Bajo la corona de sangre

Capitulo 19: El primer amanecer del año

El primer amanecer del año llegó envuelto por una fina capa de nieve. El calendario marcaba el 1 de enero. La gran celebración de Año Nuevo había terminado. Las enormes puertas del salón principal permanecían abiertas mientras decenas de sirvientes retiraban lentamente las mesas, las copas de cristal y las decoraciones que habían llenado de vida el palacio durante la noche anterior. El Reino de Min continuaba hospedado en el Palacio Real. Durante los próximos días se celebrarían reuniones diplomáticas antes de que la familia real regresara a su reino. Todo parecía tranquilo. Pero la calma nunca duraba demasiado dentro del Palacio de Seo. Do-yun abrió los ojos antes del amanecer. Había dormido muy poco. Permaneció varios minutos sentado sobre la cama, completamente inmóvil. No conseguía apartar de su mente lo ocurrido la noche anterior. Apretó lentamente los puños. -... No. No podía seguir pensando en aquello. Tenía una misión. Un objetivo. Y no podía permitir que nada desviara su camino. Respiró profundamente. Se puso de pie. Y salió de su habitación antes de que el resto de los sirvientes despertaran. Al otro lado del palacio... Seo Ha-jun tampoco había logrado descansar. Desde el balcón de sus aposentos observaba cómo la nieve cubría los jardines. Las palabras de su padre. El compromiso con el Reino de Min. Las responsabilidades que lo esperaban durante el nuevo año. Todo ocupaba su mente. Pero había un recuerdo que regresaba una y otra vez. Cerró los ojos. Negó lentamente con la cabeza. -Debo concentrarme... Murmuró para sí. Las horas comenzaron a pasar. El palacio recuperó poco a poco su actividad habitual. Sirvientes limpiando. Soldados patrullando. Nobles paseando por los jardines. Todo parecía volver a la normalidad. Do-yun caminaba por uno de los corredores llevando varios documentos cuando dobló una esquina. Frente a él apareció Ha-jun. Los dos se quedaron inmóviles durante un instante. El silencio resultó extraño. Más pesado que cualquier conversación. Do-yun realizó una reverencia. -Buenos días, Su Alteza. Ha-jun respondió con un leve movimiento de cabeza. -Buenos días... Han Do. Ninguno añadió una palabra más. Do-yun continuó caminando. Ha-jun hizo lo mismo en dirección contraria. Sin mirar atrás. Desde unos metros de distancia... Ji-ah observó toda la escena. Frunció ligeramente el ceño. -Qué raro... Siempre encontraban cualquier excusa para hablar unos minutos. Aquella mañana... Ni siquiera habían sido capaces de sostenerse la mirada. Había algo diferente entre ellos. Y Ji-ah no tardó en darse cuenta. Mientras tanto... En el comedor privado de la Familia Real... La reina Han So-ra compartía el desayuno con la reina Yoon Hye-jin. Ambas conversaban cordialmente sobre la celebración de la noche anterior. Muy cerca de ellas... El rey Seo Jin-woo y el rey Min Seong-hwan discutían asuntos relacionados con el futuro acuerdo entre ambos reinos. Todo parecía desarrollarse con absoluta normalidad. Al menos en apariencia. Más tarde... Yun Seong-min reunió a varios capitanes de la guardia. -Aunque la celebración haya terminado, nadie bajará la guardia. El Reino de Min continúa dentro del palacio. Duplicad las patrullas exteriores y mantened vigilados los accesos a los archivos, la biblioteca y los aposentos reales. -¡Sí, capitán! Respondieron los soldados al unísono. Durante toda la mañana... Ha-jun y Do-yun volvieron a cruzarse dos veces más. Una cerca de los jardines. Otra frente a la biblioteca. Las dos veces ocurrió exactamente lo mismo. Un saludo respetuoso. Un breve silencio. Y cada uno continuó su camino. Como si ambos hubieran decidido, sin decirlo, evitar cualquier conversación. Ji-ah terminó convencida de que algo había ocurrido durante la celebración de Año Nuevo. No sabía qué. Pero conocía demasiado bien a los dos para ignorarlo. -Es imposible que esto sea una simple casualidad... Murmuró para sí. Al caer la tarde... Seo Ha-jun permanecía solo en uno de los balcones interiores del palacio. Miró el cielo cubierto de nubes. Luego cerró los ojos durante unos segundos. Finalmente tomó una decisión. Llamó a uno de los sirvientes. -Cuando encuentres a Han Do... Dile que mañana necesito que me acompañe fuera del palacio para una inspección. El sirviente inclinó la cabeza. -Como ordene, Su Alteza. Ha-jun volvió la vista hacia los jardines. Sabía perfectamente que aquella inspección era solo un pretexto. Había demasiadas cosas que ya no podían seguir quedando en silencio. El mensaje llegó poco después del mediodía. -Han Do... Su Alteza solicita vuestra presencia para una inspección fuera del palacio. Do-yun dejó el pergamino que estaba organizando y asintió. -Entendido. Pocos minutos después... Las puertas del palacio se abrieron. Ha-jun