Bajo la corona de sangre

Capitulo 16: Bajo capas de verdad

El palacio había cambiado su ritmo. Estaban ordenando más y estaban trabajando más. Más guardias en pasillos que antes estaban vacíos. Más revisiones en documentos que antes pasaban sin control. En resumen... más trabajo. En el patio de entrenamiento… El sonido de espadas chocando rompía la calma de la mañana. CLANG. Yun Seong-min avanzaba con precisión. Ha-jun bloqueaba sin la misma firmeza de siempre. El capitán lo notó. Detuvo el combate. —Otra vez estás distraído. Ha-jun respiró hondo. —Estoy bien. Seong-min no bajó la espada. —No. Pausa. —No lo estás. Silencio. Ha-jun no respondió. Solo bajó ligeramente la mirada hacia su arma. A unos metros… Do-yun observaba desde un punto elevado del corredor. No era una misión directa. Pero necesitaba entender el entorno del príncipe. Cada reacción. Cada cambio. Cada error. —… Sus ojos se estrecharon ligeramente. Ha-jun no estaba entrenando como siempre. Algo lo estaba afectando. Pero no sabía qué. En el área administrativa… Ji-ah organizaba documentos del evento diplomático próximo. Min Seo-ah estaba a su lado revisando detalles del protocolo. —El palacio está más estricto que antes. Comentó la princesa. Ji-ah levantó la mirada. —No es habitual que el rey refuerce seguridad sin motivo. Min Seo-ah sonrió levemente. —O tal vez es posible que estén preparando algo. Ji-ah sonrió un poco. —Tiene razón. Más tarde… Do-yun regresó a la biblioteca privada. El lugar donde todo había comenzado a cambiar. Allí se encontró con Ha-jun. —Oh, Su Alteza, pensé que estaba entrenando. Ha-jun frunció ligeramente el ceño y después sonrió un poco. —No todo el tiempo estaré entrenando. Do-yun sonrió. —Sí, tiene razón. —Trabajas demasiado tarde. Do-yun giró ligeramente. Ha-jun entró lentamente. —No necesitas trabajar tanto, después de todo también eres mi sirviente personal. Pausa. Do-yun no respondió. Ha-jun observó la habitación. Luego a él. —No has dormido. No era una pregunta. Do-yun dudó un segundo. —He estado trabajando mucho. Ha-jun frunció ligeramente el ceño. —Bueno, también mereces descansar. Silencio. Do-yun eligió no responder del todo. —Sí, lo haré, lo prometo. Ha-jun lo miró en silencio con una leve sonrisa. —Bueno... es una promesa. Un momento después… Ambos comenzaron a ordenar documentos juntos. Sin hablar demasiado. Pero con más tensión que antes. No incómoda. Sino contenida. Como si ambos supieran que algo había cambiado… pero ninguno pudiera nombrarlo. La noche comenzó a caer otra vez. Y el palacio volvió a su estado habitual. Luz baja. Pasillos largos. Guardias en silencio. Pero algo se estaba acumulando debajo de esa calma. Y Do-yun lo sabía. Aunque aún no tenía el nombre correcto para ello. En algún lugar del palacio… Una puerta se cerró lentamente. Y una figura desconocida dejó un informe sellado sobre una mesa privada. Sin nombre visible. Solo un símbolo. El del rey. Do-yun lo desconocía aún. Pero estaba más cerca que nunca. Y al mismo tiempo… más lejos de entender la verdad completa. Había algo en su mente que no le permitía detenerse. No era intuición. Era la acumulación de demasiadas piezas que ya no podían seguir separadas. En el ala administrativa baja… Los registros del palacio eran custodiados por un sistema más estricto durante la noche. Guardias rotativos. Accesos sellados. Y rutas internas conocidas solo por personal autorizado. Do-yun avanzaba por ellas sin ser visto. No era la primera vez. Pero sí la primera vez que sentía que cada paso tenía un peso distinto. —… Se detuvo detrás de una columna. Dos guardias conversaban al frente. —El rey ha ordenado revisión de todos los archivos del linaje. —¿Otra vez? —Desde la propuesta del Reino de Min, todo se ha vuelto más estricto. Do-yun escuchó en silencio. “Linaje…” La palabra quedó resonando. Cuando