El amanecer iluminó lentamente las montañas que rodeaban el antiguo refugio rebelde. Los primeros rayos del sol se filtraron por la pequeña ventana de madera, llenando la humilde habitación con una cálida luz. Sobre la única cama del cuarto... Ha-jun y Do-yun seguían profundamente dormidos. Ha-jun permanecía abrazado a Do-yun con fuerza. Su rostro descansaba contra su pecho, mientras una de sus manos sujetaba con firmeza la tela de su ropa, como si temiera que, al despertar, él también desapareciera. Después de perder el palacio... Después de perder su título... Después de perder a la única familia que había conocido... Lo único que le daba tranquilidad era saber que Do-yun seguía a su lado. Do-yun abrió lentamente los ojos. Al bajar la mirada, encontró a Ha-jun aún abrazándolo. No intentó apartarlo. Con cuidado, apoyó una mano sobre su espalda. -Buenos días... Ha-jun. Susurró con una pequeña sonrisa. Ha-jun comenzó a despertar poco a poco. Al abrir los ojos y comprobar que Do-yun seguía allí, dejó escapar un profundo suspiro de alivio. -Tuve miedo... Murmuró con la voz todavía adormecida. -Pensé que volvería a despertar en ese palacio. Do-yun negó suavemente. -No fue así. Estoy aquí. Y no pienso dejarte solo. Ha-jun volvió a abrazarlo unos segundos más. -Gracias... Susurró. -Mientras estés conmigo... siento que todavía puedo seguir adelante. El silencio volvió a llenar la habitación. Ninguno tenía prisa por levantarse. Finalmente, Ha-jun levantó lentamente la mirada. -Do-yun... -¿Sí? Ha-jun respiró hondo. -Quiero pedirte perdón. Do-yun lo observó sin interrumpirlo. -Cuando me contaste toda la verdad... reaccioné de la peor manera. Estaba asustado, confundido y lleno de rabia. Terminé desquitándome contigo cuando tú solo intentabas protegerme. Bajó la cabeza. -No debí tratarte así. Do-yun sonrió con tranquilidad. -Lo entiendo. Descubriste que gran parte de tu vida era distinta a lo que creías. Era normal que necesitaras tiempo para comprenderlo. Ha-jun apretó suavemente la mano de Do-yun. -Aun así... te hice daño. -Lo único que me preocupaba era perderte. Respondió Do-yun. -Nunca dejé de comprender por qué reaccionaste así. Ha-jun sintió que el peso que llevaba en el pecho comenzaba a desaparecer. -Gracias... por no rendirte conmigo. Do-yun sostuvo su mano. -Jamás lo haría. Ya no estás solo, Ha-jun. Pase lo que pase... seguiremos adelante juntos. Ha-jun sonrió. -Entonces será mejor levantarnos. Do-yun soltó una pequeña risa. -Madre debe haber preparado el desayuno. Ambos se levantaron, acomodaron la cama y salieron de la habitación. El aroma de la sopa recién hecha llenaba toda la casa. En la cocina... Kang Mi-young terminaba de servir el desayuno mientras Kang Ha-eun acomodaba los platos sobre la mesa. -Buenos días. Dijo Mi-young al verlos entrar. -Dormían tan profundamente que preferimos no despertarlos. Ha-jun sonrió con timidez. -Lamento haberlos hecho esperar. -No te preocupes. Respondió Mi-young. -Después de todo lo que ocurrió estos últimos días, ambos necesitaban descansar. Los cuatro tomaron asiento alrededor de la mesa. Durante unos minutos solo se escuchó el sonido de los cubiertos. Ha-jun observó la pequeña casa. Cada rincón estaba cuidado con esmero. Era humilde. Pero transmitía una tranquilidad que jamás había encontrado dentro del palacio. Ha-eun rompió el silencio. -¿Es verdad que en el palacio todas las habitaciones son enormes? Ha-jun sonrió con nostalgia. -Sí. Son muy grandes. Pero casi siempre están vacías. Aquí... se siente diferente. Ha-eun inclinó la cabeza. -¿Diferente cómo? Ha-jun miró a Do-yun, luego a Mi-young y finalmente a la pequeña mesa donde los cuatro desayunaban juntos. -Más cálido. Mi-young sonrió sin decir nada. Do-yun bajó discretamente la mirada, ocultando una pequeña sonrisa. Después de terminar el desayuno, Mi-young comenzó a recoger los platos. Do-yun se levantó. -Madre. Hoy quiero llevar a Ha-jun al refugio principal. Creo que ya es momento de que todos lo