Bajo la corona de sangre

Capitulo 21: Nunca hubo un final feliz

Un nuevo día comenzó dentro del sistema del palacio. Sin anuncios. Sin cambios visibles. Pero con movimientos ya en marcha desde el centro d. En la sala del trono... El rey Seo Jin-woo observaba el mapa del reino en completo silencio. El punto correspondiente al establecimiento diplomático del reino aliado ya estaba integrado como extensión operativa del Palacio. Sus espías ya habían sido reubicados en rutas nuevas. Sin ruido. Sin advertencia. Todo seguía funcionando. —El cambio ya se ha completado. Murmuró el rey. El ministro a su lado permaneció en silencio. Sabía que no se requerían respuestas. En el restaurante diplomático... Do-yun inició su jornada en silencio. El lugar era distinto al palacio. Menos rígido en apariencia. Pero igual de estructurado en su funcionamiento interno. Cada trabajador tenía una posición clara. Cada movimiento estaba medido. Do-yun observó todo sin intervenir más de lo necesario. Memorizó rutas. Horarios. Rostros. Sin levantar sospechas. En el ala del príncipe heredero... Ha-jun estaba pensando en ir a visitar el nuevo lugar en donde se encontraba Do-yun Quería ver a la persona que tanto ama y no lo dejaría de ver. Avisaré a los guardias para realizar el viaje. Murmuró. En los jardines interiores del palacio... Ji-ah continuaba con sus tareas habituales. Pero el ambiente había cambiado ligeramente desde el traslado. No por órdenes nuevas. Sino por silencios nuevos. Guardias hablando menos. Sirvientes evitando comentarios. Y nombres que empezaban a desaparecer de conversaciones cortas. Ji-ah se detuvo un instante. Miró hacia uno de los corredores principales. Y dijo: Extraño cuando era como antes.. En la zona de guardias... Yun Seong-min revisó las rutas externas del palacio. Sin alterar el nivel de vigilancia general. Solo ajustes de cobertura. Entradas. Salidas. Puntos de acceso secundarios. Nada más. —No hay aumento de seguridad… Murmuró. —Solo redistribución. En la sala del trono... El rey observaba el mapa nuevamente. Sus dedos se detuvieron sobre el punto del príncipe heredero. Y dijo: Si mi hijo deja de ser el que tanto quería... Tendré que usar mi plan b, no permitiré que esté reino se arruine por un parásito. El acceso al establecimiento diplomático era discreto. Sin anuncios oficiales. Sin presencia visible de la corte. Solo un carruaje con emblema neutral cruzando la entrada lateral. Ha-jun descendió sin escolta destacada. El personal del lugar lo reconoció de inmediato, aunque no hubo reacción exagerada. Solo inclinaciones formales. Solo silencio controlado. En el interior... Do-yun estaba en una zona donde estaba sirviendo comida. Detuvo su movimiento un instante. Y giró la mirada. Ha-jun lo vio. Do-yun también. Ha jun le dicen que vallan al carruaje donde nadie los molestará y para que hablen en privado. En el carruaje. —¿Te estás adaptando? La voz de Ha-jun fue baja. Do-yun asintió ligeramente. —Es diferente. —Pero estable.Te extraño Ha-jun. Do-yun lo dice con un tono apagado. —No te preocupes te visitaré cada vez en cuando. Mientras que su manos se rozan. —Te amo. Dice Ha-jun algo sonrojado. —Yo más mi príncipe.. Dice Do-yun con un tono bajo. Ha-jun observó el entorno. Y dijo. —No hay nadie. Responde Ha-jun de inmediato. —¿Y qué? Responde Do-yun con un tono extraño. —Bueno tal vez podríamos intentarlo. Ha-jun dudó, como si todavía estuviera reuniendo valor. Finalmente, acercó su mano a la de Do-yun y entrelazó lentamente sus dedos. —Entonces… puedo estar contigo sin tener que preocuparme por lo que piensen los demás. Do-yun bajó la mirada hacia sus manos unidas y sonrió débilmente. —Siempre puedes hacer eso conmigo. Ha-jun se acercó un poco más. Sus hombros quedaron juntos y, por unos instantes, ninguno dijo nada. El silencio del carruaje era tranquilo. Ha-jun se acercó lentamente a Do-yun, rozando suavemente su cuerpo mientras sus