Bajo la corona de sangre

Capitulo 28: Un día para recordar

13 de enero. El amanecer llegó envuelto por un cielo completamente blanco. Durante la noche había vuelto a nevar. El techo de la casa de la familia Kang estaba cubierto por una gruesa capa de nieve, mientras el humo de la chimenea ascendía lentamente entre el frío de la mañana. Dentro de la vivienda... Todo permanecía en silencio. En una de las habitaciones... Kang Do-yun abrió lentamente los ojos. Permaneció unos segundos observando el techo de madera. Entonces recordó la fecha. Trece de enero. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. —Veinte años... Murmuró para sí. A su lado... Seo Ha-jun seguía profundamente dormido. Uno de sus brazos descansaba alrededor de la cintura de Do-yun, como si incluso mientras dormía temiera perder aquella tranquilidad que tanto le había costado encontrar. Do-yun sonrió con ternura. Con cuidado apartó un mechón de cabello del rostro de Ha-jun. —Ha-jun... Susurró. Los ojos del antiguo príncipe comenzaron a abrirse poco a poco. —¿Ya amaneció...? Preguntó con voz adormilada. Do-yun asintió. —Sí. Ha-jun permaneció unos segundos observándolo. Hasta que pareció recordar la fecha. Una leve sonrisa apareció en su rostro. —Feliz cumpleaños.. Do-yun. Las palabras fueron simples. Pero hicieron que Do-yun bajara ligeramente la mirada. —Gracias... Respondió en voz baja. Ha-jun apoyó suavemente una mano sobre la mejilla de Do-yun. —Espero que hoy puedas olvidarte, aunque sea por unas horas, de todo lo que está ocurriendo. Do-yun soltó una pequeña risa. —Lo intentaré. Ha-jun se acercó lentamente. Y depositó un beso corto sobre sus labios. —Ese es el primer regalo. Murmuró. Do-yun no pudo evitar sonreír. —Entonces ya recibí uno. Ha-jun sonrió también. Aunque... En el bolsillo de su abrigo, escondido desde el día anterior, ya guardaba otro regalo. Uno que había comprado con el dinero de su primer trabajo como Ja-nuk. Todavía no era el momento de entregarlo. Quería esperar hasta la noche. Poco después... Ambos bajaron al comedor. Kang Mi-young terminaba de preparar el desayuno. Ha-eun, apenas vio aparecer a su hermano, corrió hacia él. —¡Feliz cumpleaños! Exclamó antes de abrazarlo con fuerza. Do-yun rió. —Gracias, pequeña. Mi-young se acercó unos segundos después. Acarició suavemente el cabello de su hijo. —Feliz cumpleaños. Estoy muy feliz de poder pasar otro año contigo. Do-yun sintió un nudo en la garganta. Después de todo lo ocurrido... Estar nuevamente junto a su familia era un regalo que nunca creyó recuperar. —Gracias, mamá. Los cuatro se sentaron alrededor de la mesa. Por primera vez en mucho tiempo... La conversación no giró alrededor de la guerra. Ni del rey. Ni de la rebelión. Solo era una familia compartiendo el desayuno. Y, durante unos instantes... Eso fue suficiente. El sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas. Una suave nevada cubría los caminos del refugio rebelde. Dentro de la casa de la familia Kang... Kang Mi-young terminaba de preparar la cena. El aroma de los distintos platillos llenaba cada rincón de la vivienda. Ha-eun caminaba de un lado a otro llevando platos y cuencos. —¡Mamá! ¿Aquí pongo esto? —Sí, junto a los demás. La niña obedeció rápidamente. No podía ocultar la emoción. Al mismo tiempo... En el refugio principal... Baek Hyun-soo observaba a Do-yun revisar unos mapas. —Creo que por hoy es suficiente. Dijo el líder. Do-yun levantó la vista. —¿Tan temprano? —Llevas varios días sin descansar. Vuelve a casa. Mañana seguiremos trabajando. Do-yun frunció ligeramente el ceño. —Pero... —Es una orden. Hyun-soo sonrió apenas. —Y no pienso repetirla. Lee Ji-ho soltó una risa. —Por una vez, hazle caso. Choi Na-ri cruzó los brazos. —Además... Hoy no queremos verte trabajando. Do-yun los observó confundido. —Qué raros están todos... Park Joon desvió la mirada para no reírse. —Solo vete. Nos encargaremos del resto. Sin entender demasiado... Do-yun terminó aceptando. —Está bien... Nos vemos mañana. Se colocó su capa y salió del refugio. En cuanto la puerta se cerró... Todos dejaron escapar un suspiro. Hyun-soo sonrió. —Bien. Tenemos poco tiempo. Mientras tanto... Ha-jun regresaba desde la aldea. Su jornada como Ja-nuk había terminado. Llevaba cuidadosamente escondido bajo el abrigo un pequeño paquete envuelto en tela. Sonrió para sí. Había trabajado varios días para poder comprarlo. Y esperaba que a Do-yun le gustara. Al llegar a la casa... Mi-young abrió la puerta. —Llegaste justo a tiempo. Ha-jun sonrió. —¿Ya está todo listo? La mujer asintió. —Solo faltas tú. Pocos minutos después... Do-yun abrió la puerta de la casa. —Ya regresé. No obtuvo respuesta. Frunció ligeramente el ceño. —¿Mamá? El interior permanecía completamente oscuro. —¿Ha-eun? Silencio. Avanzó unos pasos. Entonces... ¡Fuu! Varias