y Do-yun abandonaron el recinto por un sendero poco transitado que conducía hacia un antiguo bosque utilizado antiguamente por la familia real para entrenamientos y cacerías. La nieve cubría el camino. Solo se escuchaban sus pasos. Durante varios minutos ninguno habló. El silencio era extraño. No incómodo. Simplemente pesado. Ha-jun fue el primero en romperlo. -Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vine aquí. Do-yun observó los árboles. -Es un lugar tranquilo. -Demasiado. Ha-jun soltó una pequeña risa. -Cuando era niño odiaba este bosque. Mi padre decía que un futuro rey debía aprender a orientarse solo. Más de una vez terminé perdido. Do-yun lo miró por primera vez desde que salieron. -¿Y quién iba a buscaros? -Mi madre. Respondió Ha-jun con una leve sonrisa. -La reina siempre encontraba la forma de convencer a mi padre de salir a buscarme antes del anochecer. La sonrisa desapareció lentamente. -Ahora todo es diferente. Continuaron caminando hasta llegar a un antiguo mirador de piedra. Desde allí podía verse gran parte de la capital. Las casas seguían decoradas por el Año Nuevo. El humo salía de las chimeneas mientras la ciudad recuperaba lentamente su rutina. Ha-jun apoyó ambas manos sobre la baranda. -A veces olvido que toda esa gente espera algo de mí. Do-yun permaneció en silencio. -Quieren un rey perfecto. Pero no sé si existe alguien así. Do-yun respondió con calma. -Nadie puede ser perfecto. Ni siquiera un rey. Ha-jun sintió cómo el corazón le latía con fuerza. Bajó la mirada durante un instante y respiró hondo. Cuando volvió a levantar la vista, sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas. -Han Do... Te amo. Realmente te amo. Do-yun quedó completamente inmóvil. Sus ojos se abrieron por la sorpresa. Ninguna palabra salió de su boca. Ha-jun dio un pequeño paso hacia él. -No puedo olvidar el beso de anoche. Ni quiero hacerlo. Te prometo que algún día seré el rey que la gente necesita. Y nunca te dejaré, Han Do... Incluso si para lograrlo tuviera que enfrentarme a todo el reino o... casarme contig... No pudo terminar la frase. Do-yun lo calló uniendo sus labios con los suyos. El beso fue largo. Lento. Lleno de todo aquello que ambos habían guardado durante semanas. El frío desapareció por un instante. Solo existían ellos dos. Cuando finalmente se separaron, sus frentes permanecieron apoyadas una contra la otra. Do-yun sonrió con tristeza. -Yo te esperaré, Su Alteza... Incluso si eso implica la muerte. Ha-jun soltó una pequeña risa entremezclada con emoción. -No dejaré que eso ocurra. Ambos rieron en voz baja. Después continuaron caminando por el sendero cubierto de nieve. Pasaron varios minutos hasta que Ha-jun volvió a hablar. -Creo... que empecé a amarte hace bastante tiempo. Al principio no entendía por qué siempre buscaba cualquier excusa para hablar contigo. Pero después me di cuenta de algo. Cambié gracias a ti. Me enseñaste a mirar más allá de mis obligaciones. A recordar que sigo siendo una persona. Do-yun sintió que el rostro le ardía. Bajó la cabeza con evidente nerviosismo. -Yo también te amo. Es algo que ya no puedo detener. El viento comenzó a soplar con más fuerza. Los copos de nieve cubrieron nuevamente el sendero. Entonces Do-yun detuvo sus pasos. Sus ojos descendieron hacia el suelo. Se agachó lentamente. Observó unas huellas recientes marcadas sobre la nieve. -No son nuestras. Ha-jun se acercó. -¿Qué ocurre? -Alguien pasó por aquí hace poco. Las marcas eran profundas. Como si varias personas hubieran cruzado el bosque durante la madrugada. Do-yun recorrió el lugar con la mirada. No encontró a nadie. Pero aquella sensación de estar siendo observado volvió a aparecer. Muy lejos de allí... Oculto entre los árboles... Un hombre vestido con una capa oscura bajó lentamente un pequeño catalejo. -Han llegado. Sacó un diminuto pergamino. Escribió unas pocas palabras. Lo enrolló cuidadosamente y se lo entregó a otro encapuchado, que desapareció entre la nieve con el mensaje. Horas después... En el despacho real... El rey Seo Jin-woo recibió la nota. La leyó sin mostrar ninguna emoción. -Así que decidieron salir. Dejó el pergamino sobre la mesa. -Tal como esperaba. Frente a él, un ministro aguardaba instrucciones. -¿Deseáis que intervengamos, Majestad? El rey negó lentamente. -No. Todavía no. Quiero saber hasta dónde son capaces de llegar por voluntad propia. El ministro inclinó la cabeza. -Como ordene. Mientras tanto... Ha-jun y Do-yun emprendían el camino de regreso. El sol comenzaba a ocultarse. Ninguno de los dos imaginaba que alguien había seguido cada uno de sus movimientos desde que abandonaron el palacio. Y mucho menos... Que el rey ya conocía cada paso que habían dado. Fin del Capítulo 19.




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