Bajo la corona de sangre

Capitulo 4: El nuevo asistente

La noticia se extendió por las cocinas antes de que saliera el sol. -¿Han Do? -¿El nuevo? -¿Lo eligieron a él? Los sirvientes apenas podían creerlo. Ser asignado al servicio del príncipe heredero era un honor reservado para quienes llevaban años demostrando absoluta lealtad. Que un recién llegado obtuviera ese puesto era algo que nadie recordaba haber visto. Do-yun permanecía en silencio mientras doblaba cuidadosamente el uniforme que le habían entregado aquella mañana. Era diferente al de los demás ayudantes. Más elegante. De mejor tela. Pero también significaba una responsabilidad mucho mayor. A partir de ese día, un solo error podía costarle la vida. --- Antes de abandonar las cocinas, el encargado se acercó a él. -Escúchame bien, Han Do. Do-yun levantó la cabeza. -El príncipe heredero no tolera la incompetencia. Pero tampoco soporta las mentiras. Harás exactamente lo que te ordenen. No hablarás si no te preguntan. No mirarás directamente a los ojos de los miembros de la familia real. Y jamás repetirás lo que escuches dentro de sus aposentos. ¿Entendido? -Sí, señor. -Bien. Sígueme. --- Los dos atravesaron una parte del palacio que Do-yun nunca había visto. Los pasillos eran más amplios. Las columnas estaban decoradas con tallas de antiguos reyes. Grandes ventanales dejaban entrar la luz de la mañana. Cada pocos metros había guardias vigilando. No eran soldados comunes. Sus armaduras estaban mejor cuidadas. Sus espadas parecían de una calidad excepcional. Do-yun comprendió inmediatamente que aquellos hombres eran la élite de la Guardia Real. Incluso él tendría dificultades enfrentándose a varios de ellos al mismo tiempo. Y provocar una pelea allí sería un suicidio. --- Tras cruzar otro portón de hierro, llegaron al ala privada del príncipe heredero. Dos guardias bloquearon el paso. -Identifíquense. El encargado mostró un pergamino con el sello del mayordomo real. Uno de los guardias revisó el documento con atención. Después observó a Do-yun. -¿Es él? -Sí. El nuevo asistente. El guardia mantuvo la mirada sobre Do-yun unos segundos más. Como si intentara descubrir quién era realmente. Finalmente dio un paso a un lado. -Pueden pasar. Las puertas se abrieron lentamente. Do-yun cruzó el umbral. Por primera vez... había entrado en el lugar donde vivía el hombre al que debía asesinar. Y todavía estaba muy lejos de imaginar que aquella misión sería mucho más difícil de lo que creía.Las puertas se cerraron lentamente tras Kang Do-yun. El sonido metálico retumbó por el corredor. Aquel lugar era muy distinto al resto del palacio. No había sirvientes corriendo de un lado a otro. No había gritos. Todo estaba cuidadosamente organizado. El silencio dominaba el ambiente. Una mujer de porte elegante se acercó con pasos tranquilos. Su cabello estaba perfectamente recogido y vestía el uniforme de las damas de compañía. -Bienvenido al ala del príncipe heredero. Do-yun inclinó la cabeza. -Mi nombre es Han Do. La mujer hizo una leve reverencia. -Soy Lady Eun Ji-ah. A partir de hoy supervisaré parte de tu trabajo. Su voz era amable, pero sus ojos analizaban cada movimiento del joven. Había aprendido a desconfiar de todos. En el palacio, un error podía costar muchas vidas. -Sígueme. --- Mientras caminaban por los pasillos, Lady Eun Ji-ah fue explicándole las normas. -El príncipe suele levantarse antes del amanecer. Entrena todos los días. Después estudia asuntos del reino. Recibe lecciones de estrategia, economía y derecho. Solo descansa cuando termina sus obligaciones. Do-yun escuchaba atentamente. Aquello no coincidía con la imagen del príncipe caprichoso que tantos describían. -Otra cosa. Lady Eun Ji-ah se detuvo. -Nunca entres en sus habitaciones sin permiso. Y nunca toques sus pertenencias. -Entendido. Continuaron caminando. Al pasar frente a un amplio patio, el sonido de espadas chocando llamó la atención de Do-yun. Clang. Clang. Clang. Movido por la curiosidad, dirigió discretamente la mirada hacia el lugar. En el centro del