velas iluminaron la habitación al mismo tiempo. —¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!! Las voces hicieron que Do-yun diera un pequeño salto hacia atrás. Frente a él estaban reunidos: Baek Hyun-soo. Lee Ji-ho. Choi Na-ri. Park Joon. Kang Mi-young. Kang Ha-eun. Y... Seo Ha-jun. Todos sonreían. Sobre la mesa descansaba una cena mucho más abundante de lo habitual. Do-yun permaneció completamente inmóvil. No sabía qué decir. Ha-eun fue la primera en correr hacia él. Lo abrazó con fuerza. —¡Sorpresa! Do-yun soltó una pequeña risa. —Así que por eso todos estaban actuando tan raro... Lee Ji-ho sonrió. —Nos costó bastante que no sospecharas. Na-ri cruzó los brazos. —Aunque casi lo arruinamos por qué teniamos que venir corriendo. Todos rieron. Incluso Do-yun. Después de sentarse alrededor de la mesa... La conversación comenzó a fluir con naturalidad. Ha-eun fue la primera en hablar. —¿Sabían que cuando mi hermano era pequeño quería atrapar mariposas con una olla? Do-yun abrió los ojos. —¡Ha-eun! La niña comenzó a reír. —¡Es verdad! Ji-ho soltó una carcajada. —¿En serio? Mi-young sonrió con nostalgia. —Siempre volvía cubierto de tierra. Pero nunca dejaba de sonreír. Do-yun se llevó una mano al rostro. —No hacía falta contar eso... Ha-jun no pudo evitar reír también. Era extraño. Nunca había escuchado historias de la infancia de Do-yun. Y le encantaba descubrir esa parte de él. Cuando terminaron de cenar... Baek Hyun-soo se puso de pie. Sacó una pequeña caja de madera. La colocó frente a Do-yun. —Ábrela. Do-yun obedeció. Dentro había una daga de excelente calidad. Su empuñadura tenía grabado el emblema de la rebelión. Hyun-soo habló con seriedad. —No es solo un arma. Es una prueba de la confianza que todos tenemos en ti. Do-yun levantó lentamente la vista. —Gracias... Hyun-soo asintió. —Protege con ella aquello que consideres importante. Ha-eun entregó después un pequeño paquete. Dentro había una bufanda tejida por ella misma. —No quedó perfecta... Pero quería hacerla yo. Do-yun sonrió con emoción. —Es perfecta. La abrazó con fuerza. —Gracias. Mi-young se acercó por último. Llevaba un pequeño colgante de madera. —Esto pertenecía a tu padre. Creo que ya es momento de que lo tengas. Do-yun sostuvo el colgante entre sus manos. Sus ojos comenzaron a humedecerse. —Mamá... Ella acarició suavemente su rostro. —Él estaría muy orgulloso del hombre en el que te has convertido. Do-yun no pudo contener las lágrimas. Abrazó a su madre en silencio. Nadie dijo una sola palabra. Todos respetaron aquel momento. Las horas continuaron pasando entre conversaciones, risas y recuerdos. Por unas horas... La guerra pareció desaparecer. Cuando la noche estuvo completamente instalada... Los miembros de la rebelión comenzaron a despedirse. —Nos vemos mañana. —Descansen. —Y otra vez... Feliz cumpleaños. Poco a poco... La casa volvió a quedar en silencio. Mi-young y Ha-eun también se retiraron a descansar. Solo quedaron Do-yun y Ha-jun frente a la chimenea. Las llamas iluminaban suavemente la habitación. Ha-jun metió una mano dentro de su abrigo. Sacó un pequeño paquete cuidadosamente envuelto. Lo extendió hacia Do-yun. —Este es mi regalo. Do-yun lo recibió con cuidado. —¿Lo compraste...? Ha-jun asintió. —Con el dinero que gané trabajando como Ja-nuk. Quería que fuera algo conseguido por mí. Do-yun desenvolvió lentamente la tela. Dentro encontró un delicado colgante de plata con la figura de un halcón tallado a mano. Lo observó durante varios segundos. —Es hermoso... Ha-jun sonrió. —El artesano dijo que el halcón siempre encuentra el camino de regreso. Pensé... Que se parecía un poco a nosotros. Do-yun levantó la vista. Sus ojos reflejaban una emoción imposible de ocultar. —Gracias... Ha-jun dio un paso al frente. —¿Te gustó? Do-yun respondió abrazándolo con fuerza. —Me encantó. Permanecieron así durante unos instantes. En silencio. Hasta que Do-yun sonrió. —Creo que ya recibí todos los regalos posibles. Ha-jun negó lentamente con la cabeza. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. —No. Todavía falta uno. Do-yun lo miró con curiosidad. —¿Cuál? Ha-jun levantó suavemente una mano. Acarició su mejilla. Y, sin apartar la mirada de sus ojos... Acortó lentamente la distancia entre ambos. Sus labios se encontraron en un beso largo, cálido y lleno de cariño. Cuando finalmente se separaron... Fueron a la habitación Y, después de aquella noche, ambos permanecieron juntos, compartiendo un momento de intimidad que ninguno de los dos olvidaría. El silencio terminó siendo reemplazado por unas cuantas risas. Do-yun sonrió y, mirando a Ha-jun, dijo: —Creo que este fue el mejor regalo de todos. Ha-jun soltó una pequeña risa. Y ambos terminaron riendo juntos. Fin del Capítulo 28




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