los guardias se alejaron… Do-yun entró. La sala de registros antiguos estaba fría. Demasiado silenciosa. Estantes completos de documentos sellados. Familias. Alianzas. Nacimientos. Muertes. El núcleo del reino en papel. —Aquí está… Murmuró. Do-yun comenzó a revisar. No al azar. Siguiendo un patrón. El mismo que había visto antes en los documentos del rey. Control. Eliminación. Clasificación. Pasaron minutos. Luego más. Hasta que encontró algo. Un registro parcialmente borrado. Demasiado reciente para ser antiguo. Demasiado importante para estar incompleto. Sus ojos se estrecharon. —… “Segundo hijo del rey…” El texto estaba incompleto. Pero ya no era solo una línea aislada. Era parte de un sistema. Do-yun abrió otro documento relacionado. Sellado con el símbolo real. Acceso restringido. Pero ya había visto suficientes inconsistencias como para entender cómo estaba construido. Lo abrió parcialmente. Y lo que vio lo detuvo. Silencio absoluto. —No… Sus dedos se tensaron. “Protocolo de selección interna del heredero.” El título era suficiente. Pero no era lo peor. Había secciones: Evaluación de capacidad del príncipe heredero. Infiltración de factores externos controlados. Observación de reacción en crisis. Comparación con candidato alterno. Do-yun sintió que el aire se volvía más pesado. —Esto no es política… —Es una prueba. Su mente conectó todo de golpe. La chica de la cabaña. El aumento de seguridad. El matrimonio con el Reino de Min. Todo tenía el mismo origen. —El rey… Sus ojos se estrecharon lentamente. —Está provocando todo esto. Recordó las palabras de Ha-jun. “Es un deber.” Recordó su mirada en la biblioteca. El cansancio en su entrenamiento. El silencio que no decía nada. Y entendió algo más peligroso. Ha-jun no estaba en guerra con otros reinos. Estaba dentro de una evaluación. Do-yun retrocedió un paso. Apoyándose ligeramente en una mesa. Su respiración se volvió más lenta. Más controlada. Pero su mente no. —El matrimonio… Murmuró. —No es una alianza. Pausa. —Es una trampa. Siguió leyendo. Y ahí lo vio. La pieza final. “Objetivo del protocolo: consolidación del poder real mediante eliminación de amenazas internas y externas durante el periodo de transición del heredero.” Do-yun cerró los ojos por un segundo. Todo encajó. Demasiado perfectamente. El rey no estaba preparando una alianza. No estaba protegiendo el reino. No estaba fortaleciendo el linaje. Estaba forzando una guerra controlada dentro de su propio tablero. Y entonces… El pensamiento más peligroso apareció. Si todo es una prueba… Si todo es una selección… Entonces el príncipe heredero no está protegido. Está siendo evaluado para ver si merece sobrevivir. Do-yun abrió los ojos. Más fríos. Más conscientes. —Ha-jun… Dijo en voz baja. Por primera vez no como objetivo. Sino como alguien atrapado. Un ruido lejano. Pasos. Do-yun apagó la vela de inmediato. Oscuridad. Silencio. Guardias pasando cerca. Demasiado cerca. —… Se quedó inmóvil. Esperando. Los pasos se alejaron. Cuando el silencio volvió… Do-yun ya no estaba igual. Algo había cambiado dentro de él. Ya no era solo una misión. Ya no era solo infiltración. Era comprensión total de un sistema que devoraba a todos por igual. En el ala real… Seo Ha-jun dormía sin saber nada. En el otro extremo del palacio… El rey Seo Jin-woo observaba los jardines desde su ventana. Sin expresión. Como si todo siguiera exactamente según lo planeado. Y en la oscuridad del palacio… Do-yun sostuvo el documento con fuerza. No sabía aún qué haría con esa información. Pero sabía algo con certeza. El verdadero enemigo no estaba fuera. Estaba sentado en el trono. Fin del Capítulo 16.



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En el texto hay: amor lgbt, social, opuestos se atraen

Editado: 01.08.2026

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