patio... Seo Ha-jun entrenaba. Vestía ropa sencilla de entrenamiento. Frente a él había tres caballeros de la Guardia Real. El combate era intenso. Uno atacó por la izquierda. Ha-jun desvió la espada con precisión. Otro intentó aprovechar la abertura. El príncipe giró sobre sí mismo y lo desarmó. El tercero avanzó de frente. En apenas unos movimientos también terminó en el suelo. No había arrogancia en sus gestos. Solo disciplina. Respiraba con calma. Como alguien acostumbrado a repetir aquel entrenamiento cada día. Do-yun quedó sorprendido. «No es un príncipe que solo da órdenes...» Lady Eun Ji-ah notó que observaba. -Su Alteza considera que un futuro rey debe ser capaz de defender a su pueblo... y defenderse a sí mismo. Do-yun bajó la mirada inmediatamente. -Perdón. Ella no respondió. Solo continuó caminando. Pero aquella escena quedó grabada en la memoria de Do-yun.Horas después... El príncipe se encontraba revisando documentos en su despacho. Frente a él estaba Yun Seong-min. -¿Ese es el nuevo asistente? -Sí, Su Alteza. -¿Qué opinas de él? Seong-min permaneció pensativo. -Trabaja bien. Aprende rápido. Pero... Hizo una pausa. -Hay algo extraño. Ha-jun levantó la vista. -¿Extraño? -Sus manos. No son las de un cocinero. Tienen cicatrices antiguas. Cicatrices de espada. El despacho quedó en silencio. Ha-jun recordó el breve informe sobre el incidente ocurrido días atrás. Aquel joven había intervenido para proteger a otro sirviente. No era un comportamiento común. -No lo acusaremos sin pruebas. -Lo sé. -Pero obsérvalo. Discretamente. Seong-min inclinó la cabeza. -Como ordene. --- Esa misma tarde... Do-yun ayudaba a ordenar unos estantes cuando escuchó voces provenientes de un salón cercano. Las puertas estaban entreabiertas. Sin querer, distinguió una conversación. -El pueblo comienza a murmurar otra vez. Era la voz del rey. Fría. Autoritaria. -Los impuestos volverán a aumentar. Nadie respondió. Entonces habló Seo Ha-jun. -Padre... las cosechas de este año fueron pobres. Si aumentamos los impuestos ahora... Muchos pasarán hambre. El silencio que siguió hizo que incluso los consejeros evitaran respirar. El rey caminó lentamente hasta quedar frente a su hijo. -¿Estás cuestionando mis decisiones? -Solo expongo la situación del reino. Sin previo aviso... El rey levantó la mano. El golpe resonó en toda la sala. Nadie se movió. Nadie habló. Seo Ha-jun mantuvo la cabeza baja. No respondió. No por miedo. Sino porque sabía que cualquier discusión solo empeoraría las cosas. Desde el pasillo, Do-yun sintió un escalofrío. Aquella imagen destrozó parte de la idea que tenía del príncipe. Había esperado ver a un heredero idéntico a su padre. Pero lo que acababa de presenciar era muy diferente. Por primera vez... dudó. ¿Y si había aceptado una misión basada únicamente en rumores? Antes de que pudiera seguir pensando, una mano se apoyó sobre su hombro. Era Lady Eun Ji-ah. Su expresión era seria. -Han Do. No hagas preguntas sobre lo que acabas de escuchar. Olvídalo. Es lo único que puede mantenerte con vida. Do-yun asintió lentamente. Pero sabía que jamás podría olvidar aquella escena. --- Esa noche... Seo Ha-jun permanecía solo en el patio de entrenamiento. La mejilla aún le ardía por el golpe recibido. Tomó su espada de madera. Y comenzó a practicar una y otra vez. Cada movimiento era más fuerte que el anterior. No entrenaba porque quisiera ser el mejor. Entrenaba porque era la única forma que conocía de soportar el peso de ser el heredero de un rey como Seo Jin-woo. Desde una ventana cercana, Do-yun observó aquella escena durante apenas unos segundos antes de marcharse. Sin darse cuenta... La primera grieta en el odio que sentía hacia el príncipe acababa de aparecer. Y en otro lugar del palacio... Seo Ha-jun comenzó a preguntarse quién era realmente aquel nuevo asistente de mirada tan extrañamente familiar. Fin del Capítulo 4.



#4883 en Novela romántica
#1526 en Otros

En el texto hay: amor lgbt, social, opuestos se atraen

Editado: 01.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.