué hay que hacer? — dijo el subordinado con una voz temblorosa.
— Somos soldados, no hay nada de que temer, ¡Formación defensiva! — Gritó Zarko mientras sostenía un rosario con su mano derecha y con su mano izquierda una espada de hierro. Hubo un silencio en el bosque durante unos minutos, hasta que apareció el Capitán Ezra Vane con unas velas.
— Tal parece que necesitan ayuda general — Dijo Ezra con voz de desprecio — Estos bosques son algo… impredecibles —.
Zarko comenzó a dudar de Ezra a tal punto que se volvió el posible enemigo.
— ¿Cómo supiste que estábamos aquí? — Preguntó Zarko.
Ezra se dio cuenta que ya estaban desconfiando de el.
— El hermano de un conocido mío me envió por usted — Dijo Ezra con una emoción eufórica, mientras que dos vampiros estrigos salían de las sombras. Cada uno medía más de dos metros con una piel oscura y fría, tenían alas imponentes y dientes que rompían los huesos fácilmente, eran bestias descomunales y nunca antes vistas.
— ¿Ahora le sirves a demonios? — Fue lo único que pudo decir Zarko. Ezra comenzó a reír como loco y los vampiros lentamente sacaban sus garras para comenzar una masacre.
— Eres un estorbo Zarko, yo debí ser el general… cuando era niño mi madre enfermó, mi padre simplemente nos abandonó, me dijo que no estaba listo para ir con el — Zarko confundido no sabía por qué le decía todo esto.
— No fue mi culpa que el rey me nombrara general — Dijo Zarko consternado.
— El rey murió Zarko, mi padre me envió por ti, eres el único humano que queda… Solo eres ganado y yo el granjero — Dijo Ezra mientras se lanzó hacia Zarko con una velocidad de otro mundo. Los estrigos, lentos pero letales, de un solo movimiento partieron en dos a los soldados, todos quedaron desmembrados. Por otro lado Zarko y Ezra peleaban al filo de las espadas, hasta que Ezra acertó un golpe en las piernas de Zarko y clavó su espada en su débil corazón.
— ¿Por qué lo hiciste? — Dijo Zarko a punto de morir.
— Los padres quieren más ganado — Respondió Ezra y a su vez sacando su espada del pecho de Zarko, dándole fin a su vida.
A los pocos minutos de morir Zarko, su cuerpo desaparecio y los vampiros sin tomarle importancia, pensaron que las bestias del bosque se lo habian llevado. Sin saber que Zarko estaria haciendo un trato con la muerte.
— Zarko Bozovic, las sombras te reclaman — Dijo uno de los sirvientes de la muerte.
Zarko despertó en un vacío oscuro y frío. No entendía dónde estaba ni por qué seguía vivo, observó su entorno e incrédulo a la situación comenzó a rezar, su voz se volvía cada vez más baja y sus pulmones dejaron de funcionar, estaba parado sin poder hacer nada, solo podía observar la oscuridad. De repente, la muerte se hizo presente y comenzó a reírse de él.
— Tu dios no te escucha, eres débil y ahora me perteneces — Le dijo la muerte mientras sacaba un contrato. Zarko solo podía observar lo que sucedía, ¿quién diría que la muerte vestía lino fino y joyas preciosas? Muerte le permitió hablar nuevamente a Zarko aunque para eso primero tuvo que escuchar la propuesta de La Muerte:
— Te daré una segunda oportunidad pequeño humano… pero tendrás que ser mi soldado, los vampiros rompieron las reglas y solo yo tengo el poder para enfrentarlos —.
Zarko un poco confundido entendió que su misión ya no era proteger un reino o a sus líderes, era ser un cazador de vampiros. Pensó en Ezra y cómo lo traicionó, esta era una gran oportunidad de venganza, sin importar el precio.
— Acepto, seré tu perro de caza — dijo Zarko, mientras que Muerte transformó el vacío y oscuridad en una armería, si agarraba cualquier cosa el contrato se firmaba. Zarko miró una espada de plata con un grabado peculiar:
"Pater noster, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum." Zarko supo que esa espada provenía del cielo y pidió explicaciones.
— ¿Por qué tienes esta espada? — Le preguntó a Muerte algo incrédulo a la situación.
— El cielo está arriba y el infierno abajo, yo solo dirijo a las almas — Le respondió Muerte aunque su respuesta dejó con más dudas a Zarko.
— Hace siglos el cielo y el infierno crearon a los padres vampiros con el fin de cuidar y observar la vida en la tierra, hasta que pasó lo inimaginable — Dijo muerte mientras llevaba a Zarko al pasado, todo era paz y armonía hasta que los vampiros descubrieron su verdadero poder.
— El infierno los castigó con hambre y el cielo los castigó con la luz — Comentó Muerte mientras volvían al presente. Muerte le preguntó a Zarko si quería ser el cazador, tendría dones pero no humanidad. Zarko aceptó y Muerte lo llevó de nuevo a la tierra. Zarko apareció donde murió días antes, un rayo cayó del cielo y él salió de la luz, más fuerte, más hábil y con sed de venganza. Muerte le dijo que fuera a las montañas y que buscara la cueva más oscura, sin más, muerte se fue, dejándolo con la espada de plata.