miradas permanecían entrelazadas. Sus labios volvieron a encontrarse en un beso que, poco a poco, se hizo más intenso. Ninguno de los dos parecía querer separarse; por unos instantes, dejaron de pensar en todo lo que ocurría fuera de aquel carruaje. La cercanía entre ambos aumentó mientras se abrazaban, dejándose llevar por aquel momento que solo les pertenecía a ellos. —Te amo mucho, Han-do —susurró Ha-jun. Do-yun se quedó en silencio durante un instante. Pero en el fondo aún a Do-yun le pesaba que Ha-jun le dijiera, Han-do. Sin saber realmente quién es. Después de terminar.. Ha jun dice. —Aquí todo está… demasiado ordenado. Do-yun lo miró. —Como el palacio. Otro silencio breve. Do yun rompe el silencio queriendo decirle otra cosa más importante... Ha-jun dio un paso mínimo hacia adelante. Luego se detuvo. —¿Qué pasó? Do-yun respiró profundamente antes de responder. —Esto es privado. Sígueme. Aquí nadie podrá escucharnos. Ha-jun asintió, aunque la expresión de su rostro mostraba cierta preocupación. Ambos se alejaron hasta un lugar apartado. Do-yun bajó la mirada. —Estoy cumpliendo con lo que me fue asignado. Ha-jun frunció el ceño. —¿Eh? ¿De qué hablas? Do-yun permaneció en silencio durante unos segundos. Sabía que, después de decirlo, ya no habría vuelta atrás. —Cuando llegué al reino... no lo hice por casualidad. Ha-jun lo observó con atención. —Fui enviado para infiltrarme en el palacio. Mi misión original era acercarme a ti y asesinarte. Ha-jun abrió ligeramente los ojos. Do-yun continuó antes de que pudiera responder. —Pero las cosas cambiaron. Necesitaba recopilar información, descubrir qué estaba planeando el rey y mantenerme cerca de ti. —¿Por qué? Do-yun apretó los puños. —Porque descubrí la verdad. Levantó la mirada. —El rey planea asesinarte y poner a tu hermano menor en el trono, obvio si es que fallas como príncipe. Ha-jun se quedó completamente inmóvil. —¿Hermano menor...? Su rostro reflejó sorpresa y confusión. —¿Qué estás diciendo? —Sí. Todo lo que estás escuchando es real. Do-yun tragó saliva. —Pero hay algo más. Al principio, realmente pensaba cumplir mi misión. Sin embargo, desde el momento en que te conocí... comencé a dudar. Ha-jun no respondió. —Cada día que pasaba, me resultaba más difícil imaginarte como alguien a quien debía matar. Empecé a conocerte. Vi quién eras realmente detrás de ese título de príncipe. Su voz comenzó a quebrarse. —Y terminé amándote. Ha-jun bajó la mirada. Do-yun dio un paso hacia él. —Todo este tiempo he intentado protegerte. No quería que descubrieras la verdad de esta manera, pero ya no podía seguir ocultándotelo. Ha-jun levantó la mirada lentamente. Sus ojos estaban llenos de dolor. Sin decir una sola palabra, se dio la vuelta. —Ha-jun... Do-yun intentó detenerlo, pero Ha-jun apartó su mano y continuó caminando. —¡Ha-jun, espera! No se detuvo. Do-yun se quedó atrás. Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. —No... Se cubrió el rostro con una mano. —Sabía que no debía decírselo... Mientras tanto, Ha-jun regresó al reino con la mirada perdida. Las palabras de Do-yun se repetían una y otra vez en su cabeza. Tu padre planea asesinarte. Hay otro heredero. Tu hermano menor. Ha-jun sintió que todo aquello en lo que había creído comenzaba a desmoronarse. Por primera vez, una pregunta aterradora apareció en su mente: ¿En quién podía confiar? Y aún peor... ¿Realmente podía confiar en que era hijo de sus propios padres? Ha-jun apretó los puños mientras las lágrimas descendían silenciosamente por su rostro. En algún lugar detrás de él, Do-yun permanecía solo, llorando. —Lo arruiné todo... Su voz apenas era audible. —Lo perdí... Aquella noche, ninguno de los dos pudo dejar de llorar. Y, por primera vez desde que se conocieron, el amor que los había unido parecía haberse convertido en la misma razón que podía separarlos. Fin del capítulo 21.




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