conozcan. Mi-young asintió. -Ten cuidado. Muchos aún perdieron familiares por culpa del reino. Necesitarán tiempo para comprender quién es realmente. Ha-jun también se puso de pie. -Lo entiendo. No espero que confíen en mí de inmediato. Solo quiero demostrarles que no soy el hombre que creen. Do-yun tomó una capa oscura y se la entregó. -Será mejor que la uses. Aún no sabemos qué ojos pueden estar buscándonos. Ha-jun se la colocó y acomodó la capucha sobre su cabeza. Ambos salieron de la casa. Mientras caminaban por los senderos de la fortaleza, comenzaron a aparecer entrenamientos, centinelas y antiguos edificios de piedra donde la organización de la rebelión llevaba años resistiendo en las sombras. Por primera vez... Seo Ha-jun estaba a punto de conocer cara a cara a las personas que, durante años, habían luchado contra la corona que él alguna vez representó. La fortaleza de la rebelión ya estaba completamente despierta. El sonido de las espadas de madera chocando entre sí resonaba en el patio de entrenamiento. Otros transportaban provisiones, reparaban herramientas y vigilaban los alrededores desde las antiguas murallas. Ha-jun observaba todo en silencio. Era la primera vez que veía aquel lugar sin ser el objetivo de una misión. Do-yun caminaba a su lado. Sin darse cuenta, ambos llevaban las manos entrelazadas desde que habían salido de la casa. Ninguno parecía dispuesto a soltarse. No por costumbre. Sino porque, después de todo lo ocurrido, aquella era la única forma de recordarse mutuamente que seguían juntos. Do-yun giró ligeramente la cabeza. -No te alejes demasiado de mí. Ha-jun apretó suavemente su mano. -No lo haré. Al cruzar el patio principal... Varias miradas se posaron sobre el desconocido que caminaba junto a Do-yun. Los murmullos comenzaron de inmediato. -¿Quién es? -Nunca lo había visto. -¿Es un refugiado? Poco después, algunos dejaron de mirar únicamente el rostro del desconocido. Sus ojos descendieron hasta las manos de ambos. Do-yun y Ha-jun seguían caminando tomados de la mano. Un silencio incómodo recorrió el patio. -¿Por qué... van así? Murmuró uno. Nadie obtuvo respuesta. Do-yun no soltó la mano de Ha-jun. Ha-jun tampoco hizo el menor intento de apartarse. Continuaron caminando hasta detenerse frente a Baek Hyun-soo, Lee Ji-ho, Choi Na-ri y Park Joon. Do-yun respiró profundamente. -He regresado. Hyun-soo asintió. -Lo veo. Su mirada pasó lentamente hacia Ha-jun. -¿Y él? Durante unos segundos... Nadie habló. Finalmente, Do-yun respondió. -Es Seo Ha-jun. El silencio cayó sobre el patio. Las miradas comenzaron a cruzarse entre los presentes. Nadie habló durante varios segundos. El nombre había sorprendido a todos. Pero ninguno podía relacionarlo con el joven que tenían delante. Después de todo... Jamás lo habían visto. Lee Ji-ho rompió el silencio. -¿Seo Ha-jun...? Frunció el ceño. -¿Te refieres al antiguo heredero del reino? Do-yun asintió. -Sí. Choi Na-ri observó nuevamente al joven. No encontró ningún símbolo real. Ninguna joya. Ninguna prenda propia de la nobleza. Solo ropa sencilla y el cansancio marcado en su rostro. Park Joon habló en voz baja. -Nunca imaginé que terminaría viéndolo aquí... Baek Hyun-soo mantuvo la calma. Su atención seguía centrada en Do-yun. -Explícanos qué ocurrió. ¿Por qué está contigo? Do-yun respiró profundamente. -Porque ya no pertenece al palacio. El rey lo destituyó. Lo expulsó utilizando una falsa misión como excusa. Después anunció a un nuevo heredero. Y ordenó que ambos fuéramos asesinados. Los cuatro líderes permanecieron completamente en silencio. Aquella noticia era mucho más grave de lo que esperaban. Hyun-soo volvió a mirar a Ha-jun. Por primera vez desde que llegó. No veía al heredero de la corona. Veía a un joven que había perdido su hogar. Y esperaba escuchar también su versión de la historia. Fin del capítulo 23.
#5676 en Novela romántica
#2053 en Otros
lgbtq+, romance acción drama fantasia aventura, infiltración
Editado: 25.08.2026