Capítulo 4
“Las cartas que nunca llegaron”
Una mano delicada y blanca abre un libro con una carátula de color rosa, decorada con estrellas brillantes. Busca la primera página que se encuentra en blanco y escribe:
Querido diario:
Hoy fue un día diferente después de un largo viaje, al fin llegamos a nuestra nueva casa. Me será difícil hacer amigos aquí, más confió en que Dios me ayudará a encontrar a más de uno. Le prometí a Gero que le escribiría cada mes, pero creo que no podré cumplir la promesa. A mi papá lo han mandado a trabajar al pueblo más lejano de este país. Aquí no hay oficinas de correo. Ni siquiera hay electricidad. Aun así, intentaré por cualquier medio comunicarme con él.
Después de esto cierra su diario y se arrodilla frente a su cama a orar:
—Señor, sabes cuánto he querido a Gero. Él me dice hermana; pero sabes Señor que a mí no me gusta que me diga así, porque estoy enamorada de él. Es la primera vez que me enamoro de alguien, Padre; y por eso cada vez que tenía la oportunidad le habla de ti, porque era necesario que primero te conociera antes de poder yo confesarle mi amor. Sin embargo, todo esto ahora será muy complicado, porque vivo aquí y él está allá bien lejos. Te pido, Señor, que le ayudes a encontrarte, que te pueda conocer como yo te conozco; y si es tu voluntad, algún día ayúdame a encontrarlo. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
Cinco días después:
Un adolescente en la escuela se acerca a Melody sonriendo:
—Hola. Así que eres nueva aquí. Me gustaría invitarte a mi casa más tarde, es mi cumpleaños y haremos una pequeña fiesta. Todos van a ir.
—Lo siento. No me gustan las fiestas.
El joven que no quería darse por vencido tan fácil le dice:
—¿Y por qué no te gustan?
—Soy cristiana—le responde Melody firmemente.
El joven no dice ni una palabra, le da la espada y se va.
El tiempo pasó y Melody se hizo amiga de ese joven, el cual se llamaba Jorge. Este joven había vivido en el pueblo desde que era niño y sabía todo acerca de allí.
—¿Jorge, sabes donde pueda ir para enviar una carta?
—Al otro pueblo que está a unos nueve kilómetros de aquí. Allí hay una oficina de correos.
—No sé cómo ir hasta allá— se lamenta Melody.
—Mira, mañana yo tengo que ir allá con mi hermano a buscar una mercancía. Si quieres dame la carta que vas a enviar y yo la llevaré.
—No sabes lo agradecida que estaré contigo—dijo Melody feliz.
Al otro día cuando Jorge entregó la carta en la oficina de correos. El que lo atendió puso la carta sobre el mostrador unos segundos, mientras atendía a otro cliente. En ese instante hizo un pequeño viento que movió la carta hasta la parte baja de un estante, y allí se quedó intacta sin que nadie la viera o la tocara durante diez años.
Diez años después:
La oficina de correos estaba siendo remodelada, ya que unos fuertes vientos le habían roto el techo. Un grupo de hombres fuertes cargaban los estantes y cuando levantaron uno de estos, en el piso, ya amarilla por el polvo, había una carta.
El que la encontró se asombró y dijo:
—¡Wao! Desde cuando no limpiaban ahí de bajo. Esta carta lleva diez años perdida. Vamos a echarla en el buzón para ver si el destinatario al final la puede recibir.
Todos se rieron, mientras él que se la había encontrado echaba la carta en los envíos del siguiente día.
Habían pasado diez años. Ya las cartas no estaban de moda, pero sin duda esta llegó muy rápido hasta el lugar en donde anteriormente vivía Gero.
¿Qué pasó con la carta de Gero?
La carta de Gero demoró unos 8 meses en llegar hasta donde vivía Melody. Un mes antes, al padre de Melody lo habían vuelto a trasladar para otra iglesia, a unos 123 kilómetros de donde Gero había enviado la carta. Cuando la carta llegó, la recibió Jorge, quien la guardó por unos meses hasta que se la entregó al pastor que habían puesto por el papá de Melody, para que este se la entregara a su colega cuando lo viera, y lo hizo. Cinco meses después entregó la carta, pero el papá de Melody la puso dentro de un libro.
Ese día cuando llegó a casa, sacó el libro y lo puso en su biblioteca, sin acordarse de lo que traía adentro.
"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."
Romanos 8:28