Bajo El Velo Del Imperio

Capítulo 5 — Un Secreto en el Palacio

La vida en el palacio tenía dos rostros. Por fuera, lujo, risas, música y política. Pero por dentro, había pasillos donde caminaban el poder, la envidia… y el peligro.

Ester, ahora reina, se movía entre los salones con gracia. Aprendía los protocolos, las lenguas extranjeras, las intrigas de la corte. Pero en su corazón guardaba un secreto que ni el rey conocía: su identidad como judía.

Mardoqueo le había suplicado:

—No reveles tu origen todavía, hija. Persia no comprende a nuestro pueblo. Guarda tu verdad… hasta que llegue el momento.

Y Ester, aunque sentía que ocultaba una parte de sí, obedeció. Pero no dejó de mantenerse cerca de Mardoqueo. Cada mañana, él paseaba cerca de la entrada del palacio para saber de ella. No podía entrar, pero su presencia la fortalecía.

Fue en una de esas mañanas cuando escuchó algo que heló su sangre.

Escondido tras una columna, Mardoqueo oyó a dos guardias reales planeando un complot.

—Esta noche, cuando el rey esté solo con su copa de vino, lo atacaremos —susurró uno—. Será rápido, nadie sospechará de nosotros.

—Lo haremos por fin. Ya basta de sus decisiones impulsivas.

Mardoqueo no dudó. Corrió al palacio y logró enviar un mensaje urgente a Ester.

Esa noche, en su cámara privada, ella estaba sentada junto al rey, jugando con la copa entre los dedos. Lo miraba con dulzura mientras le decía:

—Majestad… me han contado algo grave. Hay un plan contra tu vida.

Asuero frunció el ceño. La miró a los ojos, buscando señales de duda. No encontró ninguna.

—¿Quién te lo dijo? —preguntó con voz preocupado y al mismo tiempo estudiando la expresión de su joven reina.

—Alguien muy leal a ti. Lo escribió para que lo supieras.

El rey llamó de inmediato a sus guardias. Investigaron. Interrogaron. Y encontraron a los culpables. Fueron colgados esa misma semana en la plaza de Susa. Todo quedó registrado en el libro de las crónicas reales.

Esa noche, el rey no durmió. Se quedó sentado en su escritorio, leyendo los registros, pensando en esa joven que no solo era hermosa… sino valiente, inteligente, y leal.

Mientras tanto, Mardoqueo volvió a su rutina silenciosa en las puertas del palacio. No buscaba aplausos. Solo deseaba que su hija adoptiva cumpliera el propósito por el que, sin saberlo, había sido llevada allí.

Pero lo que ninguno de ellos sabía… era que en la sombra se levantaba un nuevo enemigo. Uno con sed de poder. Y de venganza.




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